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Los desplazados y sus miedos

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Los desplazados y sus miedos

Cuando la discusión es acerca de los desplazados del mundo, el cambio climático irrumpe como un nuevo fenómeno a ser considerado. Antes de ser un desplazado, millones de personas “temen”, a “causas razonables de la naturaleza”, como la razón absoluta de ese doloroso desplazamiento.

El cambio climático es uno de los principales impulsores de las migraciones y lo será cada vez más. Incluso tendrá un papel más significativo como generador de desplazamientos de personas que los conflictos armados, que hoy provocan enormes crisis de refugiados.

Los conflictos en Siria y África subsahariana, que recientemente provocaron que un millón de refugiados y migrantes ingresaran a Europa, es una cuestión de importancia política. Pero el impacto del cambio climático va a hacer que ese millón parezca un número pequeño, porque hay trescientos o cuatrocientos millones de personas que viven en países en desarrollo en zonas bajas, cerca del mar. Y si el nivel del mar sube, esas personas van a tener que moverse.

En muchos países del mundo los agricultores son los más afectados por las sequías y se moverán. Con sus animales, sus familias o lo que sea. Y luego… no tendrán muchos lugares adonde ir. El mundo es uno solo y no pueden irse muy lejos.

Ese movimiento no será solamente nacional; la gente se moverá a otros países. Uno de los ejemplos es Kiribati, una pequeña isla en el océano Pacífico que tiene unos 100.000 habitantes y va a desaparecer en unos pocos años. ¿Qué pasará con esa población?

¿Se puede hablar, en sentido estricto, de refugiados climáticos? La comunidad internacional hasta ahora no ha convalidado esa definición, pero el tema debería considerarse, por realidades como el aumento del nivel de mar, los huracanes cada vez más destructivos o las pertinaces sequías.

El mundo debe ser “solidario” y “no cerrar las puertas” ante quienes se desplacen debido a los eventos extremos del clima. Y los foros de discusión son los más elevados, de cuanto pueda esperarse.

La cuestión del cambio climático es especialmente conflictiva en el G20, ya que el año pasado, durante la presidencia alemana, Estados Unidos no adhirió al Plan de Acción sobre el Clima consensuado por el resto, lo que llevó a muchos a concluir que el G20 se había convertido en el Grupo de 19+1.

La Argentina es sede del G20, y quiere mostrarse activo ante la comunidad internacional en la batalla contra el cambio climático, pero no puso el tema como una de las prioridades para este año, para evitar conflictos. No hace falta decir mucho más.

Pero la mirada académica internacional dice que el G20 tiene que tener el liderazgo político para incluir en las recomendaciones de este año, que el Acuerdo de París debe ser instrumentado, porque si no será un lindo acuerdo, pero quedará en un estante.

Porque a pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional contra el cambio climático, en 2017 hubo un incremento de las emisiones de gases de efecto invernaderos, tras haber disminuido los tres años precedentes. La razón, fue un incremento en el consumo de combustibles fósiles.

Las energías renovables redujeron su precio en los últimos años, pero las fósiles todavía son más baratas. Los costos de las energías renovables son elevados no sólo para los países en desarrollo. Incluso Alemania, cuando decidió poner un freno a la energía nuclear, tuvo que recurrir al carbón.

El gobierno argentino está demasiado preocupado en cobrar tarifas altas, como para hablar de energías que beneficien a millones de personas a un costo muy inferior.

No hay ninguna cuestión a nivel internacional aparte de la seguridad y la proliferación nuclear que sea más importante que el cambio climático. Pero Argentina no quiere discutir este tema.

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Los desplazados y sus miedos

Cuando la discusión es acerca de los desplazados del mundo, el cambio climático irrumpe como un nuevo fenómeno a ser considerado. Antes de ser un desplazado, millones de personas “temen”, a “causas razonables de la naturaleza”, como la razón absoluta de ese doloroso desplazamiento.

El cambio climático es uno de los principales impulsores de las migraciones y lo será cada vez más. Incluso tendrá un papel más significativo como generador de desplazamientos de personas que los conflictos armados, que hoy provocan enormes crisis de refugiados.

Los conflictos en Siria y África subsahariana, que recientemente provocaron que un millón de refugiados y migrantes ingresaran a Europa, es una cuestión de importancia política. Pero el impacto del cambio climático va a hacer que ese millón parezca un número pequeño, porque hay trescientos o cuatrocientos millones de personas que viven en países en desarrollo en zonas bajas, cerca del mar. Y si el nivel del mar sube, esas personas van a tener que moverse.

En muchos países del mundo los agricultores son los más afectados por las sequías y se moverán. Con sus animales, sus familias o lo que sea. Y luego… no tendrán muchos lugares adonde ir. El mundo es uno solo y no pueden irse muy lejos.

Ese movimiento no será solamente nacional; la gente se moverá a otros países. Uno de los ejemplos es Kiribati, una pequeña isla en el océano Pacífico que tiene unos 100.000 habitantes y va a desaparecer en unos pocos años. ¿Qué pasará con esa población?

¿Se puede hablar, en sentido estricto, de refugiados climáticos? La comunidad internacional hasta ahora no ha convalidado esa definición, pero el tema debería considerarse, por realidades como el aumento del nivel de mar, los huracanes cada vez más destructivos o las pertinaces sequías.

El mundo debe ser “solidario” y “no cerrar las puertas” ante quienes se desplacen debido a los eventos extremos del clima. Y los foros de discusión son los más elevados, de cuanto pueda esperarse.

La cuestión del cambio climático es especialmente conflictiva en el G20, ya que el año pasado, durante la presidencia alemana, Estados Unidos no adhirió al Plan de Acción sobre el Clima consensuado por el resto, lo que llevó a muchos a concluir que el G20 se había convertido en el Grupo de 19+1.

La Argentina es sede del G20, y quiere mostrarse activo ante la comunidad internacional en la batalla contra el cambio climático, pero no puso el tema como una de las prioridades para este año, para evitar conflictos. No hace falta decir mucho más.

Pero la mirada académica internacional dice que el G20 tiene que tener el liderazgo político para incluir en las recomendaciones de este año, que el Acuerdo de París debe ser instrumentado, porque si no será un lindo acuerdo, pero quedará en un estante.

Porque a pesar de los esfuerzos de la comunidad internacional contra el cambio climático, en 2017 hubo un incremento de las emisiones de gases de efecto invernaderos, tras haber disminuido los tres años precedentes. La razón, fue un incremento en el consumo de combustibles fósiles.

Las energías renovables redujeron su precio en los últimos años, pero las fósiles todavía son más baratas. Los costos de las energías renovables son elevados no sólo para los países en desarrollo. Incluso Alemania, cuando decidió poner un freno a la energía nuclear, tuvo que recurrir al carbón.

El gobierno argentino está demasiado preocupado en cobrar tarifas altas, como para hablar de energías que beneficien a millones de personas a un costo muy inferior.

No hay ninguna cuestión a nivel internacional aparte de la seguridad y la proliferación nuclear que sea más importante que el cambio climático. Pero Argentina no quiere discutir este tema.

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