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Un debate que conmovió a todos

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Un debate que conmovió a todos

Hace mucho tiempo que la sociedad no pone tanta atención en el Parlamento. No sólo por la presencia masiva en las calles circundantes del Congreso, si no por la atención generalizada que se puso en el debate sobre la despenalización del aborto. Pese a la efervescencia que genera un Mundial de Fútbol, los medios de comunicación priorizaron la transmisión en vivo del debate, los comentarios, las entrevistas. Y la televisión no regala nada. Mide minuto a minuto.

Si el tratamiento de la cuestión ganó tanto espacio en la pantalla se debió al interés del público. Muchos ciudadanos conocieron la cara y la voz de sus representantes en un tema  importante. En una cuestión transversal que incumbe a todos, quedaron expuestas ideas, decisiones y actitudes. La audiencia atenta aprobó y desaprobó cada intervención. Se pudo visualizar con transparencia la actuación de cada uno. Incluso la desaparición de consignas partidarias previas, provocó la exposición de ideas creativas, y de miradas profundas e interesantes. Del mismo modo dejó al descubierto notables carencias, y posiciones muy difíciles de sostener desde la razón. Por más apertura que se proponga, y se sostenga la posición que se sostenga, un disparate es siempre un disparate. La novedad y los detalles a observar pasan además por la importante participación de las mujeres, lo que a priori es nuevo. En general, son los hombres los que prestan más atención a estas cuestiones. Más allá de este apunte discutible, vale señalar que aproximadamente el 70% de los integrantes de las cámaras son hombres. La apabullante presencia de jóvenes, incluso adolescentes es otra nota llamativa. Presentes e informados, con uno u otra posición. Frescos. Con alguna soltura, con conocimiento. Con mensajes discutibles, pero atinentes. Incluso, en casos poniendo en algún jaque a entrevistadores que interrogan con ligereza y con cierto sesgo de vetustez. Están pasando otras cosas. Y algunas se vieron en estas circunstancias. Un buen ejemplo es lo del lenguaje particular. Ciertas formas de expresión, confusas, casi incomprensibles marcan la existencia de nuevos códigos. Formas conocidas por más personas de las que la opinión pública creía. Para algunos, una pavada. Para otros, algo curioso. Pero algo que, objetivamente, existe y los medios de comunicación, nunca mostraron. Colores, de uno y de otro lado. Pañuelos que identificaban, que daban pertenencia una causa. Parece un momento muy válido para indagar acerca de la promocionada “indiferencia de la gente”. No se percibió. Se dice que nada, ni nadie moviliza: falso. Hubo mucha gente en las calles. En el Congreso, en la Plaza de Mayo y en plazas emblemáticas de muchas ciudades del país. Y la sesión fue extensa, duró muchas horas y no decayó la atención. 

Sería interesante que este interés se prolongue al momento de las campañas electorales. Sería una buena moraleja, que los ciudadanos perciban claramente que no es lo mismo unos que otros. Que las elecciones parlamentarias son importantes. Que se elige a quienes van a decidir las leyes que regulan la convivencia en democracia. Que su formación, sus criterios, sus convicciones pesan. Que más allá de que son muy importantes los partidos políticos, los bloques y las ideologías, que son trascendentes las lealtades, es muy importante evaluar la formación y el criterio de cada legislador. Hay estudiosos, trabajadores, detallistas, serios y perseverantes; y hay otros.          

Así funciona la democracia. Para esto se eligen los representantes. Y cabe que la sociedad, más allá de iniciativas de legisladores y gobernantes, fije la agenda. Participe. Nutra el debate. Marque posiciones. Haga valer sus miradas. Inicialmente parece un paso adelante. Se celebra. Ojalá se repita y se sostenga. 

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Un debate que conmovió a todos

Hace mucho tiempo que la sociedad no pone tanta atención en el Parlamento. No sólo por la presencia masiva en las calles circundantes del Congreso, si no por la atención generalizada que se puso en el debate sobre la despenalización del aborto. Pese a la efervescencia que genera un Mundial de Fútbol, los medios de comunicación priorizaron la transmisión en vivo del debate, los comentarios, las entrevistas. Y la televisión no regala nada. Mide minuto a minuto.

Si el tratamiento de la cuestión ganó tanto espacio en la pantalla se debió al interés del público. Muchos ciudadanos conocieron la cara y la voz de sus representantes en un tema  importante. En una cuestión transversal que incumbe a todos, quedaron expuestas ideas, decisiones y actitudes. La audiencia atenta aprobó y desaprobó cada intervención. Se pudo visualizar con transparencia la actuación de cada uno. Incluso la desaparición de consignas partidarias previas, provocó la exposición de ideas creativas, y de miradas profundas e interesantes. Del mismo modo dejó al descubierto notables carencias, y posiciones muy difíciles de sostener desde la razón. Por más apertura que se proponga, y se sostenga la posición que se sostenga, un disparate es siempre un disparate. La novedad y los detalles a observar pasan además por la importante participación de las mujeres, lo que a priori es nuevo. En general, son los hombres los que prestan más atención a estas cuestiones. Más allá de este apunte discutible, vale señalar que aproximadamente el 70% de los integrantes de las cámaras son hombres. La apabullante presencia de jóvenes, incluso adolescentes es otra nota llamativa. Presentes e informados, con uno u otra posición. Frescos. Con alguna soltura, con conocimiento. Con mensajes discutibles, pero atinentes. Incluso, en casos poniendo en algún jaque a entrevistadores que interrogan con ligereza y con cierto sesgo de vetustez. Están pasando otras cosas. Y algunas se vieron en estas circunstancias. Un buen ejemplo es lo del lenguaje particular. Ciertas formas de expresión, confusas, casi incomprensibles marcan la existencia de nuevos códigos. Formas conocidas por más personas de las que la opinión pública creía. Para algunos, una pavada. Para otros, algo curioso. Pero algo que, objetivamente, existe y los medios de comunicación, nunca mostraron. Colores, de uno y de otro lado. Pañuelos que identificaban, que daban pertenencia una causa. Parece un momento muy válido para indagar acerca de la promocionada “indiferencia de la gente”. No se percibió. Se dice que nada, ni nadie moviliza: falso. Hubo mucha gente en las calles. En el Congreso, en la Plaza de Mayo y en plazas emblemáticas de muchas ciudades del país. Y la sesión fue extensa, duró muchas horas y no decayó la atención. 

Sería interesante que este interés se prolongue al momento de las campañas electorales. Sería una buena moraleja, que los ciudadanos perciban claramente que no es lo mismo unos que otros. Que las elecciones parlamentarias son importantes. Que se elige a quienes van a decidir las leyes que regulan la convivencia en democracia. Que su formación, sus criterios, sus convicciones pesan. Que más allá de que son muy importantes los partidos políticos, los bloques y las ideologías, que son trascendentes las lealtades, es muy importante evaluar la formación y el criterio de cada legislador. Hay estudiosos, trabajadores, detallistas, serios y perseverantes; y hay otros.          

Así funciona la democracia. Para esto se eligen los representantes. Y cabe que la sociedad, más allá de iniciativas de legisladores y gobernantes, fije la agenda. Participe. Nutra el debate. Marque posiciones. Haga valer sus miradas. Inicialmente parece un paso adelante. Se celebra. Ojalá se repita y se sostenga. 

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