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“El rigor, el humor y el amor son los pilares de la vida misma”

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“El rigor, el humor y el amor son los pilares de la vida misma”

Consagrado tras su papel en “Un gallo para Esculapio”, el actor recuerda su paso por San Luis, donde filmó cinco películas, y dice que para defender un personaje, necesariamente, tiene que quererlo.

Luis Antonio Pedro Barattero parece a simple vista un hombre de cuidado, con mirada fuerte y una actitud como de quien siempre está presto para la acción, para la pelea, y sin embargo al sonreír se genera una metamorfosis inmediata que lo convierte en un tipo de lo más simpático y afable. Esa es la primera impresión que provoca conocer a Luis Luque, el alter ego artístico de este prestigioso actor argentino, y justamente esa dualidad que expresa de manera natural en su semblante es lo que lo ha llevado a interpretar a personajes tan dispares y complejos, en cine, teatro y televisión.

“Conozco mucho a San Luis, hice varias películas y he ido muchas veces, hasta he estado enfermo en San Luis. Quiero mucho a la gente de la provincia y lo sa - ben, porque siempre me sentí súper, muy bien cuidado”, dijo el actor que en Villa Mercedes formó parte del elenco de “El buen destino”, dirigida por Leonor Bene - detto, y en la capital puntana participó de los rodajes de “Paco”, de Diego Rafecas, “La velocidad funda el olvido”, de Marcelo Schapces, “Tres de corazones”, del gran Sergio Renán, y “Mis días con Gloria”, de Juan José Jusid.

A inicio de los 80 fue parte de una camada que la prensa bautizó como “Los galancitos”, junto a Darío Grandinetti, Daniel Fanego y hasta Ricardo Darín, lí- nea de la que pronto fue despegándose al aceptar papeles ajenos a las telenovelas. Aunque en el humor se ha manejado con soltura, los roles de villano, oscuro y duro son los roles que más le han caído. De hecho, de las interpretaciones más descollantes en los últimos tiempos se destacan el Polaco Levan en la ficción política “El puntero” (2011) y Yiyo en el policial “Un gallo para Esculapio” (2017). Con la marginalidad como escenario en común, Luque dio vida a sujetos parecidos en lo violento y marginal, los que mejor le quedan, aunque con conflictos y personalidades diferentes, algo que lo exime de encasillarse en estereotipos.

“Ambos personajes forman parte de la estructura de un género, que refleja un ambiente que se da en todo el mundo, mientras que cada país le da su color, pero que se enfoca en el conflicto básico de la marginalidad, de la gente que vive fuera de la ley y que tiene su ley propia; seres que pasan de todo y que son buenos, malos y confusos, como cualquier persona. En definitiva retratan un hecho humano. Es decir, una lectura que puede darse en cualquier lugar del mundo”, resume el actor de modo abstracto, para luego reflexionar: “En realidad el hombre puede estar en caminos distintos, que son más oscuros o más luminosos, pero básicamente sus conflictos son totalmente iguales. Como actor, humanizar esos personajes implica mi manera de trabajar, porque los necesito querer para interpretar lo peor que tienen y que así la gente crea que lo que hago es verdad. Esto es aparte de mis valores personales, pues me parece que quien hace daño no está bien”. Con esa introducción, “Pipo” (como se lo llama cariñosamente en el ambiente) se adentra en uno de sus últimos éxitos, “Un gallo para Esculapio”, donde fue Yiyo, un pirata del asfalto “que tiene un novio que viene de la cárcel con él, que además tiene una pareja swinger y cuya compleja personalidad también se demuestra en la escena final de la serie con Marcello ‘Chelo Esculapio’ Ghío (Luis Brandoni), donde llora porque lo ama, pero debe sobrevivir porque la realidad en la que se mueve es la ley de la selva. Mi propia lectura sobre la vida es muy profunda y nada suave, lo que me permite meterme a interpretar personajes como esos”.

