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El lugar que ocupa la agenda

Las agendas suelen establecer la relación entre el calendario y las actividades a las que piensa dedicarse una persona. Las más o menos organizadas. Lo interesante pasa por su forma y su contenido, pero mucho más por la verificación de su cumplimiento. Esto en el ámbito privado.

La Argentina actual aparece conmovida por un cambio de agenda. La noticia saliente es que el presidente de todos los argentinos logró cambiar la agenda. Puso temas que nadie esperaba. Dio un golpe de timón y la oposición política está desconcertada. ¿Cuál de los serios problemas que atraviesan los argentinos cambia con esta cuestión? ¿Pobreza, inflación, endeudamiento? ¿O implica soluciones de temas estratégicos? ¿Energías renovables, educación, tecnología, infraestructura para crecer?

Lo concreto es que titulan los diarios más oficialistas: “Las expectativas económicas caen: esperan más inflación y menos crecimiento en 2018”. Se calcula 19,9% y 2,7% respectivamente. En enero era 19,4% y 3%. Por las dudas, cabe aclarar que se trata del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central de la República Argentina. Un sondeo que este organismo financiero oficial lleva a cabo entre bancos, consultoras y universidades. Por décima vez consecutiva las expectativas de inflación para 2018 se han deteriorado. ¿En qué parte de la renovada agenda figuran estas cuestiones?

Es llamativo incluso que se pretenda valorar los cambios de agenda como tan trascendentes. Y se cita a Alfonsín con el conflicto con Chile por las islas Picton, Lenox y Nueva, en la zona del Canal de Beagle. Y un año después con la ley de divorcio. Y Carlos Saúl Menem y su juego con el liberalismo. Incluso se ponderan resultados electorales a partir de estos “juegos de agenda”. Y Kirchner con otros temas. No parecen que estos procedimientos hayan arrojado resultados muy brillantes a la hora de resolver los verdaderos problemas. Lo ponderable sería hacer lo que hay que hacer. Ocuparse de lo que hay que ocuparse.

Y no se trata de desmerecer los temas propuestos. Se trata de que se dedica demasiado tiempo a rencillas menores, a preponderancias fatuas y muy poco conducentes. Para empeorar la cuestión se realizan algunas aclaraciones tan vulgares como innecesarias. Tan redundantes como peligrosas. El tema es el aborto. Y se enuncia una posición, y se aclara: “Pero respeto todas las opiniones”. ¿Qué otra posibilidad cabe? O en plena democracia puede suceder otra cosa. Y no es sólo el Presidente, legisladores, funcionarios, dirigentes. En democracia respetar la diversidad de posturas y de miradas, no es ni cortesía ni gentileza. Es sencillamente, respetar lo que marcan la Constitución y las leyes. No debe suceder de otro modo. Dan lugar a pensar que alguna vez no lo han hecho. Dejan algún margen para sospechar cierto nivel de imposición de determinados criterios. Sería deseable mucha gimnasia en esa práctica, y cierto acostumbramiento que evite puntualizar con tanta precisión que será respetuoso. Por las dudas, otra vez, no cabe otra cosa.

En verdad, entre los cambios de agenda, las aclaraciones que oscurecen y ciertos discursos el panorama es bien preocupante. Incluso, lo del Presidente en la Apertura de Sesiones Ordinarias en el Congreso de la Nación, fue bien calificado como “un discurso de autoayuda”. Entre el “crecimiento invisible” y otras pretensiones, el camino hacia la verdadera salida aparece difuso.

Habrá, entonces, que decir lo que corresponde. Hacer lo que se dice. Cumplir lo que se promete, y actuar con mucho más sentido común. Habrá que dejar de lado la demagogia, el rédito electoral, los intereses sectoriales y personales, y salir a trabajar las grandes cuestiones que la sociedad necesita. Priorizar es un acto muy interesante de la inteligencia y de la creatividad. Hacerlo, contemplando el bien común, es una obligación.

