eldiariodelarepublica.com
"Cada vez ocupamos un lugar más importante en la ciencia"

Escuchanos EN VIVO!
X

"Cada vez ocupamos un lugar más importante en la ciencia"

Ayelen Anzulovich

Silvina Álvarez es docente e investigadora  del Conicet en la UNSL.

El mundo de la ciencia hasta hace poco era ocupado solamente por hombres, pero con el paso del tiempo las mujeres se fueron abriendo camino. Ése es el caso de Silvina Álvarez que nació en La Pampa y que hoy es profesora adjunta de fisiología e investigadora del Conicet en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL).

El movimiento en el hall de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia era incesante. Algunos  alumnos en silencio hacían el último repaso antes de entrar a rendir el final. Otros simplemente iban apurados porque se les hacia tarde para entrar a clase. Subiendo las escaleras en el segundo piso se podía ver a los profesores y alumnos con sus respectivos guardapolvos blancos trabajando en los laboratorios. Ahí estaba Silvina Álvarez, quien serena y sonriente se dispuso a contar cómo fue que descubrió su gran pasión que es la bioquímica y biología molecular.

“Cuando terminé la secundaria ya tenía en claro qué era lo que quería para mi futuro. En un principio pensé en seguir medicina, pero luego me di cuenta de que en realidad lo que hace el médico es diagnosticar”, expresó Silvina, quien con sus manos apoyadas en la mesa comentó que había algo más que le interesaba. “Yo quería ir más allá y saber por qué surge una enfermedad. Entonces pensando cual era la carrera que coincidía con lo que quería  me decidí por bioquímica”, dijo.

Con apenas 18 años tenía que decidir a donde quería seguir sus estudios. “Fue en ese momento que empecé a buscar y me di cuenta que solo la estaban dictando en Bahía Blanca o en San Luis. Me decidí venir para acá por una cuestión de distancia”, aseguró. Y precisó cómo fue que le dijo a su mamá que iba a ir a otra provincia. “Vivía con mi mamá en La Pampa. Mi papá había fallecido cuando yo era muy chica así que ella tenía que salir a trabajar para mantenernos. Cuando le dije que me venía para acá no dudo en apoyarme”, recordó Silvina con un poco de nostalgia. “Me dijo andá y recibite y eso fue lo que hice”, manifestó.

Con un bolso cargado de ilusiones la investigadora emprendió viaje y fue detrás de sus sueños. “Apenas llegue a la universidad descubrí que había biología molecular. Estaba en mi salsa, era lo que quería y la empecé también. Cuando quise ver estaba haciendo las dos carreras a la vez”, comentó alegre.

Sin perder tiempo y siempre recordando lo que su mamá le había dicho antes de partir de su casa, Silvina se recibió a los veintiocho años de licenciada en Biología Molecular. “Durante mi época de estudiante siempre fui muy responsable. No rendí nunca mal un examen. La hice 6 años”, aseguró. “Después hice el doctorado en Bioquímica eso me llevó cinco años más, pero igual yo estaba segura que me gustaba más la investigación que estar trabajando en un hospital”, resaltó.

No tan sólo era trabajo en la vida de esta profesional, sino que también encontró el amor. “A mi marido lo conocí por internet. Nos gustamos intelectualmente, chateamos y nos enamoramos.  El era de Córdoba y no quería venir a vivir a San Luis. Entonces decidimos irnos al extranjero”, contó.

Como si el universo jugara a su favor, la joven encontró un puesto para especializarse en Virgina, Estados Unidos. “Nos casamos y nos fuimos. Empecé dos postdoctorado; uno en Neurociencias y otro en Fisiología Vascular en la Universidad Virginia Commenwelth. Ahí descubrí que la educación de nuestro país es mucho mejor que la de allá. Me preguntaban porqué sabía tanto. Yo les respondí que era lo que nosotros aprendíamos en la cursada”, señaló.

Sobre si tuvo algún obstáculo para incorporarse a grupos de trabajo por su condición de género, Silvina expresó que “en Norteamérica sólo se fijan en la parte académica de lo currículum. No te preguntan la edad ni tienen en cuenta el género”, comentó.

“Por suerte en el últimos años las mujeres estamos ocupando lugares importantes en la ciencia. En la universidad tenemos una decana. Eso quiere hablar que hay una gran apertura”, acentuó la docente y contó que un amigo había entrado a un proyecto por su condición de varón. “Eso pasó en la Universidad de Mendoza. Él fue favorecido sólo por ser hombre porque la directora no quería a una mujer ya que las consideraba problemáticas. Quedé asombrada cuando me lo dijo”, recordó.

Ya de regreso  al país, la investigadora volvió al lugar que le abrió las puertas. “En EE.UU. tuve dos hijos. Nos vinimos todos y empecé a trabajar. Acá me reincorporé en mi antiguo grupo de investigación. Cuando llegué mi directora de tesis se jubiló y yo quedé como directora del proyecto de investigación en el Conicet que era sobre las alteraciones celulares inducidas por factores nutricionales y el medio ambiente”, comentó Silvina, quien finalizó diciendo que hasta el día de hoy su trabajo la sigue apasionando como el primer día.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

"Cada vez ocupamos un lugar más importante en la ciencia"

Silvina Álvarez es docente e investigadora  del Conicet en la UNSL.

