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Pautas para no sufrir las secuelas de la seca

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Pautas para no sufrir las secuelas de la seca

Juan Luna

Pese a las últimas lluvias, la escasez durante el verano puede dejar consecuencias en los campos. Los especialistas aconsejan evaluar el forraje para ajustar el manejo de los rodeos y considerar la suplementación y el encierre como alternativas para atravesar el otoño.

Se hicieron esperar, pero finalmente llegaron. Las lluvias que trajo abril le dieron un respiro a los campos castigados por tanta sequía y significaron un atisbo de esperanza para los productores. Pero aunque el agua haya aliviado a los suelos, la seca ya hizo de las suyas y pudo haber causado efectos duraderos en los establecimientos. Por eso, un grupo de especialistas del INTA lanzó una serie de recomendaciones para que los ganaderos puedan organizar el manejo de sus rodeos y no bajar la guardia durante lo que queda del otoño y el invierno que se avecina.

Es que parece haber una especie de regla general que regula la actividad agropecuaria en todas sus facetas: las consecuencias se miden en el largo plazo. Por eso advierten que las medidas que se toman hoy pueden evitar futuros problemas por falta de forraje, sobre todo en las zonas donde los registros de lluvias estivales fueron más bajos que los promedios históricos.

 

Radiografía de un verano atípico

“El impacto más grande de la sequía en San Luis se dio desde Villa Mercedes hacia el límite con Córdoba, donde estuvo muy afectado el sur de Río Cuarto. En Buena Esperanza, al sur de nuestra provincia, están un poco mejor, pero están complicadas las localidades desde Unión hacia La Pampa”, graficó como en un mapa imaginario Claudio Sáenz, uno de los investigadores de la Estación Experimental. Junto a Karina Frigerio y Juan Cruz Colazo realizaron un análisis desmenuzado de los registros de las precipitaciones para entender mejor un fenómeno que le dio un carácter atípico al último verano.

Tomaron los datos de la unidad meteorológica que está instalada en Villa Mercedes y los compararon con los promedios históricos calculados con los registros diarios desde 1903 hasta la actualidad. “Sobre todo estudiamos el cuatrimestre comprendido entre diciembre y marzo, porque son los meses que determinan la productividad de los cultivos de verano, que son la mayoría en la agricultura, y las reservas forrajeras para el otoño en la ganadería”, explicó Colazo.

Y si bien las lluvias fueron variables, entre finales de 2017 y principios de 2018 detectaron registros un 25% más bajos que la media de todos los años analizados. Pero el declive es más pronunciado aún si se lo compara con el período que va desde 2014 a 2016, cuando el promedio de precipitaciones se incrementó abismalmente en casi toda la provincia. En ese caso, “podemos decir que cayó la mitad de agua de lo que venía lloviendo”, dijo el agrónomo.

Para comprender mejor la dimensión de una sequía de la que hay pocos antecedentes en la historia, sumaron un dato más: este año transcurrió el marzo con menos lluvias de los últimos 115 años: cayeron apenas 1,2 milímetros en Villa Mercedes.
“Si tomamos los datos de la primavera también, desde setiembre a marzo, encontramos que en los últimos diez años ha habido acumulaciones de hasta 800 milímetros, que en gran parte coincide con todo lo que pasó en la Cuenca del Morro. Pero en este semestre la sumatoria fue de unos 270, muy por debajo de lo normal”, apuntó Frigerio.

Pero además, los chaparrones tuvieron otra particularidad: la mayoría fueron de bajo calibre. “Hubo sólo tres lluvias de más de diez milímetros. Las que tienen menos de ese volumen prácticamente no sirven, porque se pierden en ese mismo día o el siguiente por evaporación”, advirtió Sáenz, quien se especializa en los temas relacionados al agua. La excepción más grande fue la del 16 de enero, cuando se acumularon 34,6 milímetros. Pero en el resto de los 90 días que hay entre enero y marzo, sólo se registraron lluvias en 33 mm.

A eso se le suma otro condicionante de este otoño: altas temperaturas. En jornadas de picos de calor, la evapotranspiración aumenta y, por lo tanto, la humedad que reciben los suelos se pierde más rápido.

