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“La danza y el deporte son sanadores”

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“La danza y el deporte son sanadores”

Florencia Espinosa

A los 7 le dijeron que era muy alta para ser bailarina, pero se convirtió en una de las artistas más reconocidas. Hace tres años se rompió los ligamentos y no pudo bailar más; aunque en medio de la angustia fundó su escuela. Una mujer con pasión y que va de frente.

Abre la puerta de la suite flotante del Hotel Potrero de los Funes, donde se hospedó durante su paso por la provincia, e impacta su altura y delgadez. Quizás no por los centímetros, que según afirma no llegan al metro ochenta, sino por su actitud y desparpajo. La bailarina Laura Fidalgo nació y creció en el barrio porteño de Flores en una familia tipo, conformada por su mamá, papá y hermano; tuvo su primer cero kilómetro después de ganárselo en un partido de basket en el programa de Marcelo Tinelli; baila desde los cuatro años; se rompió los ligamentos hace tres y eso la impulsó a tomar nuevos caminos, como llegar a tener siete escuelas de baile repartidas por toda la Argentina; y asegura que muchas veces no le va bien en el medio por ser tan auténtica y frontal.

Acaba de estrenar la segunda película donde participó, “No llores por mí, Inglaterra”, donde interpreta, justamente, a una chica aventurera que canta, baila y actúa; y en la que, al igual que en el baile, le cuesta verse y disfrutar de eso ya que se define como muy autoexigente y perfeccionista. Además, asegura que “cualquiera puede bailar”, siempre que tenga la pasión, y lo demuestra en el programa que tiene ese nombre, todos los domingos por América Tv.

En una charla con Cooltura se acordó de todos: de la producción de Ideas del Sur, quienes la dejaron olvidada después de su accidente; de las nuevas chicas mediáticas que llegan mostrando sólo el físico; y de aquella maestra de ballet de Flores, que a los 7 años le dijo que no iba a poder bailar nunca, porque era demasiado alta y tenía el pie plano. Triunfó en el mundo, bailó en el Moulin Rouge de Francia, en España y en casi toda Latinoamérica; pero hoy asegura que no hay mejor lugar que Argentina, país que ama y donde tiene a su familia.

—Estrenaron hace poco la última película donde trabajaste, ¿te gusta más que hacer teatro?

—Me encanta hacer cine, es otro código. Me cuesta y estoy aprendiendo. Yo vengo del teatro, donde es todo grande, porque te tienen que ver desde la última fila, por lo tanto tengo que exagerar, proyectar mi voz. Acá es al revés, me pedían la voz suavecita. Es algo totalmente distinto, la tele, el teatro y el cine. Le voy sacando el gusto. Soy muy autocrítica, es un tema eso, me cuesta disfrutar, busco la perfección. Siempre la exigencia está presente.

—¿En el baile sos muy autoexigente también, a pesar de ya estar consagrada?

—Sí, siempre veo el error. Yo trabajo desde muy chica. Me rompí la pierna y sigo, tal vez no bailo pero hago otras cosas. Veo mucha la técnica, soy súper minuciosa. Quizás el público no ve esa clase de errores pero yo siento que no puedo errar en eso. Le pongo mucha energía, soy a todo o nada, blanco o negro.

—¿Cómo ves ahora las obras de teatro encabezadas por mediáticos?

—Es triste, porque es un país de tanto talento, en todo sentido. Se exportan cerebros. Me encuentro con gente que no sé de dónde salió. Yo audiciono durante tres meses y viene una chica por el camino fácil y aparece ahí. Camino rápido, sin códigos, sin valores sobre cómo adquirir una carrera, con profesionalismo. Es muy injusto. A veces algunos medios, sobre todo de Buenos Aires, le dan la promoción a gente que no se lo merece, todo porque muestran la cola.

—¿De qué se trata tu programa “Cualquiera puede bailar”?

