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La importancia de las expresiones populares

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La importancia de las expresiones populares

El mundo asiste en la actualidad a muchas manifestaciones populares. Expresiones de distintos sectores y por muy distintas causas. La Argentina asiste a importantes manifestaciones populares. Multitudinarias. Variadas. Con públicos diversos. A alguna mediocridad mediática le gusta rescatar el carácter de espontáneas de algunas de ella. Es interesante analizar la valía de esa espontaneidad, contra cierta “presión” para sumar concurrencia. Esa “presión” no alcanza a desmerecer la esencia de un masivo encuentro popular. Y mucho menos desmerece a sus protagonistas. Asombró la del último jueves por reunir hombres y mujeres, mayoritariamente mujeres, que no salen habitualmente a las calles a hacerse oír. En buena hora que esto suceda. Habla de un pueblo vivo, atento, con ganas de participar, de hacer saber sus pensamientos y sus sentimientos. Algunos homogéneos en la convocatoria, y otros sectoriales o personales. Tampoco cabe pedir tanta coherencia y hegemonía de criterios. Por otro lado nadie puede afirmar hasta dónde puede llegar la incidencia de estas acciones.

Sin comparaciones y sin pretensiones ampulosas, el mundo tiene una historia valiosa en este sentido. De las más violentas a las más pacifistas, las manifestaciones pueden tener distintas formas. La reacción del poder frente a una manifestación dice mucho del régimen político y social de dicho país. Con otra dimensión, pero valen algunas citas.

Como no recordar en diciembre de 1973, el Motín del Té fue un éxito y fue una de las causas que llevaron indirectamente a la independencia de Estados Unidos. En el puerto de Boston, 60 colonos tiraron por la borda 342 cajas de té almacenadas en barcos procedentes de Inglaterra. Este gesto simbólico tradujo el descontento con el parlamento británico de las colonias. Tras esta rebelión, las autoridades británicas instauraron posteriormente leyes un conjunto de medidas autoritarias en contra de las colonias. Se puede considerar sin exagerar que el Boston Tea Party fue un acontecimiento precursor para la independencia de los Estados Unidos de América.

En 1930, la Marcha de la Sal, el 12 de marzo  Mahatma Gandhi aplica de manera concreta y por la primera vez su doctrina de la no violencia. Este día, Gandhi sale de monasterio para caminar hasta el Océano Índico, situado a unos 350 kilómetros de distancia. Tras semanas recorriendo la ruta a pie, recoge un poco de sal en sus manos. Este gesto, es altamente simbólico, constituyendo una violación del monopolio estatal de Gran Bretaña sobre la distribución de la sal india. Los indios van imitando al Mahatma, de manera que rápidamente son 60.000 ladrones encarcelados, incluyendo al mismo Ghandi. En respeto a las recomendaciones del Mahatma, nadie se resiste a los arrestos. El gobierno toma rápidamente conciencia de su incapacidad a enfrentarse a tal manifestación y el virrey decide liberar a todos los prisioneros después de nueve meses. Este acto de resistencia no violenta llevó a la abolición del monopolio estatal sobre la sal y fragilizó a la autoridad que tenía el gobierno británico sobre el pueblo indio.

Y  la marcha sobre Washington, por los derechos civiles en 1963, el Mayo Francés de 1968, las distintas revoluciones de colores o de las flores entre  noviembre 2003 y marzo 2005. Y tantos otros hitos de la participación popular. Con diferencias, con matices. 
Vale en Argentina este esbozo de expresión popular que está ganando espacio. Por diferentes motivos. Ojalá siempre en paz. 

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La importancia de las expresiones populares

El mundo asiste en la actualidad a muchas manifestaciones populares. Expresiones de distintos sectores y por muy distintas causas. La Argentina asiste a importantes manifestaciones populares. Multitudinarias. Variadas. Con públicos diversos. A alguna mediocridad mediática le gusta rescatar el carácter de espontáneas de algunas de ella. Es interesante analizar la valía de esa espontaneidad, contra cierta “presión” para sumar concurrencia. Esa “presión” no alcanza a desmerecer la esencia de un masivo encuentro popular. Y mucho menos desmerece a sus protagonistas. Asombró la del último jueves por reunir hombres y mujeres, mayoritariamente mujeres, que no salen habitualmente a las calles a hacerse oír. En buena hora que esto suceda. Habla de un pueblo vivo, atento, con ganas de participar, de hacer saber sus pensamientos y sus sentimientos. Algunos homogéneos en la convocatoria, y otros sectoriales o personales. Tampoco cabe pedir tanta coherencia y hegemonía de criterios. Por otro lado nadie puede afirmar hasta dónde puede llegar la incidencia de estas acciones.

Sin comparaciones y sin pretensiones ampulosas, el mundo tiene una historia valiosa en este sentido. De las más violentas a las más pacifistas, las manifestaciones pueden tener distintas formas. La reacción del poder frente a una manifestación dice mucho del régimen político y social de dicho país. Con otra dimensión, pero valen algunas citas.

Como no recordar en diciembre de 1973, el Motín del Té fue un éxito y fue una de las causas que llevaron indirectamente a la independencia de Estados Unidos. En el puerto de Boston, 60 colonos tiraron por la borda 342 cajas de té almacenadas en barcos procedentes de Inglaterra. Este gesto simbólico tradujo el descontento con el parlamento británico de las colonias. Tras esta rebelión, las autoridades británicas instauraron posteriormente leyes un conjunto de medidas autoritarias en contra de las colonias. Se puede considerar sin exagerar que el Boston Tea Party fue un acontecimiento precursor para la independencia de los Estados Unidos de América.

En 1930, la Marcha de la Sal, el 12 de marzo  Mahatma Gandhi aplica de manera concreta y por la primera vez su doctrina de la no violencia. Este día, Gandhi sale de monasterio para caminar hasta el Océano Índico, situado a unos 350 kilómetros de distancia. Tras semanas recorriendo la ruta a pie, recoge un poco de sal en sus manos. Este gesto, es altamente simbólico, constituyendo una violación del monopolio estatal de Gran Bretaña sobre la distribución de la sal india. Los indios van imitando al Mahatma, de manera que rápidamente son 60.000 ladrones encarcelados, incluyendo al mismo Ghandi. En respeto a las recomendaciones del Mahatma, nadie se resiste a los arrestos. El gobierno toma rápidamente conciencia de su incapacidad a enfrentarse a tal manifestación y el virrey decide liberar a todos los prisioneros después de nueve meses. Este acto de resistencia no violenta llevó a la abolición del monopolio estatal sobre la sal y fragilizó a la autoridad que tenía el gobierno británico sobre el pueblo indio.

Y  la marcha sobre Washington, por los derechos civiles en 1963, el Mayo Francés de 1968, las distintas revoluciones de colores o de las flores entre  noviembre 2003 y marzo 2005. Y tantos otros hitos de la participación popular. Con diferencias, con matices. 
Vale en Argentina este esbozo de expresión popular que está ganando espacio. Por diferentes motivos. Ojalá siempre en paz. 

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