Opinión

La sequía aprieta y condiciona a la ganadería

La falta de lluvias y las altas temperaturas reducen la disponibilidad de pasto, lo que achica los campos. Hay preocupación por el estado de los terneros y también por el impacto que el clima podría tener en la salida de animales livianos, lo que complica al mercado.

Si bien se frenó la retención de hacienda y no se produjo el esperado boom ganadero que algunos anunciaban, la mayoría de los operadores del negocio ganadero son optimistas respecto del futuro de la actividad.

El aumento de las exportaciones, la creciente apertura del mercado chino, la continua atención que el año pasado brindó el presidente Mauricio Macri a la evolución de las negociaciones entre privados y funcionarios tendiente a lograr un mejor funcionamiento de la cadena y especialmente del comercio de carne, y también la libertad comercial con que se cuenta desde el arranque de su gestión vienen generando sensaciones positivas y expectativas favorables en el sector.

Claro que después está el día a día, la coyuntura, que no siempre es sencilla de enfrentar y en la que median diferentes factores. Los costos vienen aumentando: fletes, combustibles, alimento y otros rubros que suben a un ritmo frenético mientras que los precios de la hacienda quedaron rezagados respecto de la inflación.

La exportación crece, pero no paga por los novillos lo suficiente como para incentivar su engorde. Tampoco hay certezas suficientes respecto de la evolución de la economía como para invertir e inmovilizar capital el tiempo que requiere la biología ganadera.

Y por si fuera poco, a todo esto se suma la sequía. Las lluvias este verano fueron muy dispares, hay zonas donde la seca pega fuerte y achica los campos pero la situación no es pareja ni generalizada ya que la ocurrencia de chaparrones aislados favorecieron más a unos que a otros, que son los que siguen mirando al cielo en busca de algo de ayuda.

De todos modos hay una sequía cada vez más preocupante y de acuerdo a los pronósticos climáticos, las precipitaciones recién se reactivarían en abril. Hasta entonces, al menos durante febrero, habrá lluvias escasas.

En enero hubo más oferta de invernada de la esperada por la seca. Y se aguarda que si las precipitaciones de febrero siguen siendo escasas muchos terneros adelanten el destete. El criador en esta situación pierde poder de manejo.

El productor trata de aguantar todo lo que puede, pero hay preocupación por el estado de la hacienda. Hay algunos que ya se ven obligados a vender en forma anticipada terneros y vientres. En líneas generales se tiende a retener los terneros todo los que se puede para no quedar presos de una demanda que buscará el menor precio posible, sobre todo teniendo en cuenta las fuertes pérdidas que tuvieron los feedloteros con el encierre del último ciclo, en el cual pagaron precios bien por encima de los $45 para salir luego con un gordo de $35. Muchos perdieron dinero, cerca de $1.000 por animal según el caso, aunque en algunos establecimientos el quebranto puede ser todavía más importante.

La Cámara de Engordadores dice que esa experiencia no se puede repetir. José Luis Triviño, presidente del organismo que nuclea a los establecimientos de encierre, dijo que los feedloteros deben pagar el ternero de invernada menos de lo que vale el gordo para evitar las pérdidas de la primavera pasada.

Para esta zafra la oferta de terneros se espera similar a la del año pasado, y los valores del gordo comenzaron a repuntar. En ese contexto es probable que las cuentas del primer ciclo de engorde den resultado positivo, así viene sucediendo en los últimos años: uno o dos ciclos con buenos resultados y el último a pérdida por el encarecimiento de la invernada y los bajos precios del gordo en la segunda parte del año.

 Más presión de los sustitutos

Las dos carnes sustitutas de la vacuna ganaron mercado a fuerza de precio y calidad en los últimos años. Y si bien el consumidor tiene las fichas puestas en la carne vacuna, la mayor oferta de pollos y de carne de cerdo ponen límites a las subas. Es algo razonable, en todo el mundo las carnes más consumidas son esas dos y no la de vaca.