La miniserie a la que alude fue la más exitosa del 2017, con creación de Sebastián Ortega, dirección de Bruno Stagnaro y un reparto encabezado por Brandoni y un sorprendente Peter Lanzani (“Aliados”, “Casi ángeles”), “un chiquilín al que no conocía pero que admiro mucho porque es un grosso; con decir que hace 4 años, cuando tenía 21, se produjo él mismo con ‘Equus’ y recientemente interpretó a 14 personajes en ‘El emperador Gynt’, en el Centro Cultural San Martín; un grosso el pibe”. De Brandoni, sólo decir que es y siempre será un referente histórico del arte de actuar, y que en ‘Un gallo’ dio cátedra. Por otra parte muchos de los que participaron en la serie no eran actores, algo de lo que enteré después porque estuvieron bárbaros, mérito del director; porque Stagnaro es algo serio, raya en lo genial. Tiene una manera de filmar muy particular, es un animal. Lo fui siguiendo sin entender adónde iba, pero él ya tenía la película en la cabeza y su modo de laburar es el caos, algo que yo también hago y por eso cuando confrontamos nos llevamos muy bien”.

Sobre las nuevas generaciones de actores, Luque da como ejemplo a su ex compañero de tira, Lanzani, y Benjamín Rojas, entre otros, “que son de la generación de pibes que se iniciaron con Cris Morena y que tienen una disciplina y respeto por el trabajo que realmente los admirás; son chicos que a los 16 años llenaban estadios de 75.000 personal en Rusia, son increíbles. Y los admiro porque sostengo que el secreto se encuentra en el amor a la disciplina, al trabajo y a la memoria. Por ejemplo, antes de empezar un trabajo siempre hablo con todo el equipo y les digo que la base la componen el rigor, el humor y el amor; siempre me enfoco en esos tres pilares a fondo. Hoy me hacés este reportaje como te lo impone tu profesionalismo, del mismo modo yo te lo concedo, porque ambos queremos que la nota sea de excelencia; después, ya nos conocemos, nos encontramos y nos reímos, y después ya nos queremos. Así es para mí el proceso creativo y también el proceso de la vida misma”.

Luego del éxito que logró “El Jardín de bronce”, los productores se aprestan a la segunda temporada, en la que Luque volvería a formar dupla con Joaquín Furriel para la continuación del atrapante policial negro. Además, sigue en danza la posibilidad de seguir la historia de “Un gallo para Esculapio”, cuyo rodaje comenzaría en mayo.

Nota: Alfredo Salinas

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“El rigor, el humor y el amor son los pilares de la vida misma”

Consagrado tras su papel en “Un gallo para Esculapio”, el actor recuerda su paso por San Luis, donde filmó cinco películas, y dice que para defender un personaje, necesariamente, tiene que quererlo.

Luis Antonio Pedro Barattero parece a simple vista un hombre de cuidado, con mirada fuerte y una actitud como de quien siempre está presto para la acción, para la pelea, y sin embargo al sonreír se genera una metamorfosis inmediata que lo convierte en un tipo de lo más simpático y afable. Esa es la primera impresión que provoca conocer a Luis Luque, el alter ego artístico de este prestigioso actor argentino, y justamente esa dualidad que expresa de manera natural en su semblante es lo que lo ha llevado a interpretar a personajes tan dispares y complejos, en cine, teatro y televisión.

“Conozco mucho a San Luis, hice varias películas y he ido muchas veces, hasta he estado enfermo en San Luis. Quiero mucho a la gente de la provincia y lo sa - ben, porque siempre me sentí súper, muy bien cuidado”, dijo el actor que en Villa Mercedes formó parte del elenco de “El buen destino”, dirigida por Leonor Bene - detto, y en la capital puntana participó de los rodajes de “Paco”, de Diego Rafecas, “La velocidad funda el olvido”, de Marcelo Schapces, “Tres de corazones”, del gran Sergio Renán, y “Mis días con Gloria”, de Juan José Jusid.

A inicio de los 80 fue parte de una camada que la prensa bautizó como “Los galancitos”, junto a Darío Grandinetti, Daniel Fanego y hasta Ricardo Darín, lí- nea de la que pronto fue despegándose al aceptar papeles ajenos a las telenovelas. Aunque en el humor se ha manejado con soltura, los roles de villano, oscuro y duro son los roles que más le han caído. De hecho, de las interpretaciones más descollantes en los últimos tiempos se destacan el Polaco Levan en la ficción política “El puntero” (2011) y Yiyo en el policial “Un gallo para Esculapio” (2017). Con la marginalidad como escenario en común, Luque dio vida a sujetos parecidos en lo violento y marginal, los que mejor le quedan, aunque con conflictos y personalidades diferentes, algo que lo exime de encasillarse en estereotipos.

