Editorial

Gestos de una nación conmovida

Para algunos es un “cambio de época”, para otros es un primer paso valioso, y para otros, simplemente es marketing. Lo concreto es que dos de las mayores cadenas de Estados Unidos, Dicks Sporting Goods y Walmart, anunciaron restricciones a la venta de armas, tras la masacre de Florida que dejó 17 muertos.

Tras el tiroteo más mortífero en una escuela del país en los últimos cinco años, Dicks Sporting Goods, compañía fundada hace 70 años en Nueva York, anunció que no venderá más rifles de asalto, que a partir de ahora sólo venderá armas a mayores de 21 años, y que ya no venderá cargadores de alta capacidad.

Por su parte, Walmart, también elevó a 21 años la edad para la venta de armas en sus tiendas. Ya desde 2015, Walmart -fundada en 1962 en Rogers, Arkansas- no vende fusiles de asalto semiautomáticos ni armas cortas -salvo en Alaska- y sólo comercia armas deportivas y de caza.

Estas decisiones marcan un fuerte posicionamiento en el sector privado tras la inédita movilización de jóvenes estudiantes que sobrevivieron a la tragedia en la escuela secundaria de Parkland, que se han convertido en el rostro de la batalla por el control de armas en Estados Unidos.

Tras duras críticas, hace unos días, varias empresas como Hertz, las aerolíneas Delta o United Airlines o la compañía de seguros Metlife anunciaron que cortaban asociaciones con la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA).

La NRA, poderoso lobby que ha financiado a muchos congresistas federales y de los estados, insiste en que la Constitución otorga a los ciudadanos estadounidenses el derecho a portar armas, y que el Congreso no debe legislar sobre el tema. Incluso fue más allá y calificó de “cobardía política y cívica” los anuncios de las empresas.

Fue con un fusil de asalto AR-15 que Nikolas Cruz, un ex estudiante de Parkland de Florida, mató el 14 de febrero a 14 alumnos y tres profesores de su antigua escuela situada en esta pequeña ciudad al norte de Miami.

“La violencia por armas de fuego es una epidemia que ha cobrado la vida de demasiadas personas, incluida la esperanza más brillante para el futuro de Estados Unidos: nuestros niños”, dijo el presidente de Dicks Sporting Goods, Edward Stack.

“Debemos ayudar a resolver el problema que tenemos por delante”, añadió. “Tenemos un respeto y una admiración tremendos por los estudiantes que están organizándose y haciendo escuchar sus voces sobre la violencia causada por las armas en escuelas y otros lugares del país. Los escuchamos. El país los ha escuchado”.

La empresa urgió además al Congreso a reformar las leyes de control de armas con la prohibición de venta de fusiles de asalto, subiendo la edad mínima de los compradores a 21 años y chequeando que estos no tengan enfermedades mentales ni hayan tenido problemas con la ley.

También llamó a prohibir los cargadores de alta capacidad, a crear una base de datos exhaustiva y universal con los nombres de las personas a las cuales no pueden venderse armas.

“¿Estamos frente a un punto de inflexión sobre las armas?”, preguntó Matthew Dallek, profesor de administración política en la universidad George Washington. Trazó paralelos entre la movilización estudiantil y otras luchas que en el pasado “transformaron las políticas de asuntos grabados a fuego, desde la esclavitud a la aceptación casual del acoso sexual”. Sin embargo, predijo que el Congreso posiblemente haga “poco o nada” sobre el tema a corto plazo.

La masacre de Parkland fue el decimoctavo tiroteo en una escuela de Estados Unidos desde que comenzó el año. Y desde inicios de 2013, el número 291, según la organización Moms Demand Action, de madres que luchan contra la proliferación de armas de fuego.

Son gestos de una nación conmovida. Quizás logren con el tiempo, llegar al fondo del tema.

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