La producción de carne porcina viene creciendo a un ritmo de entre 7% y 8% en lo últimos años y todo se vuelca al consumo interno. El año pasado algo se exportó, pero muy poco. Los embarques al extranjero recién arrancan. La carne de cerdo es la más producida a nivel mundial. La oferta total llega a las 100 millones de toneladas, de las cuales más de la mitad se producen y consumen en China, pero nuestro país se quedó siempre fuera de ese negocio porque todas las fichas apuntaron a la producción de carne vacuna. En los últimos años los cambios productivos (agriculturización e intensificación ganadera) llevaron al desarrollo de la generación de carne en corrales y la de cerdo estuvo entre las tres de más crecimiento porcentual.

Según las estimaciones de la Asociación de Productores de Porcinos (AAPP), este año la producción crecerá a un ritmo similar al de los últimos años, aunque los resultados serán más ajustados porque se esperan costos más altos, especialmente de la energía (luz, gas y combustibles).

Uno de los problemas que afecta a la actividad es la evasión impositiva. Los directivos de la AAPP reconocen que el comercio en negro de carne porcina es del 20% (en otras ocasiones dijeron que era más y  que podría llegar al 30%) y eso es lo que busca reducir el gobierno con el combate que encara desde hace un tiempo el ex subsecretario de Control Comercial, ahora devenido en director nacional tras el “achique” de gastos y funciones que hizo el Ministerio de Agroindustria. Esto merecería un párrafo aparte: si hay un sector gubernamental que algo gestionó fue justamente Agroindustria, llama la atención que se le quite poder de fuego. ¿Se querrá avanzar realmente?

Los cálculos de la AAPP dan cuenta de que la faena porcina y la producción de carne de cerdo es mayor a la que indica el Estado. Para el Ministerio que conduce Etchevehere llega a 6,5 millones de animales, mientras que para los privados, cuya estimación toma como referencia la venta de núcleos vitamínicos y minerales y otros insumos del rubro, sería de 7,3 millones de animales, lo que significa una producción de 800 mil toneladas más que las oficiales y un consumo de 17 kilos contra los casi 15 que estiman los técnicos de la cartera agropecuaria. A este ritmo y sumando más de 42/44 kilos (dependiendo del mes) que aporta la carne de pollos, el consumo total de los sustitutos llega a los 60 kilos por habitante y por año.

Más encierres para la cuota 481

La Argentina ganó participación en el negocio de la cuota que la Unión Europea creó para resarcir a los Estados Unidos por un diferendo comercial sobre la carne producida en feedlots.

El año pasado en nuestro país se encerraron 120.000 novillos contra los 63.700 del año anterior. Gran parte de ellos fueron llevados por los mismos frigoríficos, otro tanto por los engordadores. El incremento en los encierres respecto del año anterior fue del 87%. El encierre crece porque es negocio, al menos para algunos que asumen el riesgo de producir hacienda pesada. El acceso a ese negocio significa una mejora en el precio para el que toma el riesgo de producir. Según los feedloteros, hay un diferencial del 10% en el precio por kilo vivo.

Pero el volumen podría ser mayor dicen los engordadores, que esperan lograr una participación similar a la que tienen países como Uruguay, con larga trayectoria en este negocio, o al menos esperan acercarse a esos registros.

Para que eso sea posible vienen reclamando a la industria que se disponga la creación de algún tipo de herramienta comercial y contractual que les dé cierta garantía respecto del precio a cobrar. Dicen que se podría definir una banda de precios con castigos y beneficios según el resultado de la faena, pero se encuentran, cuentan ellos, con la negativa constante de los industriales.

Con respecto a la participación del negocio y de acuerdo a un informe oficial, en el primer semestre del ciclo que va de julio de 2017 a junio de 2018 se enviaron a la Unión Europea 3.800 toneladas por casi U$S36 millones. El valor promedio por tonelada fue de U$S9.500. El volumen exportado representó el 85 del tonelaje autorizado por la UE en los primeros seis meses del ciclo 2017/18, contra el 4,6% alcanzado en el mismo período del ciclo anterior.

Pese al incremento en los embarques y también en la participación en el negocio, los productores y exportadores argentinos están lejos de lograr los registros de nuestros vecinos uruguayos, que el año pasado enviaron 8 mil toneladas de carne para la Cuota 481, el doble que la Argentina; mientras que Australia exportó 11.400 toneladas.

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