“Ambos personajes forman parte de la estructura de un género, que refleja un ambiente que se da en todo el mundo, mientras que cada país le da su color, pero que se enfoca en el conflicto básico de la marginalidad, de la gente que vive fuera de la ley y que tiene su ley propia; seres que pasan de todo y que son buenos, malos y confusos, como cualquier persona. En definitiva retratan un hecho humano. Es decir, una lectura que puede darse en cualquier lugar del mundo”, resume el actor de modo abstracto, para luego reflexionar: “En realidad el hombre puede estar en caminos distintos, que son más oscuros o más luminosos, pero básicamente sus conflictos son totalmente iguales. Como actor, humanizar esos personajes implica mi manera de trabajar, porque los necesito querer para interpretar lo peor que tienen y que así la gente crea que lo que hago es verdad. Esto es aparte de mis valores personales, pues me parece que quien hace daño no está bien”. Con esa introducción, “Pipo” (como se lo llama cariñosamente en el ambiente) se adentra en uno de sus últimos éxitos, “Un gallo para Esculapio”, donde fue Yiyo, un pirata del asfalto “que tiene un novio que viene de la cárcel con él, que además tiene una pareja swinger y cuya compleja personalidad también se demuestra en la escena final de la serie con Marcello ‘Chelo Esculapio’ Ghío (Luis Brandoni), donde llora porque lo ama, pero debe sobrevivir porque la realidad en la que se mueve es la ley de la selva. Mi propia lectura sobre la vida es muy profunda y nada suave, lo que me permite meterme a interpretar personajes como esos”.

La miniserie a la que alude fue la más exitosa del 2017, con creación de Sebastián Ortega, dirección de Bruno Stagnaro y un reparto encabezado por Brandoni y un sorprendente Peter Lanzani (“Aliados”, “Casi ángeles”), “un chiquilín al que no conocía pero que admiro mucho porque es un grosso; con decir que hace 4 años, cuando tenía 21, se produjo él mismo con ‘Equus’ y recientemente interpretó a 14 personajes en ‘El emperador Gynt’, en el Centro Cultural San Martín; un grosso el pibe”. De Brandoni, sólo decir que es y siempre será un referente histórico del arte de actuar, y que en ‘Un gallo’ dio cátedra. Por otra parte muchos de los que participaron en la serie no eran actores, algo de lo que enteré después porque estuvieron bárbaros, mérito del director; porque Stagnaro es algo serio, raya en lo genial. Tiene una manera de filmar muy particular, es un animal. Lo fui siguiendo sin entender adónde iba, pero él ya tenía la película en la cabeza y su modo de laburar es el caos, algo que yo también hago y por eso cuando confrontamos nos llevamos muy bien”.

Sobre las nuevas generaciones de actores, Luque da como ejemplo a su ex compañero de tira, Lanzani, y Benjamín Rojas, entre otros, “que son de la generación de pibes que se iniciaron con Cris Morena y que tienen una disciplina y respeto por el trabajo que realmente los admirás; son chicos que a los 16 años llenaban estadios de 75.000 personal en Rusia, son increíbles. Y los admiro porque sostengo que el secreto se encuentra en el amor a la disciplina, al trabajo y a la memoria. Por ejemplo, antes de empezar un trabajo siempre hablo con todo el equipo y les digo que la base la componen el rigor, el humor y el amor; siempre me enfoco en esos tres pilares a fondo. Hoy me hacés este reportaje como te lo impone tu profesionalismo, del mismo modo yo te lo concedo, porque ambos queremos que la nota sea de excelencia; después, ya nos conocemos, nos encontramos y nos reímos, y después ya nos queremos. Así es para mí el proceso creativo y también el proceso de la vida misma”.

Luego del éxito que logró “El Jardín de bronce”, los productores se aprestan a la segunda temporada, en la que Luque volvería a formar dupla con Joaquín Furriel para la continuación del atrapante policial negro. Además, sigue en danza la posibilidad de seguir la historia de “Un gallo para Esculapio”, cuyo rodaje comenzaría en mayo.

Nota: Alfredo Salinas

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