Editorial

Sobre género y olvido

Cada 8 de marzo, desde 1911 hasta hoy. Institucionalizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1975; respetado, recordado, conmemorado o celebrado: el Día Internacional de la Mujer, es una fecha propicia para sostener, remarcar e impulsar, al género femenino en condición de igualdad ante el género masculino.

La sola necesidad de que el mundo persista en levantar la voz cada 8 de marzo, implica que aún resta un largo camino por recorrer en la consecución de esa igualdad. Los indicadores sobre violencia de género contra la mujer en la Argentina, en Latinoamérica, y en el mundo, escandalizan. Un escándalo, que, en la mayoría de las estadísticas, es alimentado únicamente por el hecho consumado.

La violencia que no llega a la muerte, los abusos de poder, o el maltrato psicológico, son datos irrelevantes (cuando existen) de una realidad que dista mucho de lo que las mujeres reunidas en Copenaghe en 1910, anhelaban.

Las guerras, que, ayer y hoy, esparcieron la desazón por casi todos los rincones del planeta: constituyen una de las principales causas de la perpetuación de esa de-sigualdad.

Como ejemplo, basta un caso actual: cerca de dos millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares en 2017 en República Democrática del Congo (RDC). La peor epidemia de cólera en 15 años, con 55.000 casos y más de 1.000 muertos, además del innumerable número de asesinados, mutilados o víctimas de violencia sexual explican, en parte, la situación.

El costo de la crisis actual en RDC recae en forma desproporcionada sobre mujeres, niñas y niños, cuyos hogares fueron saqueados y quemados. Los menores no escolarizados son vulnerables a caer en manos de fuerzas de combate irregulares.

“Vivo afuera con mis ocho hijos”, contó Charlotte Ukuba, de 60 años, quien huyó de Site Etat, en Kikwit, capital de la sudoccidental provincia de Kwilu. “Mi esposo fue asesinado el año pasado. Cuando llegué aquí, primero vivía en una iglesia con otras personas desplazadas. Pero en la última semana de febrero, un pastor nos echó. No tengo dinero y necesito ropa para mis hijos”, relató.

Otra mujer desplazada, Rose Thimbangula murió a los 47 años, por una tuberculosis que se le complicó producto de una fístula obstétrica causada por una violación. No tenía recursos para comprar medicamentos.

Otra mujer, ataviada con un largo vestido negro, duerme en el piso de una pequeña habitación. Tuvo que huir de su pueblo por el conflicto, pero tuvo suerte de que la recibiera una familia local.

“Cuando estoy enferma, no puedo ir a un hospital porque no tengo ni un centavo. El gobierno congoleño debe ayudar a todos los desplazados de nuestro país”, reclamó.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) busca una solución duradera para 5.973 familias desplazadas: “Actualmente, la OIM ayuda a 77 mujeres desplazadas que sufren fístulas obstétricas causadas por la violencia sexual”, indicó un portavoz. En 2017, la OIM recibió 205 casos de violencia sexual en 12 sitios. En muchos casos, los tabúes culturales son una traba para que las mujeres hablen de lo que les pasó.

La inseguridad es el mayor obstáculo para que la ayuda llegue a determinadas áreas, donde grupos armados se enfrentan con el ejército.

El gobierno congoleño y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ayudaron en octubre de 2017 a más de 20.000 desplazados, de los cuales 70 por ciento eran mujeres y niños. La situación sigue agravándose.

Ocurre en la República Democrática del Congo, en este momento. Sin distinción de fechas puntuales. Es una tragedia repetida.

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