Más allá de que en Villa Mercedes y sus alrededores la sequía se presentó con más fuerza, también cuentan con información del Valle del Conlara, donde los registros también han sido muy dispares y más bajos que los de los últimos años. “Lo que nos desorienta es la variabilidad que hay entre las zonas e incluso entre campos vecinos”, expresó la investigadora.

Con todo ese panorama a cuestas, es inevitable que los campos sufran una merma en la cantidad y calidad de su vegetación natural y en la humedad de los suelos para poder sembrar más pasturas o verdeos. Y más allá de las lluvias que trajo abril, “en San Luis lo habitual son otoños e inviernos secos, por eso no debemos esperar grandes volúmenes de precipitaciones hasta la primavera”, aclaró uno de los agrónomos.

 

Recomendaciones en los rodeos

Hay una diferencia fundamental en cómo la sequía impacta en los establecimientos agrícolas y en los ganaderos. Para los cultivos, la peor parte ya pasó y el resultado es una baja generalizada en los rindes de la cosecha gruesa. Pero aún pueden tener una revancha con la campaña fina y la próxima estival.

En cambio, en el mundo de las vacas el trabajo es continuo y dura todo el año. Por eso los efectos de la escasez de lluvias todavía pueden sentirse en la cadena productiva si no se toman medidas preventivas hasta que vuelvan las precipitaciones en la primavera.

Sáenz señaló que a la salida del invierno las vacas de cría empiezan a incrementar sus requerimientos nutricionales, justo en el momento que los pastos pueden ser más escasos. Por eso, la primera recomendación que dieron para los productores es hacer una buena evaluación de la oferta forrajera de sus establecimientos. Para quien tiene el ojo "entrenado" y conoce sus tierras, puede saber a simple vista cómo y cuánto rendirán sus pastos.

De lo contrario, “hay herramientas basadas en las imagen satelitales que permiten tener una estimación en base a atributos como el Índice Verde. Sin embargo, lo mejor es la medición en el lugar de los hechos, con métodos simples como el Equivalente Vaca, con los que uno puede calcular cuánto forraje tiene y cuánto va a necesitar para la hacienda de la que dispongo”, dijo Colazo, un especialista en suelos. Esas estimaciones deben contemplar los requerimientos que tienen las distintas categorías que componen el rodeo, como por ejemplo la edad de los vacunos, sexo, raza y peso, entre otras características.

Su compañero advirtió que hay que calcular las pasturas hasta finales de agosto y no confiarse de que puede haber lluvias antes de la primavera. "Hay que prever para llegar con una vaca en buenas condiciones al parto. Suele pasar que uno espera que mejore, pero se empieza a correr riesgos con la producción el año que viene, que las hembras queden vacías o que se haga difícil la venta porque está en malas condiciones corporales, con precios que ya de por sí son bajos”.

Por lo tanto, una de las primeras cosas que hay que evitar el sobrepastoreo, es decir, no cargar los lotes con más hacienda de lo que pueden tolerar. Eso también implica no dejar que los vacunos coman demasiado los rastrojos. Dejar un 30% de remanente minimiza los riesgos de erosión. "Para ello, puede ser importante el uso de boyeros para ir limitando el consumo y hacer un uso más prolijo de lo que haya disponible. Hay que planificar y ajustar la carga porque el capital más importante que tienen los productores es el suelo y nuestros terrenos son lábiles y hay que protegerlos”, sostuvo.

El destete anticipado es una estrategia para aliviar los pastos, algo que muchos productores ya tomaron.
Esto es, sacar a los terneros un poco antes de lo previsto y venderlos para que la madre no sufra para tener que adquirir sus propios requerimientos nutricionales y también los de su cría.

Con la humedad que trajeron las últimas lluvias, sembrar pasturas megatérmicas (como el llorón y la digitaria) o verdeos de invierno (alfalfa, por ejemplo) se convierte en una opción ideal para aumentar el caudal de forraje disponible para la hacienda.

