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Los sueños, las vidas

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Los sueños, las vidas

Para entender rápidamente quiénes son los “Dreamers” (Soñadores), y qué papel juegan en la discusión cotidiana de Estados Unidos, una definición prosaica podría calificarlos como: “Indocumentados hereditarios”. Jóvenes, hijos de padres ilegales, que llegaron a USA desde muy pequeños, sin “voluntad propia”, trasladados por sus familiares, y a los que las reglas migratorias, condenan igual que a sus progenitores.

Por estos días, los jóvenes inmigrantes indocumentados constituyen el grupo más fuerte que lidera la lucha por una reforma migratoria integral llamando la atención de políticos y activistas. Desde hace mucho, constituyen el grupo más vulnerable de inmigrantes indocumentados que viven y sueñan con salir de las sombras dentro de la principal potencia del globo.

Son niños y jóvenes que ingresaron a Estados Unidos de manera irregular acompañando a sus padres, en la mayoría de los casos, y que sin saber su condición migratoria han crecido y vivido en este país al que consideran su hogar. El nombre “Dreamer” surge paralelamente al proyecto de ley bipartidista conocido como el “Dream Act”, el cual se presentó por primera vez en 2001, pero hasta el momento no se ha logrado su aprobación a nivel federal.

De aprobarse el “Dream Act”, los jóvenes soñadores, que se estima son 2,1 millones serían protegidos de la deportación y después de cumplir una serie de requisitos tendrían un camino a convertirse en ciudadanos. El "soñador" asiste o ha concluido la escuela en Estados Unidos, habla perfecto inglés, se ha asimilado a las costumbres de este país, muchos tienen hermanos ciudadanos estadounidenses, pero al terminar la escuela preparatoria (secundaria) se encuentra con una gran barrera que le impide continuar con sus metas.

De aprobarse el “Dream Act”, los jóvenes que calificarían deben haber ingresado al país antes de cumplir los 16 años, haberse graduado de una escuela secundaria u obtener una validación escolar o GED, demostrar buen carácter moral y pasar por una revisión de antecedentes criminales.

“¡Dejen de jugar con nuestras vidas!”, “¡Queremos una solución permanente!”, pidieron los jóvenes en varias protestas al Congreso, al llegar el lunes 5, la fecha elegida por el gobierno de Donald Trump para el fin del programa que les protege de la deportación.

Pero el fin definitivo del DACA, fijado para el 5 de marzo, está en suspenso. Dos fallos de jueces de California y Nueva York suspendieron temporalmente la decisión de Trump de acabar con este programa aprobado por su predecesor Barack Obama en 2012, que protege de la deportación a casi 700.000.

El Gobierno Federal apeló ambos fallos ante tribunales de segunda instancia, luego que la Corte Suprema rechazara su pedido de pronunciarse sobre el asunto directamente.

“Es 5 de marzo y los demócratas no han hecho nada sobre el DACA. Les dimos seis meses, sencillamente no les importa. ¿Dónde están? ¡Estamos listos para hacer un acuerdo!”, tuiteó Trump.

Pero los demócratas culpan a su vez a los republicanos de la falta de acuerdo sobre el "Dream Act", la legislación que les permitiría quedarse en Estados Unidos de manera permanente. El plan de Trump contempla la legalización de los casi 700.000 “dreamers” y de otros 1,1 millones de jóvenes inmigrantes en su misma situación, pero a cambio exige fondos adicionales para construir un muro en la frontera con México, contratar más policías de migración y endurecer la política de inmigración a Estados Unidos, lo cual es rechazado por los demócratas y por los inmigrantes.

“El Congreso no se decide, no sabe qué quiere hacer con nosotros. Dicen una cosa y salen con otra. Yo les pido que no jueguen con nuestras vidas”, dijo Lizbeth Huitzil, una mexicana de 19 años que estudia biología. “Hagan su trabajo. ¡Aprueben un Dream Act limpio!”, sin condiciones a cambio, añadió.

