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La tecnología como aliada

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La tecnología como aliada

El uso generalizado de tecnología será un factor fundamental para combatir los efectos nefastos del cambio climático y reducir las emisiones de gases invernadero. Por ello, numerosos países de África, el continente más expuesto a estos fenómenos, ya impulsan soluciones basadas en la ciencia.

La Red y Centro de Tecnología Climática (CTCN, en inglés) y el Centro Mundial Agroforestal (Icraf) ayudan a los países a tomar decisiones políticas, tecnológicas y en materia de inversiones, para mejorar los enfoques, hacer concreta la mitigación, y adaptarse a los nuevos escenarios.

Desde instalaciones de producción de biogás y de energía solar, hasta mejores formas de conservación del agua, las historias exitosas en el continente abundan. El desafío ahora es expandirlas, plantean especialistas. La capacidad de las alternativas renovables en África podría aumentar 290 por ciento entre 2015 y 2030, muy por encima de 161 por ciento en Asia y 43 por ciento en América Latina.

El Acuerdo de París sobre cambio climático se apoya en el compromiso de reducir las emisiones contaminantes, garantizar fondos para fuentes de energía alternativas y adaptar la tecnología utilizada en las actividades cotidianas a fin de reducir la huella de carbono de la humanidad en el planeta.

Los países africanos internalizaron y realizan esfuerzos considerables para lograr esos objetivos a pesar de las limitaciones económicas. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas elogió a este continente por apostar a la tecnología y a la innovación en su esfuerzo contra el cambio climático.

Por ejemplo, Mali logró en áreas rurales, reducir de 20 a 50 por ciento el volumen de agua perdido por la escorrentía, dependiendo del tipo de suelo. Eso mejoró el rendimiento de los cultivos en un área que sufrió una sequía severa, así como la calidad de vida gracias al aumento de los ingresos.

Por su parte, otra nación, Mauricio, integró el uso de economizadores de caldera, que capturan el calor desperdiciado de los gases de escape y los transfiere al agua de alimentación. Lo que redujo la dependencia del país en los combustibles fósiles importados, reduciendo el costo de la energía e impulsando el crecimiento socioeconómico de la ciudadanía.

Marruecos optó por la tecnología fotovoltaica, que aprovecha la energía solar para una mayor producción de energía. Esto ayudó al país a aumentar en 42 por ciento la incidencia de las fuentes de energías renovables, disminuyendo el aire contaminado y mejorando la calidad de vida de la población.

En Kenia, se instaló una planta geotérmica de 630 megavatios, que provee de electricidad a 500.000 hogares y a 300.000 pequeñas y medianas empresas. Este país sólo tiene la capacidad de generar 10.000 megavatios a partir de sus recursos geotérmicos.

La mayoría de los países africanos eligieron tecnologías limpias como parte de sus soluciones ambientales. Y la ONU apoya esos esfuerzos a través de su trabajo, desarrollando opciones más limpias para generar energía a partir de biomasa leñosa, una tecnología clave utilizada en este continente.

La organización también se asoció con varios países de África oriental como Uganda, Etiopía, Ruanda y Burundi en el proyecto llamado Árboles para la Seguridad Alimentaria, para realizar una amplia investigación y desarrollo de especies de árboles especiales para cada país. Eso implica detectar plantines acordes para cada área específica y garantizar la utilización de técnicas agrícolas modernas durante la plantación.

La cobertura forestal ayuda a evitar la desertificación, reduce las emisiones de dióxido de carbono gracias a la fotosíntesis y embellece el paisaje. Y la Iniciativa Verde para Enfriar a África, implementada en Ghana y Namibia, se basa en los modernos aires acondicionados y en otros dispositivos de refrigeración, que usan un mínimo de electricidad y liberan bajos volúmenes de toxinas a la atmósfera.

En el continente más postergado del planeta la tecnología funciona como aliada frente al cambio climático. Es un ejemplo no muy difícil de replicar.