—Cualquiera puede bailar es un sueño desde hace 10 años. La danza es un canal para otra cosa. Tengo una misión en esta vida que es demostrar eso. La gente me espera a la salida del teatro y yo me quedo horas saludando a uno por uno. Gracias al público yo sigo trabajando de lo que amo. En los contratos yo aclaro eso, que no me saquen rápido porque me gusta quedarme. Con el programa me dio la posibilidad de demostrar que cualquiera puede bailar, no importa la edad ni la condición. El deporte y la danza son sanadores. Si a vos te gusta bailar pero no lo hacés, yo te juro que te saco bailarina. Pero te tiene que gustar. Si no lo sentís no te va a salir. A mí me decían de chica que nunca iba a bailar, ‘sos alta, tenés pie plano’. Tenía una maestra en el barrio de Flores donde empecé a los 4 años. A los 7 años me empezaron a decir eso. Estaba en ballet clásico. Me bajoneaba mucho y lloraba. Pero seguí yendo. Tenía el don y la voluntad. Los maestros tienen que tener amor puro, trabajás con los cuerpos de la gente. Tiene que tener motivación. Yo me hice fuerte. Lloraba, me angustiaba, pero seguía. Hay gente a la que anulás de por vida con comentarios así.

—¿Hay famosos que se olvidan de la gratitud con el público?

—Hay, pero son los inseguros. Lamentablemente son apoyados por periodistas o generan una empresa, un marketing con que vos te la creés que son buenísimos pero en realidad son vivos para el marketing. El mío siempre fue trabajar y mostrarme auténtica. Eso la gente lo percibe. Las chupamedias me aburren y no transo con esas cosas.

—Se habla mucho de la exposición de la mujer como un “objeto”, ¿cómo ves que en un teatro las bailarinas e incluso las que encabezan lo hagan con poca ropa?

—Yo lo veo depende de cómo vos te presentés. Yo he hecho una tapa en España de la revista Interview en topless. Estaba terminando mi casa. Me presenté en la editorial, subí la pierna a la pared y le pedí hacer la tapa. Les tapé la boca. Mostrar sin sostenerlo con talento no tiene sentido. Me parece que si hay un sentido y se justifica está bien. Es algo artístico. Ahora si nadie te conoce y salís desnuda para hacerte conocida, me parece triste.

—¿Sufriste alguna vez un episodio de acoso?

—No, y para mí la verdad es cómo vos te plantás. Hay pibas que dijeron que fueron acosadas y yo les preguntaría cuál es tu carrera. Subieron porque transaron con alguien y ahora dicen que las acosan. No tiene carrera. Empezaron mostrando su cuerpo mal. Es todo muy mediático. No podés saltar después de 10 años que te acosaron. Te tenés que ir al toque y hacés la denuncia. Nunca me han acosado porque siempre me he plantado. Pero decir esto en los medios es difícil, todo te juega en contra ya que es un tema muy sensible.

—Parecés una mujer frontal y comprometida con la realidad.

—Yo mantengo a mi familia, tengo un cable a tierra. Me conecto con mis alumnos. Primero está lo humano. Yo amo lo que hago y en mi próxima vida elegiría lo mismo. Yo digo la verdad y lo que me parece. En la mesa de Mirtha una vez increpé a un político y me dijeron ‘qué contestataria’. No es así, ¿porque me planto soy contestataria? Mi cuñada trabaja en neonatología y no tiene insumos para atender bebés. Estoy harta de los que chupan las medias. Voy al frente y el medio me juega en contra.

—¿Cómo estás de la pierna después del accidente?

—Estuve muy mal anímicamente. Estuve diez años en el Bailando por un sueño. Me convocaron por mi currículum. El último año se me rompen los ligamentos cruzados ahí, me tuvo que pasar, no digo que fue culpa de ellos. Pero al mes me operaron y nunca me llamaron para ver cómo estaba. Además me quedé sin trabajo. Es mi vida bailar, lo hago desde los 4. No es un plan B, es el plan A. Estoy sin bailar hace ya tres años. Pasé por angustia, depresión, momentos muy duros. Gracias a mi familia, amigos y pareja salí adelante, pero ellos me dejaron muy sola. Gracias a eso pude abrir otras vetas, pero sé que todo es por algo. Yo respondí siempre y ellos no lo hicieron conmigo. Primero hay que ser buenas personas y después buenos profesionales.

