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Renacimiento o fin

Si los mejores días de la red social Facebook ya han pasado, o, por el contrario, están por llegar, es una incógnita que no será develada en el corto plazo. Lo que parece evidente, acorde a los últimos acontecimientos, es que nunca antes en su historia, la empresa de Mark Zuckerberg, dependió tanto de la mirada de los usuarios: si el juicio es negativo, el fin puede avizorarse, y, si el juicio es positivo, renacerá. Aún en el peor momento.

El enemigo no son otros competidores del mundo tecnológico, que ofrecen prestaciones similares, el enemigo está en la matriz de esa red social, cuyo manejo en los últimos tiempos, ha minado la confianza de millones de personas en el mundo.

Facebook comenzó a proponerles a sus usuarios europeos, nuevos parámetros de confidencialidad para adaptarse al Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD), anunció el grupo.

Anunciadas a fines de enero, antes del estallido del escándalo de la firma británica Cambridge Analytica, estas medidas se ajustarían a normas de protección de los datos personales de los ciudadanos europeos que serán aplicables también al conjunto de las empresas, incluso a aquellas que no están basadas en el continente. Ocurre que “el ofrecimiento”, quizás llega en el momento menos deseado: cuando la sospecha se cierne sobre Facebook.

Todo está teñido de sospecha. Los especialistas utilizan variados eufemismos para afirmar una y otra vez, que la plataforma “mercadeó”, directa o indirectamente, los datos de más de 50 millones de personas, en los meses previos a la elección presidencial de Estados Unidos, noviembre de 2016, que le entregó el mando a Donald Trump.

Es una enorme mancha para una de las empresas emblemáticas del poderío tecnológico norteamericano. A tal punto que el RGPD exige, por ejemplo, informaciones claras a los usuarios y que se recabe su aval en referencia a una eventual utilización de sus datos.

“Todo el mundo -sea cual sea el lugar en que vivan- será invitado a examinar informaciones importantes sobre la manera en que Facebook utiliza sus datos y a hacer elecciones respecto a (la protección) de su vida privada en Facebook”, indicó el grupo en un texto publicado en su blog.

Estas nuevas medidas serán aplicadas ahora en Europa y “en las semanas y meses que vienen en el mundo entero”, dijo Rob Sherman, responsable adjunto de seguridad de Facebook, durante una reunión con periodistas en la sede del grupo estadounidense en California.

En concreto, los usuarios verán un mensaje en lo alto de su hilo de actualidad en el que serán invitados a elegir si desean compartir informaciones tales como sus preferencias políticas o religiosas o su “situación amorosa”. Podrán también elegir las publicidades que desean recibir o decidir si utilizar o no el reconocimiento facial, que permite a Facebook identificar a sus usuarios en fotografías.

“Nuestra intención es proponer los mismos parámetros y controles de confidencialidad” en todo el mundo, señaló Sherman.

El grupo está inmerso en un escándalo relacionado precisamente con la filtración de datos de decenas de millones de usuarios hacia la empresa Cambridge Analytica, especializada en la comunicación estratégica, que trabajó para la campaña del presidente estadounidense Donald Trump.

Facebook lanzó en las últimas semanas una vasta campaña de comunicación sobre este tema, así como sobre la manipulación política en la red. Su director ejecutivo, Mark Zuckerberg, se sometió la semana pasada durante diez horas a preguntas de los parlamentarios estadounidenses sobre estas dos problemáticas.

Los caminos quizás ya se hayan bifurcado; uno conduce al renacimiento y a la masividad respaldada en millones, el otro conduce al fin. Un final quizás lento, pero indeclinable. En cinco años, como mucho, la respuesta será definitiva.

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Si los mejores días de la red social Facebook ya han pasado, o, por el contrario, están por llegar, es una incógnita que no será develada en el corto plazo. Lo que parece evidente, acorde a los últimos acontecimientos, es que nunca antes en su historia, la empresa de Mark Zuckerberg, dependió tanto de la mirada de los usuarios: si el juicio es negativo, el fin puede avizorarse, y, si el juicio es positivo, renacerá. Aún en el peor momento.

El enemigo no son otros competidores del mundo tecnológico, que ofrecen prestaciones similares, el enemigo está en la matriz de esa red social, cuyo manejo en los últimos tiempos, ha minado la confianza de millones de personas en el mundo.

Facebook comenzó a proponerles a sus usuarios europeos, nuevos parámetros de confidencialidad para adaptarse al Reglamento Europeo de Protección de Datos (RGPD), anunció el grupo.

Anunciadas a fines de enero, antes del estallido del escándalo de la firma británica Cambridge Analytica, estas medidas se ajustarían a normas de protección de los datos personales de los ciudadanos europeos que serán aplicables también al conjunto de las empresas, incluso a aquellas que no están basadas en el continente. Ocurre que “el ofrecimiento”, quizás llega en el momento menos deseado: cuando la sospecha se cierne sobre Facebook.

Todo está teñido de sospecha. Los especialistas utilizan variados eufemismos para afirmar una y otra vez, que la plataforma “mercadeó”, directa o indirectamente, los datos de más de 50 millones de personas, en los meses previos a la elección presidencial de Estados Unidos, noviembre de 2016, que le entregó el mando a Donald Trump.

Es una enorme mancha para una de las empresas emblemáticas del poderío tecnológico norteamericano. A tal punto que el RGPD exige, por ejemplo, informaciones claras a los usuarios y que se recabe su aval en referencia a una eventual utilización de sus datos.

“Todo el mundo -sea cual sea el lugar en que vivan- será invitado a examinar informaciones importantes sobre la manera en que Facebook utiliza sus datos y a hacer elecciones respecto a (la protección) de su vida privada en Facebook”, indicó el grupo en un texto publicado en su blog.

Estas nuevas medidas serán aplicadas ahora en Europa y “en las semanas y meses que vienen en el mundo entero”, dijo Rob Sherman, responsable adjunto de seguridad de Facebook, durante una reunión con periodistas en la sede del grupo estadounidense en California.

En concreto, los usuarios verán un mensaje en lo alto de su hilo de actualidad en el que serán invitados a elegir si desean compartir informaciones tales como sus preferencias políticas o religiosas o su “situación amorosa”. Podrán también elegir las publicidades que desean recibir o decidir si utilizar o no el reconocimiento facial, que permite a Facebook identificar a sus usuarios en fotografías.

“Nuestra intención es proponer los mismos parámetros y controles de confidencialidad” en todo el mundo, señaló Sherman.

El grupo está inmerso en un escándalo relacionado precisamente con la filtración de datos de decenas de millones de usuarios hacia la empresa Cambridge Analytica, especializada en la comunicación estratégica, que trabajó para la campaña del presidente estadounidense Donald Trump.

Facebook lanzó en las últimas semanas una vasta campaña de comunicación sobre este tema, así como sobre la manipulación política en la red. Su director ejecutivo, Mark Zuckerberg, se sometió la semana pasada durante diez horas a preguntas de los parlamentarios estadounidenses sobre estas dos problemáticas.

Los caminos quizás ya se hayan bifurcado; uno conduce al renacimiento y a la masividad respaldada en millones, el otro conduce al fin. Un final quizás lento, pero indeclinable. En cinco años, como mucho, la respuesta será definitiva.

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