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El lugar que ocupa la agenda

Ilustración: Pablo Blasberg. 

Las agendas suelen establecer la relación entre el calendario y las actividades a las que piensa dedicarse una persona. Las más o menos organizadas. Lo interesante pasa por su forma y su contenido, pero mucho más por la verificación de su cumplimiento. Esto en el ámbito privado.

La Argentina actual aparece conmovida por un cambio de agenda. La noticia saliente es que el presidente de todos los argentinos logró cambiar la agenda. Puso temas que nadie esperaba. Dio un golpe de timón y la oposición política está desconcertada. ¿Cuál de los serios problemas que atraviesan los argentinos cambia con esta cuestión? ¿Pobreza, inflación, endeudamiento? ¿O implica soluciones de temas estratégicos? ¿Energías renovables, educación, tecnología, infraestructura para crecer?

Lo concreto es que titulan los diarios más oficialistas: “Las expectativas económicas caen: esperan más inflación y menos crecimiento en 2018”. Se calcula 19,9% y 2,7% respectivamente. En enero era 19,4% y 3%. Por las dudas, cabe aclarar que se trata del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central de la República Argentina. Un sondeo que este organismo financiero oficial lleva a cabo entre bancos, consultoras y universidades. Por décima vez consecutiva las expectativas de inflación para 2018 se han deteriorado. ¿En qué parte de la renovada agenda figuran estas cuestiones?

Es llamativo incluso que se pretenda valorar los cambios de agenda como tan trascendentes. Y se cita a Alfonsín con el conflicto con Chile por las islas Picton, Lenox y Nueva, en la zona del Canal de Beagle. Y un año después con la ley de divorcio. Y Carlos Saúl Menem y su juego con el liberalismo. Incluso se ponderan resultados electorales a partir de estos “juegos de agenda”. Y Kirchner con otros temas. No parecen que estos procedimientos hayan arrojado resultados muy brillantes a la hora de resolver los verdaderos problemas. Lo ponderable sería hacer lo que hay que hacer. Ocuparse de lo que hay que ocuparse.

Y no se trata de desmerecer los temas propuestos. Se trata de que se dedica demasiado tiempo a rencillas menores, a preponderancias fatuas y muy poco conducentes. Para empeorar la cuestión se realizan algunas aclaraciones tan vulgares como innecesarias. Tan redundantes como peligrosas. El tema es el aborto. Y se enuncia una posición, y se aclara: “Pero respeto todas las opiniones”. ¿Qué otra posibilidad cabe? O en plena democracia puede suceder otra cosa. Y no es sólo el Presidente, legisladores, funcionarios, dirigentes. En democracia respetar la diversidad de posturas y de miradas, no es ni cortesía ni gentileza. Es sencillamente, respetar lo que marcan la Constitución y las leyes. No debe suceder de otro modo. Dan lugar a pensar que alguna vez no lo han hecho. Dejan algún margen para sospechar cierto nivel de imposición de determinados criterios. Sería deseable mucha gimnasia en esa práctica, y cierto acostumbramiento que evite puntualizar con tanta precisión que será respetuoso. Por las dudas, otra vez, no cabe otra cosa.

En verdad, entre los cambios de agenda, las aclaraciones que oscurecen y ciertos discursos el panorama es bien preocupante. Incluso, lo del Presidente en la Apertura de Sesiones Ordinarias en el Congreso de la Nación, fue bien calificado como “un discurso de autoayuda”. Entre el “crecimiento invisible” y otras pretensiones, el camino hacia la verdadera salida aparece difuso.

Habrá, entonces, que decir lo que corresponde. Hacer lo que se dice. Cumplir lo que se promete, y actuar con mucho más sentido común. Habrá que dejar de lado la demagogia, el rédito electoral, los intereses sectoriales y personales, y salir a trabajar las grandes cuestiones que la sociedad necesita. Priorizar es un acto muy interesante de la inteligencia y de la creatividad. Hacerlo, contemplando el bien común, es una obligación.

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