—¿Hacés rehabilitación?

—La rehabilitación es eterna. Nunca más hice un espectáculo. Todavía no puedo bailar; puedo hacer algo tranqui, pero como bailaba antes ya no. Hubo un crecimiento desde otro lado, en otras facetas. Ahora me permito viajar por el país, acompañar a mi pareja. Antes era la vida dedicada al baile, pero lo volvería a elegir. Igual vivo el baile desde otro lado, llegué a tener siete escuelas de baile, pero me tuve que achicar y ahora tengo una en Buenos Aires, otra en Corrientes y hace poco abrimos en Misiones.

—¿Tenés otros proyectos personales, como la maternidad?

—Mi prioridad siempre fue la carrera. Y mi familia era mis papás y mi hermano y sacarlos adelante a ellos. Es mi forma de dejar un legado. Siempre fue mi objetivo y siempre era trabajar y bailar afuera, entrenar. No le daba prioridad a lo personal en cuanto a formar familia. No sentí la necesidad de ser madre. Pasó el tiempo y lamentablemente tenemos un reloj biológico y cuando sentís que es el momento, donde estás más madura, mi carrera consagrada, estoy bien, enamorada; podría pero bueno, no llega. La edad no ayuda y yo no congelé óvulos en su momento. La verdad hacer tratamientos me desgastaría. Me encanta que otras mujeres lo hagan y me pone feliz de que haya esta evolución en la medicina. Pero yo creo que si el de arriba no me lo mandó también es por algo.

—¿Hiciste hincapié en el tema de dejar un legado, creés que lo lograste?

—Sí, por la respuesta de la gente. Y con mis alumnos, muchos volaron y están haciendo gira por el mundo.

—¿Ya habías venido a San Luis? ¿Qué te parece la provincia?

—Sí, pero siempre a trabajar. Esta vez vine a acompañar a mi pareja, Pablo Otero, que es piloto, y lo estoy disfrutando un montón. Es maravilloso. Y la gente del interior tiene otro encanto, otro cariño.

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“La danza y el deporte son sanadores”

A los 7 le dijeron que era muy alta para ser bailarina, pero se convirtió en una de las artistas más reconocidas. Hace tres años se rompió los ligamentos y no pudo bailar más; aunque en medio de la angustia fundó su escuela. Una mujer con pasión y que va de frente.

Abre la puerta de la suite flotante del Hotel Potrero de los Funes, donde se hospedó durante su paso por la provincia, e impacta su altura y delgadez. Quizás no por los centímetros, que según afirma no llegan al metro ochenta, sino por su actitud y desparpajo. La bailarina Laura Fidalgo nació y creció en el barrio porteño de Flores en una familia tipo, conformada por su mamá, papá y hermano; tuvo su primer cero kilómetro después de ganárselo en un partido de basket en el programa de Marcelo Tinelli; baila desde los cuatro años; se rompió los ligamentos hace tres y eso la impulsó a tomar nuevos caminos, como llegar a tener siete escuelas de baile repartidas por toda la Argentina; y asegura que muchas veces no le va bien en el medio por ser tan auténtica y frontal.

Acaba de estrenar la segunda película donde participó, “No llores por mí, Inglaterra”, donde interpreta, justamente, a una chica aventurera que canta, baila y actúa; y en la que, al igual que en el baile, le cuesta verse y disfrutar de eso ya que se define como muy autoexigente y perfeccionista. Además, asegura que “cualquiera puede bailar”, siempre que tenga la pasión, y lo demuestra en el programa que tiene ese nombre, todos los domingos por América Tv.

En una charla con Cooltura se acordó de todos: de la producción de Ideas del Sur, quienes la dejaron olvidada después de su accidente; de las nuevas chicas mediáticas que llegan mostrando sólo el físico; y de aquella maestra de ballet de Flores, que a los 7 años le dijo que no iba a poder bailar nunca, porque era demasiado alta y tenía el pie plano. Triunfó en el mundo, bailó en el Moulin Rouge de Francia, en España y en casi toda Latinoamérica; pero hoy asegura que no hay mejor lugar que Argentina, país que ama y donde tiene a su familia.