Pero también los especialistas aconsejan que, en base a sus posibilidades económicas, los productores deberían considerar otras posibilidades para complementar al pasto. Entre esas opciones aparece el encierre, ya sea en la recría o en la terminación. Si el ganadero ya cuenta con la infraestructura, puede aprovechar los corrales para controlar la alimentación. En el caso contrario, llevar los animales a los establecimientos que cobren por hotelería es otra posibilidad concreta.

La otra gran herramienta es la suplementación: aportar nutrientes y proteínas con otros cultivos o con los subproductos que ofrece la industria. Los más usados son el maíz o la burlanda, pero también puede aprovecharse el  grano de soja, por ejemplo. "Hay que tener mucho cuidado en la cantidad y hacer un acostumbramiento antes, pero eso facilitaría el uso de forraje que no es bueno por si solo, pero que con ayuda puede ser muy útil", dijo Sáenz.

Frigerio sostuvo que si bien todos estos elementos pueden significar costos extras para el bolsillo del productor, son formas de evitar más pérdidas en el futuro. Además, "hay productores que están asociados y pueden llegar a hacer encierres comunes, comprar suplementos o maíz  en conjunto y de esa manera abaratar precios de fletes o por volumen”, ejemplificó.

En el caso de los agricultores, la suerte ya está echada. Con las cosechas muy avanzadas en la región, la campaña sufrió los embates de la sequía, que retrasó muchas siembras y disminuyó los rendimientos. A la falta de lluvias, se le sumaron otros dos fenómenos que impactaron fuerte en los cultivos: las heladas y los golpes de calor.

De modo que las pocas acciones que puede tomar el productor tienen que ver con el cuidado de los suelos y la preparación para las próximas siembras.

“Casi la única decisión a tomar es si va a hacer o no una cobertura, que es una práctica que viene en aumento y que tiene grandes beneficios para los campos. En ese caso, no sólo va a alcanzar con conocer el pronóstico de lluvias, sino que va a tener que evaluar las reservas de humedad que tiene en el suelo para saber si le alcanza para plantar”, expresó Colazo, y aclaró que es necesario que el agua esté disponible en el primer metro del suelo. "Sobre todo si uno está pensado en la implantación de un cultivo de invierno, que no tiene tanta exploración radicular como uno de verano. El tema de la napa también es importante porque lo que fue un problema el año pasado, hoy en varios lugares de la provincia pasa a ser una oportunidad. Las napas han descendido y se encuentran en una situación donde ya no pueden perjudicar al cultivo, sino que están listas para aportar la humedad que no viene de las lluvias”, alentó.

 

¿El próximo verano será seco?

La pregunta por el futuro es inevitable. Ante las dificultades que la sequía generó este año, la incertidumbre por si la escasez de lluvia se repetirá el próximo verano surge de inmediato.

"Un meteorólogo me dijo una vez que hacer pronósticos a más de diez días es adivinar", bromeó Colazo. De todas maneras, siguió: "Hay algunas pistas de lo que puede pasar. Muchos organismos que estudian los eventos climáticos declaran que ha terminado La Niña, que es una fase de este fenómeno que en nuestros ambientes hace que llueva lo mismo  o menos de lo normal. Se está hablando de que se espera un Niño para fin de año, por lo que los volúmenes de las lluvias se normalizarían", comentó. En ese aspecto, el ingeniero agrónomo valoró la importancia de contar con datos a la hora de tomar las decisiones. Los registros que ellos toman pueden consultarse en el Sistema de Información y Gestión Agrometeorológica (siga2.inta.gob.ar) del organismo nacional o en la Red de Estaciones Meteorológicas del Gobierno de la Provincia (clima.edu.ar).

“Si uno analiza los últimos treinta años, la probabilidad de que ocurra otro trimestre de verano como el que tuvimos es menor al 3%, es decir menos de tres años en una serie de cien. Pero si uno toma los registros de los 115 años, esa probabilidad aumenta a un 16%. Eso significa que en dos años de cada diez podríamos llegar a tener valores similares a los actuales", informó.

En ese aspecto, el valor de la información se eleva y pone en manifiesto la necesidad de estar preparados para superar años con déficit hídrico y de exceso. Tanto Colazo como Sáenz y Frigerio, aclararon que las pautas pueden tenerse en cuenta en cualquier época, sólo que en estos tiempos adquieren mayor importancia y urgencia.