Los soñadores y sus sueños, los sueños y la vida. La historia pasa mientras tanto. Los plazos vencen. Hora de actuar.

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Los sueños, las vidas

Para entender rápidamente quiénes son los “Dreamers” (Soñadores), y qué papel juegan en la discusión cotidiana de Estados Unidos, una definición prosaica podría calificarlos como: “Indocumentados hereditarios”. Jóvenes, hijos de padres ilegales, que llegaron a USA desde muy pequeños, sin “voluntad propia”, trasladados por sus familiares, y a los que las reglas migratorias, condenan igual que a sus progenitores.

Por estos días, los jóvenes inmigrantes indocumentados constituyen el grupo más fuerte que lidera la lucha por una reforma migratoria integral llamando la atención de políticos y activistas. Desde hace mucho, constituyen el grupo más vulnerable de inmigrantes indocumentados que viven y sueñan con salir de las sombras dentro de la principal potencia del globo.

Son niños y jóvenes que ingresaron a Estados Unidos de manera irregular acompañando a sus padres, en la mayoría de los casos, y que sin saber su condición migratoria han crecido y vivido en este país al que consideran su hogar. El nombre “Dreamer” surge paralelamente al proyecto de ley bipartidista conocido como el “Dream Act”, el cual se presentó por primera vez en 2001, pero hasta el momento no se ha logrado su aprobación a nivel federal.

De aprobarse el “Dream Act”, los jóvenes soñadores, que se estima son 2,1 millones serían protegidos de la deportación y después de cumplir una serie de requisitos tendrían un camino a convertirse en ciudadanos. El "soñador" asiste o ha concluido la escuela en Estados Unidos, habla perfecto inglés, se ha asimilado a las costumbres de este país, muchos tienen hermanos ciudadanos estadounidenses, pero al terminar la escuela preparatoria (secundaria) se encuentra con una gran barrera que le impide continuar con sus metas.

De aprobarse el “Dream Act”, los jóvenes que calificarían deben haber ingresado al país antes de cumplir los 16 años, haberse graduado de una escuela secundaria u obtener una validación escolar o GED, demostrar buen carácter moral y pasar por una revisión de antecedentes criminales.

“¡Dejen de jugar con nuestras vidas!”, “¡Queremos una solución permanente!”, pidieron los jóvenes en varias protestas al Congreso, al llegar el lunes 5, la fecha elegida por el gobierno de Donald Trump para el fin del programa que les protege de la deportación.

Pero el fin definitivo del DACA, fijado para el 5 de marzo, está en suspenso. Dos fallos de jueces de California y Nueva York suspendieron temporalmente la decisión de Trump de acabar con este programa aprobado por su predecesor Barack Obama en 2012, que protege de la deportación a casi 700.000.

El Gobierno Federal apeló ambos fallos ante tribunales de segunda instancia, luego que la Corte Suprema rechazara su pedido de pronunciarse sobre el asunto directamente.

“Es 5 de marzo y los demócratas no han hecho nada sobre el DACA. Les dimos seis meses, sencillamente no les importa. ¿Dónde están? ¡Estamos listos para hacer un acuerdo!”, tuiteó Trump.

Pero los demócratas culpan a su vez a los republicanos de la falta de acuerdo sobre el "Dream Act", la legislación que les permitiría quedarse en Estados Unidos de manera permanente. El plan de Trump contempla la legalización de los casi 700.000 “dreamers” y de otros 1,1 millones de jóvenes inmigrantes en su misma situación, pero a cambio exige fondos adicionales para construir un muro en la frontera con México, contratar más policías de migración y endurecer la política de inmigración a Estados Unidos, lo cual es rechazado por los demócratas y por los inmigrantes.

“El Congreso no se decide, no sabe qué quiere hacer con nosotros. Dicen una cosa y salen con otra. Yo les pido que no jueguen con nuestras vidas”, dijo Lizbeth Huitzil, una mexicana de 19 años que estudia biología. “Hagan su trabajo. ¡Aprueben un Dream Act limpio!”, sin condiciones a cambio, añadió.

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