—Estrenaron hace poco la última película donde trabajaste, ¿te gusta más que hacer teatro?

—Me encanta hacer cine, es otro código. Me cuesta y estoy aprendiendo. Yo vengo del teatro, donde es todo grande, porque te tienen que ver desde la última fila, por lo tanto tengo que exagerar, proyectar mi voz. Acá es al revés, me pedían la voz suavecita. Es algo totalmente distinto, la tele, el teatro y el cine. Le voy sacando el gusto. Soy muy autocrítica, es un tema eso, me cuesta disfrutar, busco la perfección. Siempre la exigencia está presente.

—¿En el baile sos muy autoexigente también, a pesar de ya estar consagrada?

—Sí, siempre veo el error. Yo trabajo desde muy chica. Me rompí la pierna y sigo, tal vez no bailo pero hago otras cosas. Veo mucha la técnica, soy súper minuciosa. Quizás el público no ve esa clase de errores pero yo siento que no puedo errar en eso. Le pongo mucha energía, soy a todo o nada, blanco o negro.

—¿Cómo ves ahora las obras de teatro encabezadas por mediáticos?

—Es triste, porque es un país de tanto talento, en todo sentido. Se exportan cerebros. Me encuentro con gente que no sé de dónde salió. Yo audiciono durante tres meses y viene una chica por el camino fácil y aparece ahí. Camino rápido, sin códigos, sin valores sobre cómo adquirir una carrera, con profesionalismo. Es muy injusto. A veces algunos medios, sobre todo de Buenos Aires, le dan la promoción a gente que no se lo merece, todo porque muestran la cola.

—¿De qué se trata tu programa “Cualquiera puede bailar”?

—Cualquiera puede bailar es un sueño desde hace 10 años. La danza es un canal para otra cosa. Tengo una misión en esta vida que es demostrar eso. La gente me espera a la salida del teatro y yo me quedo horas saludando a uno por uno. Gracias al público yo sigo trabajando de lo que amo. En los contratos yo aclaro eso, que no me saquen rápido porque me gusta quedarme. Con el programa me dio la posibilidad de demostrar que cualquiera puede bailar, no importa la edad ni la condición. El deporte y la danza son sanadores. Si a vos te gusta bailar pero no lo hacés, yo te juro que te saco bailarina. Pero te tiene que gustar. Si no lo sentís no te va a salir. A mí me decían de chica que nunca iba a bailar, ‘sos alta, tenés pie plano’. Tenía una maestra en el barrio de Flores donde empecé a los 4 años. A los 7 años me empezaron a decir eso. Estaba en ballet clásico. Me bajoneaba mucho y lloraba. Pero seguí yendo. Tenía el don y la voluntad. Los maestros tienen que tener amor puro, trabajás con los cuerpos de la gente. Tiene que tener motivación. Yo me hice fuerte. Lloraba, me angustiaba, pero seguía. Hay gente a la que anulás de por vida con comentarios así.

—¿Hay famosos que se olvidan de la gratitud con el público?

—Hay, pero son los inseguros. Lamentablemente son apoyados por periodistas o generan una empresa, un marketing con que vos te la creés que son buenísimos pero en realidad son vivos para el marketing. El mío siempre fue trabajar y mostrarme auténtica. Eso la gente lo percibe. Las chupamedias me aburren y no transo con esas cosas.

—Se habla mucho de la exposición de la mujer como un “objeto”, ¿cómo ves que en un teatro las bailarinas e incluso las que encabezan lo hagan con poca ropa?

—Yo lo veo depende de cómo vos te presentés. Yo he hecho una tapa en España de la revista Interview en topless. Estaba terminando mi casa. Me presenté en la editorial, subí la pierna a la pared y le pedí hacer la tapa. Les tapé la boca. Mostrar sin sostenerlo con talento no tiene sentido. Me parece que si hay un sentido y se justifica está bien. Es algo artístico. Ahora si nadie te conoce y salís desnuda para hacerte conocida, me parece triste.