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Pautas para no sufrir las secuelas de la seca

Pese a las últimas lluvias, la escasez durante el verano puede dejar consecuencias en los campos. Los especialistas aconsejan evaluar el forraje para ajustar el manejo de los rodeos y considerar la suplementación y el encierre como alternativas para atravesar el otoño.

Foto: El Diario.

Se hicieron esperar, pero finalmente llegaron. Las lluvias que trajo abril le dieron un respiro a los campos castigados por tanta sequía y significaron un atisbo de esperanza para los productores. Pero aunque el agua haya aliviado a los suelos, la seca ya hizo de las suyas y pudo haber causado efectos duraderos en los establecimientos. Por eso, un grupo de especialistas del INTA lanzó una serie de recomendaciones para que los ganaderos puedan organizar el manejo de sus rodeos y no bajar la guardia durante lo que queda del otoño y el invierno que se avecina.

Es que parece haber una especie de regla general que regula la actividad agropecuaria en todas sus facetas: las consecuencias se miden en el largo plazo. Por eso advierten que las medidas que se toman hoy pueden evitar futuros problemas por falta de forraje, sobre todo en las zonas donde los registros de lluvias estivales fueron más bajos que los promedios históricos.

 

Radiografía de un verano atípico

“El impacto más grande de la sequía en San Luis se dio desde Villa Mercedes hacia el límite con Córdoba, donde estuvo muy afectado el sur de Río Cuarto. En Buena Esperanza, al sur de nuestra provincia, están un poco mejor, pero están complicadas las localidades desde Unión hacia La Pampa”, graficó como en un mapa imaginario Claudio Sáenz, uno de los investigadores de la Estación Experimental. Junto a Karina Frigerio y Juan Cruz Colazo realizaron un análisis desmenuzado de los registros de las precipitaciones para entender mejor un fenómeno que le dio un carácter atípico al último verano.

Tomaron los datos de la unidad meteorológica que está instalada en Villa Mercedes y los compararon con los promedios históricos calculados con los registros diarios desde 1903 hasta la actualidad. “Sobre todo estudiamos el cuatrimestre comprendido entre diciembre y marzo, porque son los meses que determinan la productividad de los cultivos de verano, que son la mayoría en la agricultura, y las reservas forrajeras para el otoño en la ganadería”, explicó Colazo.

Y si bien las lluvias fueron variables, entre finales de 2017 y principios de 2018 detectaron registros un 25% más bajos que la media de todos los años analizados. Pero el declive es más pronunciado aún si se lo compara con el período que va desde 2014 a 2016, cuando el promedio de precipitaciones se incrementó abismalmente en casi toda la provincia. En ese caso, “podemos decir que cayó la mitad de agua de lo que venía lloviendo”, dijo el agrónomo.

Para comprender mejor la dimensión de una sequía de la que hay pocos antecedentes en la historia, sumaron un dato más: este año transcurrió el marzo con menos lluvias de los últimos 115 años: cayeron apenas 1,2 milímetros en Villa Mercedes.
“Si tomamos los datos de la primavera también, desde setiembre a marzo, encontramos que en los últimos diez años ha habido acumulaciones de hasta 800 milímetros, que en gran parte coincide con todo lo que pasó en la Cuenca del Morro. Pero en este semestre la sumatoria fue de unos 270, muy por debajo de lo normal”, apuntó Frigerio.

Pero además, los chaparrones tuvieron otra particularidad: la mayoría fueron de bajo calibre. “Hubo sólo tres lluvias de más de diez milímetros. Las que tienen menos de ese volumen prácticamente no sirven, porque se pierden en ese mismo día o el siguiente por evaporación”, advirtió Sáenz, quien se especializa en los temas relacionados al agua. La excepción más grande fue la del 16 de enero, cuando se acumularon 34,6 milímetros. Pero en el resto de los 90 días que hay entre enero y marzo, sólo se registraron lluvias en 33 mm.

A eso se le suma otro condicionante de este otoño: altas temperaturas. En jornadas de picos de calor, la evapotranspiración aumenta y, por lo tanto, la humedad que reciben los suelos se pierde más rápido.

