Editorial

Un nuevo enfoque

“Me Too” (Yo también) es el nombre que se le dio a un movimiento iniciado de forma viral en las redes sociales en octubre de 2017 para denunciar la agresión y el acoso sexual, a raíz de las acusaciones de abuso contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein. A partir de allí, millones de mujeres en todo el mundo, comenzaron a reconocer los abusos sufridos en algún momento de sus vidas.

La iniciativa tuvo implicancia en la sociedad, la legislación y la vida tal y como era conocida antes que este movimiento apareciese. Algunos de los principales cambios fueron la mayor defensa de la igualdad en el arte escénico, la prescindencia de promotoras en el automovilismo, y legislaciones para no subvencionar medios de comunicación que incluyan publicidad con contenidos para adultos.

Todo esto contribuye a crear un nuevo enfoque en un tema que tradicionalmente fue abordado con más secretismo que honestidad. En ese sentido, dos noticias simultáneas, sacudieron el mundo de la política y las instituciones: el número dos de Unicef, Justin Forsyth, renunció a su cargo tras ser acusado de tener conductas inapropiadas hacia mujeres cuando trabajaba en la organización británica “Save The Children”, informó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

La directora ejecutiva Henrietta Fore aceptó la renuncia de Forsyth, dijo el organismo en un comunicado. “Estamos agradecidos con Forsyth por su trabajo en los últimos dos años para abogar por los niños más vulnerables y ayudar a progresar la misión de Unicef de salvar la vida de niños. Esta misión es ahora más importante que nunca”, añadió.

Forsyth se disculpó otra vez por sus pasados "errores", pero dijo que su decisión de renunciar fue motivada por su preocupación de que el escándalo pueda afectar a ambas organizaciones.

“Quiero dejar claro que no renuncio a Unicef a causa de los errores que cometí en Save the Children. Ya fueron tratados en un proceso apropiado hace muchos años”, expresó. “Renuncio por el riesgo de dañar tanto a Unicef como a Save the Children y nuestra más amplia causa. Dos organizaciones que realmente quiero y respeto. No puedo dejar que eso suceda”.

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, anunció este mes una política de tolerancia cero sobre acoso sexual en la organización mundial.

Casi al mismo tiempo, el adjunto del primer ministro australiano anunció que renunciará a su cargo tras el escándalo por el romance extramatrimonial que tuvo con una colaboradora a la que dejó embarazada. “Voy a renunciar en la reunión del partido. Voy a renunciar al cargo de líder del Partido Nacional y de adjunto del primer ministro de Australia”, dijo en una conferencia de prensa Barnaby Joyce.

Joyce, de 50 años, está en el centro de una tormenta mediática, desde la revelación a principios de febrero, de que dejó a su mujer por una antigua colaboradora, casi 20 años menor que él, que está embarazada del político.

Desde entonces se multiplicaban las voces que pedían una dimisión, entre medio de acusaciones de acoso sexual, que Joyce ha desmentido. “Es muy importante que aquí haya un cortocircuito, no sólo en el Parlamento, pero lo que es más importante, un cortocircuito para Vikki (su amante), para mi hijo no nacido, mis hijas y para Nat (su mujer)”, dijo el político.

“Esto tiene que parar. No es justo para ellas. Es completamente injustificado”, sentenció Joyce, que es líder del Partido Nacional, uno de los pilares de la coalición conservadora formada con el Partido Liberal del primer ministro Malcolm Turnbull.

El escándalo llevó al primer ministro australiano, que depende del partido de Joyce, a modificar el código de buena conducta ministerial, para prohibir las relaciones sexuales entre los ministros y sus colaboradores.

De un lado u otro, con medidas más o menos profundas, el cambio de enfoque ya es evidente. Algo ha cambiado y no volverá atrás.

 

 

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