—¿Sufriste alguna vez un episodio de acoso?

—No, y para mí la verdad es cómo vos te plantás. Hay pibas que dijeron que fueron acosadas y yo les preguntaría cuál es tu carrera. Subieron porque transaron con alguien y ahora dicen que las acosan. No tiene carrera. Empezaron mostrando su cuerpo mal. Es todo muy mediático. No podés saltar después de 10 años que te acosaron. Te tenés que ir al toque y hacés la denuncia. Nunca me han acosado porque siempre me he plantado. Pero decir esto en los medios es difícil, todo te juega en contra ya que es un tema muy sensible.

—Parecés una mujer frontal y comprometida con la realidad.

—Yo mantengo a mi familia, tengo un cable a tierra. Me conecto con mis alumnos. Primero está lo humano. Yo amo lo que hago y en mi próxima vida elegiría lo mismo. Yo digo la verdad y lo que me parece. En la mesa de Mirtha una vez increpé a un político y me dijeron ‘qué contestataria’. No es así, ¿porque me planto soy contestataria? Mi cuñada trabaja en neonatología y no tiene insumos para atender bebés. Estoy harta de los que chupan las medias. Voy al frente y el medio me juega en contra.

—¿Cómo estás de la pierna después del accidente?

—Estuve muy mal anímicamente. Estuve diez años en el Bailando por un sueño. Me convocaron por mi currículum. El último año se me rompen los ligamentos cruzados ahí, me tuvo que pasar, no digo que fue culpa de ellos. Pero al mes me operaron y nunca me llamaron para ver cómo estaba. Además me quedé sin trabajo. Es mi vida bailar, lo hago desde los 4. No es un plan B, es el plan A. Estoy sin bailar hace ya tres años. Pasé por angustia, depresión, momentos muy duros. Gracias a mi familia, amigos y pareja salí adelante, pero ellos me dejaron muy sola. Gracias a eso pude abrir otras vetas, pero sé que todo es por algo. Yo respondí siempre y ellos no lo hicieron conmigo. Primero hay que ser buenas personas y después buenos profesionales.

—¿Hacés rehabilitación?

—La rehabilitación es eterna. Nunca más hice un espectáculo. Todavía no puedo bailar; puedo hacer algo tranqui, pero como bailaba antes ya no. Hubo un crecimiento desde otro lado, en otras facetas. Ahora me permito viajar por el país, acompañar a mi pareja. Antes era la vida dedicada al baile, pero lo volvería a elegir. Igual vivo el baile desde otro lado, llegué a tener siete escuelas de baile, pero me tuve que achicar y ahora tengo una en Buenos Aires, otra en Corrientes y hace poco abrimos en Misiones.

—¿Tenés otros proyectos personales, como la maternidad?

—Mi prioridad siempre fue la carrera. Y mi familia era mis papás y mi hermano y sacarlos adelante a ellos. Es mi forma de dejar un legado. Siempre fue mi objetivo y siempre era trabajar y bailar afuera, entrenar. No le daba prioridad a lo personal en cuanto a formar familia. No sentí la necesidad de ser madre. Pasó el tiempo y lamentablemente tenemos un reloj biológico y cuando sentís que es el momento, donde estás más madura, mi carrera consagrada, estoy bien, enamorada; podría pero bueno, no llega. La edad no ayuda y yo no congelé óvulos en su momento. La verdad hacer tratamientos me desgastaría. Me encanta que otras mujeres lo hagan y me pone feliz de que haya esta evolución en la medicina. Pero yo creo que si el de arriba no me lo mandó también es por algo.

—¿Hiciste hincapié en el tema de dejar un legado, creés que lo lograste?

—Sí, por la respuesta de la gente. Y con mis alumnos, muchos volaron y están haciendo gira por el mundo.

—¿Ya habías venido a San Luis? ¿Qué te parece la provincia?

—Sí, pero siempre a trabajar. Esta vez vine a acompañar a mi pareja, Pablo Otero, que es piloto, y lo estoy disfrutando un montón. Es maravilloso. Y la gente del interior tiene otro encanto, otro cariño.

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