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La tecnología como aliada

El uso generalizado de tecnología será un factor fundamental para combatir los efectos nefastos del cambio climático y reducir las emisiones de gases invernadero. Por ello, numerosos países de África, el continente más expuesto a estos fenómenos, ya impulsan soluciones basadas en la ciencia.

La Red y Centro de Tecnología Climática (CTCN, en inglés) y el Centro Mundial Agroforestal (Icraf) ayudan a los países a tomar decisiones políticas, tecnológicas y en materia de inversiones, para mejorar los enfoques, hacer concreta la mitigación, y adaptarse a los nuevos escenarios.

Desde instalaciones de producción de biogás y de energía solar, hasta mejores formas de conservación del agua, las historias exitosas en el continente abundan. El desafío ahora es expandirlas, plantean especialistas. La capacidad de las alternativas renovables en África podría aumentar 290 por ciento entre 2015 y 2030, muy por encima de 161 por ciento en Asia y 43 por ciento en América Latina.

El Acuerdo de París sobre cambio climático se apoya en el compromiso de reducir las emisiones contaminantes, garantizar fondos para fuentes de energía alternativas y adaptar la tecnología utilizada en las actividades cotidianas a fin de reducir la huella de carbono de la humanidad en el planeta.

Los países africanos internalizaron y realizan esfuerzos considerables para lograr esos objetivos a pesar de las limitaciones económicas. De hecho, la Organización de las Naciones Unidas elogió a este continente por apostar a la tecnología y a la innovación en su esfuerzo contra el cambio climático.

Por ejemplo, Mali logró en áreas rurales, reducir de 20 a 50 por ciento el volumen de agua perdido por la escorrentía, dependiendo del tipo de suelo. Eso mejoró el rendimiento de los cultivos en un área que sufrió una sequía severa, así como la calidad de vida gracias al aumento de los ingresos.

Por su parte, otra nación, Mauricio, integró el uso de economizadores de caldera, que capturan el calor desperdiciado de los gases de escape y los transfiere al agua de alimentación. Lo que redujo la dependencia del país en los combustibles fósiles importados, reduciendo el costo de la energía e impulsando el crecimiento socioeconómico de la ciudadanía.

Marruecos optó por la tecnología fotovoltaica, que aprovecha la energía solar para una mayor producción de energía. Esto ayudó al país a aumentar en 42 por ciento la incidencia de las fuentes de energías renovables, disminuyendo el aire contaminado y mejorando la calidad de vida de la población.

En Kenia, se instaló una planta geotérmica de 630 megavatios, que provee de electricidad a 500.000 hogares y a 300.000 pequeñas y medianas empresas. Este país sólo tiene la capacidad de generar 10.000 megavatios a partir de sus recursos geotérmicos.

La mayoría de los países africanos eligieron tecnologías limpias como parte de sus soluciones ambientales. Y la ONU apoya esos esfuerzos a través de su trabajo, desarrollando opciones más limpias para generar energía a partir de biomasa leñosa, una tecnología clave utilizada en este continente.

La organización también se asoció con varios países de África oriental como Uganda, Etiopía, Ruanda y Burundi en el proyecto llamado Árboles para la Seguridad Alimentaria, para realizar una amplia investigación y desarrollo de especies de árboles especiales para cada país. Eso implica detectar plantines acordes para cada área específica y garantizar la utilización de técnicas agrícolas modernas durante la plantación.

La cobertura forestal ayuda a evitar la desertificación, reduce las emisiones de dióxido de carbono gracias a la fotosíntesis y embellece el paisaje. Y la Iniciativa Verde para Enfriar a África, implementada en Ghana y Namibia, se basa en los modernos aires acondicionados y en otros dispositivos de refrigeración, que usan un mínimo de electricidad y liberan bajos volúmenes de toxinas a la atmósfera.

En el continente más postergado del planeta la tecnología funciona como aliada frente al cambio climático. Es un ejemplo no muy difícil de replicar.

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