Más allá de que en Villa Mercedes y sus alrededores la sequía se presentó con más fuerza, también cuentan con información del Valle del Conlara, donde los registros también han sido muy dispares y más bajos que los de los últimos años. “Lo que nos desorienta es la variabilidad que hay entre las zonas e incluso entre campos vecinos”, expresó la investigadora.

Con todo ese panorama a cuestas, es inevitable que los campos sufran una merma en la cantidad y calidad de su vegetación natural y en la humedad de los suelos para poder sembrar más pasturas o verdeos. Y más allá de las lluvias que trajo abril, “en San Luis lo habitual son otoños e inviernos secos, por eso no debemos esperar grandes volúmenes de precipitaciones hasta la primavera”, aclaró uno de los agrónomos.

 

Recomendaciones en los rodeos

Hay una diferencia fundamental en cómo la sequía impacta en los establecimientos agrícolas y en los ganaderos. Para los cultivos, la peor parte ya pasó y el resultado es una baja generalizada en los rindes de la cosecha gruesa. Pero aún pueden tener una revancha con la campaña fina y la próxima estival.

En cambio, en el mundo de las vacas el trabajo es continuo y dura todo el año. Por eso los efectos de la escasez de lluvias todavía pueden sentirse en la cadena productiva si no se toman medidas preventivas hasta que vuelvan las precipitaciones en la primavera.

Sáenz señaló que a la salida del invierno las vacas de cría empiezan a incrementar sus requerimientos nutricionales, justo en el momento que los pastos pueden ser más escasos. Por eso, la primera recomendación que dieron para los productores es hacer una buena evaluación de la oferta forrajera de sus establecimientos. Para quien tiene el ojo "entrenado" y conoce sus tierras, puede saber a simple vista cómo y cuánto rendirán sus pastos.

De lo contrario, “hay herramientas basadas en las imagen satelitales que permiten tener una estimación en base a atributos como el Índice Verde. Sin embargo, lo mejor es la medición en el lugar de los hechos, con métodos simples como el Equivalente Vaca, con los que uno puede calcular cuánto forraje tiene y cuánto va a necesitar para la hacienda de la que dispongo”, dijo Colazo, un especialista en suelos. Esas estimaciones deben contemplar los requerimientos que tienen las distintas categorías que componen el rodeo, como por ejemplo la edad de los vacunos, sexo, raza y peso, entre otras características.

Su compañero advirtió que hay que calcular las pasturas hasta finales de agosto y no confiarse de que puede haber lluvias antes de la primavera. "Hay que prever para llegar con una vaca en buenas condiciones al parto. Suele pasar que uno espera que mejore, pero se empieza a correr riesgos con la producción el año que viene, que las hembras queden vacías o que se haga difícil la venta porque está en malas condiciones corporales, con precios que ya de por sí son bajos”.

Por lo tanto, una de las primeras cosas que hay que evitar el sobrepastoreo, es decir, no cargar los lotes con más hacienda de lo que pueden tolerar. Eso también implica no dejar que los vacunos coman demasiado los rastrojos. Dejar un 30% de remanente minimiza los riesgos de erosión. "Para ello, puede ser importante el uso de boyeros para ir limitando el consumo y hacer un uso más prolijo de lo que haya disponible. Hay que planificar y ajustar la carga porque el capital más importante que tienen los productores es el suelo y nuestros terrenos son lábiles y hay que protegerlos”, sostuvo.

El destete anticipado es una estrategia para aliviar los pastos, algo que muchos productores ya tomaron.
Esto es, sacar a los terneros un poco antes de lo previsto y venderlos para que la madre no sufra para tener que adquirir sus propios requerimientos nutricionales y también los de su cría.

Con la humedad que trajeron las últimas lluvias, sembrar pasturas megatérmicas (como el llorón y la digitaria) o verdeos de invierno (alfalfa, por ejemplo) se convierte en una opción ideal para aumentar el caudal de forraje disponible para la hacienda.

Pero también los especialistas aconsejan que, en base a sus posibilidades económicas, los productores deberían considerar otras posibilidades para complementar al pasto. Entre esas opciones aparece el encierre, ya sea en la recría o en la terminación. Si el ganadero ya cuenta con la infraestructura, puede aprovechar los corrales para controlar la alimentación. En el caso contrario, llevar los animales a los establecimientos que cobren por hotelería es otra posibilidad concreta.

