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Tres cosas para hacer

Bernardo Stamateas

La vida es un constante “hola” y “chau”. Todo el tiempo se cierra algo viejo para que venga algo nuevo. El cierre de un ciclo indica el inicio de uno nuevo. El último gran cierre del ciclo de la vida es la muerte, que es en realidad la muerte del cuerpo, no del yo o del espíritu.

Elizabeth Kubler-Ross, una tanatóloga investigadora de los enfermos terminales, les preguntó a un grupo de personas moribundas: “Si Dios o la ciencia te llegase a curar, ¿qué harías? ¿De qué te arrepentís y qué cambiarías en tu vida?”. Y miles de pacientes a punto de morir dijeron muchas cosas, pero se compilaron cinco de ellas. Aquí quiero compartir sólo tres que todos nosotros deberíamos poner en práctica, sin esperar hasta el final:

1- La gente se arrepentía de no haber expresado más sus sentimientos amorosos.  Básicamente de no haber amado más, de no haber desarrollado un corazón amoroso. Un autor que es médico propone el ejercicio de pensar: “Si supiese que me voy a morir en unas horas, ¿a quién llamaría?”. Estos son algunos comentarios de la gente: “Llamaría a mi hijo, a mi hermana, a mi papá, a mi mamá, a mi sobrina, etc.”. Y a continuación pregunta: “¡¿Y qué estás esperando para llamarlo/a?!”. Si este fuese tu último día, ¿qué harías? Seguramente te animarías a todo y le expresarías tu amor a tus seres queridos, no reprimirías ningún sentimiento amoroso. Pues, ¡animate a hacerlo cada día!

El amor es el puente que trae todo lo bueno que la vida tiene para darnos. ¿Cómo expresamos el amor? De muchas maneras. La ternura es una expresión del amor. Escuchar al otro es una expresión del amor. Ayudar a alguien es una expresión del amor. Una caricia es una expresión del amor. Es decir, que el amor tiene muchos colores. Muchos dicen: “Yo no siento amor”, pero esta es una mentira que inventó la cultura porque el amor no es un sentimiento, sino una actitud que yo expreso de diversas formas. El amor tiene el poder de transformarlo todo.

2. La gente se arrepentía de no haber tenido valor para arriesgarse a perseguir sus sueños. La gente que se estaba muriendo se arrepintió de no haber tenido más valor. No tenemos que esperar nada para adelante, ya hoy tenemos que levantarnos y darle batalla a nuestros sueños. Los sueños sólo se ganan batallando, no hay otra manera. Eso quiere decir que nos movemos y hacemos todo lo necesario para alcanzar nuestro propósito.

 3. La gente se arrepentía de haber trabajado tanto.

 ¿El trabajo enferma? No, trabajar mal enferma. Trabajar nos dignifica, nos hace bien. Hay gente que tiene depresión por no accionar y expresa: “Yo no hago nada porque tengo depresión”. En realidad, se tiene depresión por no hacer nada. Entonces, ¿de qué se arrepentía la gente? De haber trabajado mucho y no haber cultivado su mundo interior.

Nadie tiene la vida comprada. En este nuevo año que está comenzando tomemos la decisión de vivir cada día como si fuera el último y disfrutar cada segundo al máximo.

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Tres cosas para hacer

La vida es un constante “hola” y “chau”. Todo el tiempo se cierra algo viejo para que venga algo nuevo. El cierre de un ciclo indica el inicio de uno nuevo. El último gran cierre del ciclo de la vida es la muerte, que es en realidad la muerte del cuerpo, no del yo o del espíritu.

Elizabeth Kubler-Ross, una tanatóloga investigadora de los enfermos terminales, les preguntó a un grupo de personas moribundas: “Si Dios o la ciencia te llegase a curar, ¿qué harías? ¿De qué te arrepentís y qué cambiarías en tu vida?”. Y miles de pacientes a punto de morir dijeron muchas cosas, pero se compilaron cinco de ellas. Aquí quiero compartir sólo tres que todos nosotros deberíamos poner en práctica, sin esperar hasta el final:

1- La gente se arrepentía de no haber expresado más sus sentimientos amorosos.  Básicamente de no haber amado más, de no haber desarrollado un corazón amoroso. Un autor que es médico propone el ejercicio de pensar: “Si supiese que me voy a morir en unas horas, ¿a quién llamaría?”. Estos son algunos comentarios de la gente: “Llamaría a mi hijo, a mi hermana, a mi papá, a mi mamá, a mi sobrina, etc.”. Y a continuación pregunta: “¡¿Y qué estás esperando para llamarlo/a?!”. Si este fuese tu último día, ¿qué harías? Seguramente te animarías a todo y le expresarías tu amor a tus seres queridos, no reprimirías ningún sentimiento amoroso. Pues, ¡animate a hacerlo cada día!

El amor es el puente que trae todo lo bueno que la vida tiene para darnos. ¿Cómo expresamos el amor? De muchas maneras. La ternura es una expresión del amor. Escuchar al otro es una expresión del amor. Ayudar a alguien es una expresión del amor. Una caricia es una expresión del amor. Es decir, que el amor tiene muchos colores. Muchos dicen: “Yo no siento amor”, pero esta es una mentira que inventó la cultura porque el amor no es un sentimiento, sino una actitud que yo expreso de diversas formas. El amor tiene el poder de transformarlo todo.

2. La gente se arrepentía de no haber tenido valor para arriesgarse a perseguir sus sueños. La gente que se estaba muriendo se arrepintió de no haber tenido más valor. No tenemos que esperar nada para adelante, ya hoy tenemos que levantarnos y darle batalla a nuestros sueños. Los sueños sólo se ganan batallando, no hay otra manera. Eso quiere decir que nos movemos y hacemos todo lo necesario para alcanzar nuestro propósito.

 3. La gente se arrepentía de haber trabajado tanto.

 ¿El trabajo enferma? No, trabajar mal enferma. Trabajar nos dignifica, nos hace bien. Hay gente que tiene depresión por no accionar y expresa: “Yo no hago nada porque tengo depresión”. En realidad, se tiene depresión por no hacer nada. Entonces, ¿de qué se arrepentía la gente? De haber trabajado mucho y no haber cultivado su mundo interior.

Nadie tiene la vida comprada. En este nuevo año que está comenzando tomemos la decisión de vivir cada día como si fuera el último y disfrutar cada segundo al máximo.

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