En su salsa. Silvina en el laboratorio de la Universidad de San Luis.

El mundo de la ciencia hasta hace poco era ocupado solamente por hombres, pero con el paso del tiempo las mujeres se fueron abriendo camino. Ése es el caso de Silvina Álvarez que nació en La Pampa y que hoy es profesora adjunta de fisiología e investigadora del Conicet en la Universidad Nacional de San Luis (UNSL).

El movimiento en el hall de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia era incesante. Algunos  alumnos en silencio hacían el último repaso antes de entrar a rendir el final. Otros simplemente iban apurados porque se les hacia tarde para entrar a clase. Subiendo las escaleras en el segundo piso se podía ver a los profesores y alumnos con sus respectivos guardapolvos blancos trabajando en los laboratorios. Ahí estaba Silvina Álvarez, quien serena y sonriente se dispuso a contar cómo fue que descubrió su gran pasión que es la bioquímica y biología molecular.

“Cuando terminé la secundaria ya tenía en claro qué era lo que quería para mi futuro. En un principio pensé en seguir medicina, pero luego me di cuenta de que en realidad lo que hace el médico es diagnosticar”, expresó Silvina, quien con sus manos apoyadas en la mesa comentó que había algo más que le interesaba. “Yo quería ir más allá y saber por qué surge una enfermedad. Entonces pensando cual era la carrera que coincidía con lo que quería  me decidí por bioquímica”, dijo.

Con apenas 18 años tenía que decidir a donde quería seguir sus estudios. “Fue en ese momento que empecé a buscar y me di cuenta que solo la estaban dictando en Bahía Blanca o en San Luis. Me decidí venir para acá por una cuestión de distancia”, aseguró. Y precisó cómo fue que le dijo a su mamá que iba a ir a otra provincia. “Vivía con mi mamá en La Pampa. Mi papá había fallecido cuando yo era muy chica así que ella tenía que salir a trabajar para mantenernos. Cuando le dije que me venía para acá no dudo en apoyarme”, recordó Silvina con un poco de nostalgia. “Me dijo andá y recibite y eso fue lo que hice”, manifestó.

Con un bolso cargado de ilusiones la investigadora emprendió viaje y fue detrás de sus sueños. “Apenas llegue a la universidad descubrí que había biología molecular. Estaba en mi salsa, era lo que quería y la empecé también. Cuando quise ver estaba haciendo las dos carreras a la vez”, comentó alegre.

Sin perder tiempo y siempre recordando lo que su mamá le había dicho antes de partir de su casa, Silvina se recibió a los veintiocho años de licenciada en Biología Molecular. “Durante mi época de estudiante siempre fui muy responsable. No rendí nunca mal un examen. La hice 6 años”, aseguró. “Después hice el doctorado en Bioquímica eso me llevó cinco años más, pero igual yo estaba segura que me gustaba más la investigación que estar trabajando en un hospital”, resaltó.

No tan sólo era trabajo en la vida de esta profesional, sino que también encontró el amor. “A mi marido lo conocí por internet. Nos gustamos intelectualmente, chateamos y nos enamoramos.  El era de Córdoba y no quería venir a vivir a San Luis. Entonces decidimos irnos al extranjero”, contó.

Como si el universo jugara a su favor, la joven encontró un puesto para especializarse en Virgina, Estados Unidos. “Nos casamos y nos fuimos. Empecé dos postdoctorado; uno en Neurociencias y otro en Fisiología Vascular en la Universidad Virginia Commenwelth. Ahí descubrí que la educación de nuestro país es mucho mejor que la de allá. Me preguntaban porqué sabía tanto. Yo les respondí que era lo que nosotros aprendíamos en la cursada”, señaló.

Sobre si tuvo algún obstáculo para incorporarse a grupos de trabajo por su condición de género, Silvina expresó que “en Norteamérica sólo se fijan en la parte académica de lo currículum. No te preguntan la edad ni tienen en cuenta el género”, comentó.

“Por suerte en el últimos años las mujeres estamos ocupando lugares importantes en la ciencia. En la universidad tenemos una decana. Eso quiere hablar que hay una gran apertura”, acentuó la docente y contó que un amigo había entrado a un proyecto por su condición de varón. “Eso pasó en la Universidad de Mendoza. Él fue favorecido sólo por ser hombre porque la directora no quería a una mujer ya que las consideraba problemáticas. Quedé asombrada cuando me lo dijo”, recordó.

Ya de regreso  al país, la investigadora volvió al lugar que le abrió las puertas. “En EE.UU. tuve dos hijos. Nos vinimos todos y empecé a trabajar. Acá me reincorporé en mi antiguo grupo de investigación. Cuando llegué mi directora de tesis se jubiló y yo quedé como directora del proyecto de investigación en el Conicet que era sobre las alteraciones celulares inducidas por factores nutricionales y el medio ambiente”, comentó Silvina, quien finalizó diciendo que hasta el día de hoy su trabajo la sigue apasionando como el primer día.

Logín