La otra gran herramienta es la suplementación: aportar nutrientes y proteínas con otros cultivos o con los subproductos que ofrece la industria. Los más usados son el maíz o la burlanda, pero también puede aprovecharse el  grano de soja, por ejemplo. "Hay que tener mucho cuidado en la cantidad y hacer un acostumbramiento antes, pero eso facilitaría el uso de forraje que no es bueno por si solo, pero que con ayuda puede ser muy útil", dijo Sáenz.

Frigerio sostuvo que si bien todos estos elementos pueden significar costos extras para el bolsillo del productor, son formas de evitar más pérdidas en el futuro. Además, "hay productores que están asociados y pueden llegar a hacer encierres comunes, comprar suplementos o maíz  en conjunto y de esa manera abaratar precios de fletes o por volumen”, ejemplificó.

En el caso de los agricultores, la suerte ya está echada. Con las cosechas muy avanzadas en la región, la campaña sufrió los embates de la sequía, que retrasó muchas siembras y disminuyó los rendimientos. A la falta de lluvias, se le sumaron otros dos fenómenos que impactaron fuerte en los cultivos: las heladas y los golpes de calor.

De modo que las pocas acciones que puede tomar el productor tienen que ver con el cuidado de los suelos y la preparación para las próximas siembras.

“Casi la única decisión a tomar es si va a hacer o no una cobertura, que es una práctica que viene en aumento y que tiene grandes beneficios para los campos. En ese caso, no sólo va a alcanzar con conocer el pronóstico de lluvias, sino que va a tener que evaluar las reservas de humedad que tiene en el suelo para saber si le alcanza para plantar”, expresó Colazo, y aclaró que es necesario que el agua esté disponible en el primer metro del suelo. "Sobre todo si uno está pensado en la implantación de un cultivo de invierno, que no tiene tanta exploración radicular como uno de verano. El tema de la napa también es importante porque lo que fue un problema el año pasado, hoy en varios lugares de la provincia pasa a ser una oportunidad. Las napas han descendido y se encuentran en una situación donde ya no pueden perjudicar al cultivo, sino que están listas para aportar la humedad que no viene de las lluvias”, alentó.

 

¿El próximo verano será seco?

La pregunta por el futuro es inevitable. Ante las dificultades que la sequía generó este año, la incertidumbre por si la escasez de lluvia se repetirá el próximo verano surge de inmediato.

"Un meteorólogo me dijo una vez que hacer pronósticos a más de diez días es adivinar", bromeó Colazo. De todas maneras, siguió: "Hay algunas pistas de lo que puede pasar. Muchos organismos que estudian los eventos climáticos declaran que ha terminado La Niña, que es una fase de este fenómeno que en nuestros ambientes hace que llueva lo mismo  o menos de lo normal. Se está hablando de que se espera un Niño para fin de año, por lo que los volúmenes de las lluvias se normalizarían", comentó. En ese aspecto, el ingeniero agrónomo valoró la importancia de contar con datos a la hora de tomar las decisiones. Los registros que ellos toman pueden consultarse en el Sistema de Información y Gestión Agrometeorológica (siga2.inta.gob.ar) del organismo nacional o en la Red de Estaciones Meteorológicas del Gobierno de la Provincia (clima.edu.ar).

“Si uno analiza los últimos treinta años, la probabilidad de que ocurra otro trimestre de verano como el que tuvimos es menor al 3%, es decir menos de tres años en una serie de cien. Pero si uno toma los registros de los 115 años, esa probabilidad aumenta a un 16%. Eso significa que en dos años de cada diez podríamos llegar a tener valores similares a los actuales", informó.

En ese aspecto, el valor de la información se eleva y pone en manifiesto la necesidad de estar preparados para superar años con déficit hídrico y de exceso. Tanto Colazo como Sáenz y Frigerio, aclararon que las pautas pueden tenerse en cuenta en cualquier época, sólo que en estos tiempos adquieren mayor importancia y urgencia.

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