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La eterna crónica de las masacres en Estados Unidos

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La eterna crónica de las masacres en Estados Unidos

"Un hijo de Dios ha muerto, ¿Cómo podemos no admitir en este país que no podemos aceptar esto? No puedo hacerlo, Wolf. Lo siento, no puedo hacerlo”. El hombre maduro luego rompió en lágrimas. Phil Mudd, ex agente del FBI y analista de terrorismo de la cadena CNN, había intentado hablar en el programa “The Situation Room” junto al presentador Wolf Blitzer.
Luchó contra las lágrimas mientras escuchaba los sombríos detalles de último tiroteo escolar, una masacre en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida, que según las autoridades cobró la vida de más de 17 personas. Cuando llegó su turno de opinar, simplemente se quebró y no pudo hacerlo.
La reacción de Mudd ante millones de televidentes, fue igual, seguramente, a la de millones de norteamericanos, que asistieron una vez más, a ese desatino repetido de disparos, muerte, tragedia; que golpea en la razón y en la emoción de la principal potencia del planeta.
Hace años que el tema de la facilidad con la que cualquier estadounidense, mayor de dieciséis años, puede acceder a un arma, está en la mesa de discusión de los grandes temas nacionales.
Cada vez que ocurre una nueva masacre sale a la luz. Pero la resistencia social y política a modificar la Segunda Enmienda constitucional, hace que el debate no traspase las voces airadas. La enmienda es parte de la llamada Carta de Derechos, aprobada el 15 de diciembre de 1791. El texto dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”.
Entonces quedan dos caminos: por una parte, narrar la eterna crónica de nuevas masacres, y, por otra parte, ser una nación extremadamente eficiente en la prevención de esas masacres.
Cuando la prevención no es suficiente, la tragedia ocurre: meses antes del tiroteo en el instituto de Parkland, el FBI recibió un mensaje alertando de que una persona con el nombre de Nick Cruz -que coincide con la identidad del autor de la matanza, Nikolas Cruz- quería ser un “tirador de la escuela profesional”, según informa el sitio web BuzzFeed.
El youtuber de Mississippi Ben Bennight, conocido en las redes como Ben “The Bondsman” (“El Fiador”), contactó con la agencia de investigación después que en setiembre de 2017 Cruz dejase un mensaje en uno de sus videos en el que afirmaba: “Voy a ser un tirador de escuela profesional”.
Preocupado por el comentario, Bennight alertó a Youtube y al FBI de lo ocurrido. El bloguero de 36 años, que empezó en el negocio de las fianzas a los 17 años, remitió a la agencia de Mississippi un “pantallazo” del mensaje y varios agentes contactaron con él. “Vinieron a mi oficina a la mañana siguiente y me preguntaron si sabía algo de esa persona”, relató.
Sin tener información alguna de la persona que había escrito el mensaje, los agentes hicieron una copia del mensaje y se fueron. Bennight no volvió a saber nada del FBI hasta después de ocurrido el tiroteo.
Los agentes contactaron con él, dos horas después del trágico suceso. Le dejaron un mensaje en el contestador. Según explicó el youtuber, un agente especial de la oficina de Miami se refirió al mensaje que había dejado Cruz en su video y le dijo que sólo quería “hacer seguimiento” de ese tema y “hacerle una pregunta”. Horas más tarde, varios agentes de FBI lo visitaron y volvieron a preguntarle si conocía a Cruz. De nuevo, Bennight respondió que no y los oficiales se marcharon.
La tragedia ya era noticia. Una nueva masacre para narrar por todos los medios, con lágrimas en los ojos o con la voz entrecortada. Pero lamentablemente, repetida.
 

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La eterna crónica de las masacres en Estados Unidos

"Un hijo de Dios ha muerto, ¿Cómo podemos no admitir en este país que no podemos aceptar esto? No puedo hacerlo, Wolf. Lo siento, no puedo hacerlo”. El hombre maduro luego rompió en lágrimas. Phil Mudd, ex agente del FBI y analista de terrorismo de la cadena CNN, había intentado hablar en el programa “The Situation Room” junto al presentador Wolf Blitzer.
Luchó contra las lágrimas mientras escuchaba los sombríos detalles de último tiroteo escolar, una masacre en Marjory Stoneman Douglas High School en Parkland, Florida, que según las autoridades cobró la vida de más de 17 personas. Cuando llegó su turno de opinar, simplemente se quebró y no pudo hacerlo.
La reacción de Mudd ante millones de televidentes, fue igual, seguramente, a la de millones de norteamericanos, que asistieron una vez más, a ese desatino repetido de disparos, muerte, tragedia; que golpea en la razón y en la emoción de la principal potencia del planeta.
Hace años que el tema de la facilidad con la que cualquier estadounidense, mayor de dieciséis años, puede acceder a un arma, está en la mesa de discusión de los grandes temas nacionales.
Cada vez que ocurre una nueva masacre sale a la luz. Pero la resistencia social y política a modificar la Segunda Enmienda constitucional, hace que el debate no traspase las voces airadas. La enmienda es parte de la llamada Carta de Derechos, aprobada el 15 de diciembre de 1791. El texto dice: “Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido”.
Entonces quedan dos caminos: por una parte, narrar la eterna crónica de nuevas masacres, y, por otra parte, ser una nación extremadamente eficiente en la prevención de esas masacres.
Cuando la prevención no es suficiente, la tragedia ocurre: meses antes del tiroteo en el instituto de Parkland, el FBI recibió un mensaje alertando de que una persona con el nombre de Nick Cruz -que coincide con la identidad del autor de la matanza, Nikolas Cruz- quería ser un “tirador de la escuela profesional”, según informa el sitio web BuzzFeed.
El youtuber de Mississippi Ben Bennight, conocido en las redes como Ben “The Bondsman” (“El Fiador”), contactó con la agencia de investigación después que en setiembre de 2017 Cruz dejase un mensaje en uno de sus videos en el que afirmaba: “Voy a ser un tirador de escuela profesional”.
Preocupado por el comentario, Bennight alertó a Youtube y al FBI de lo ocurrido. El bloguero de 36 años, que empezó en el negocio de las fianzas a los 17 años, remitió a la agencia de Mississippi un “pantallazo” del mensaje y varios agentes contactaron con él. “Vinieron a mi oficina a la mañana siguiente y me preguntaron si sabía algo de esa persona”, relató.
Sin tener información alguna de la persona que había escrito el mensaje, los agentes hicieron una copia del mensaje y se fueron. Bennight no volvió a saber nada del FBI hasta después de ocurrido el tiroteo.
Los agentes contactaron con él, dos horas después del trágico suceso. Le dejaron un mensaje en el contestador. Según explicó el youtuber, un agente especial de la oficina de Miami se refirió al mensaje que había dejado Cruz en su video y le dijo que sólo quería “hacer seguimiento” de ese tema y “hacerle una pregunta”. Horas más tarde, varios agentes de FBI lo visitaron y volvieron a preguntarle si conocía a Cruz. De nuevo, Bennight respondió que no y los oficiales se marcharon.
La tragedia ya era noticia. Una nueva masacre para narrar por todos los medios, con lágrimas en los ojos o con la voz entrecortada. Pero lamentablemente, repetida.
 

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