MARIO ALBERTO KEMPES

"Mis goles no eran para Videla, eran para la Selección"

El goleador y figura del Mundial 1978, puso en escena la “tonta” comparación entre los últimos dos grandes “10” de la Selección Argentina y le contó a Cooltura las vivencias de aquel Mundial ganado hace 40 años.

Jugaba con la número 10, en posición de volante por izquierda, pero hacía goles cual si fuera un 9, de esos que nacen para ser goleadores. Hoy habla de fútbol en ESPN, una de las cadenas televisivas más importantes del planeta, además es la voz en los comentarios de los juegos FIFA de la Playstation y tiene un estadio que lleva su nombre. Nació en el club Talleres de Bell Ville, Córdoba, y su estreno profesional fue en Instituto de la capital mediterránea, al que llegó a prueba con otro nombre: “Me llamo Carlos Aguilera”, dijo el que luego sería llamado “Superpibe”. Y cuando el DT le preguntó por un tal Kempes, que vivía en el mismo pueblo y le habían dicho que jugaba muy bien, el pibe respondió: “No, señor, no lo conozco”.

Hizo dos goles en menos de 15 minutos de su primera práctica, deslumbró y lo contrataron. Así comenzó la brillante carrera de Mario Alberto Kempes, quien hoy, a punto de cumplir 64 años (el 15 de julio) atiende a Cooltura en Bristol, en Estados Unidos, la ciudad conocida como el hogar de ESPN y el museo americano de relojes.

Mario pone el despertador y pacta la entrevista telefónica para después de su siesta.

Arranca la mañana en el gimnasio que instaló en su casa, ve un poco de tele, hace una caminata diaria de dos horas, almuerza, duerme siesta y se va a trabajar. En el estudio de ESPN “vemos partidos desde las 14:30, luego tenemos reunión de trabajo, hacemos el programa (“Fuera de Juego”) y 22:30 estoy en casa”, detalla en su día a día.

Vive con Julia, su mujer venezolana, y sus dos hijas más chicas. Los otros tres están en Europa: dos en España y uno en Austria, países en los que jugó y brilló.

“Y aquí, en Estados Unidos, también está el hijo de mi mujer; de modo que están los de ella, los míos y los nuestros”, indica el goleador y figura del Mundial 1978, a 40 años de aquella primera estrella para el fútbol argentino.

“Añoro todo y no añoro nada. Si me toca volver a Argentina, encantado; pero vuelvo con trabajo. Hoy estoy con trabajo en Estados Unidos, mi familia está contenta y yo me conformo con ver a la familia feliz, eso es lo más importante. Si tengo trabajo, doblemente feliz, pero todo no se puede”, remarca Kempes, quien hace 14 años vive en Bristol pero tiene su anclaje emocional en Bell Ville: “Cuando el año pasado fui a presentar el libro (“El Matador”) pasé por la ruta 9, entré, le di un beso a la vieja y seguí. Pero quedarme, desde que murió mi viejo ya no. Tengo hermanas y sobrinas en Bell Ville”, recuerda con simpleza y sin rodeos, como lo hacía en la cancha.

Hay sueños de chicos futboleros que son semejantes: entre gambetas en el potrero vestís la camiseta del club de tus amores… después te llevan a la Selección… sos campeón del Mundo… y levantás la copa en una foto inmortalizada.

Para Kempes, no. No hubo sueño, fue real y sin ninguna fantasía: “Yo agradezco primero porque me llamaron al seleccionado, segundo por tener compañeros que me dieron la oportunidad de poder integrar el plantel y disfrutar esa Copa. Si no hubiese un Mundial de por medio me harías pensar en mi mejor foto, pero habiendo un Mundial la foto que elijo es la alegría del final; pero no tengo foto con la Copa, porque no la toqué”.

Ahí está Mario Alberto con sus formas de andar por la vida y por el fútbol. Esta anécdota lo pinta de cuerpo entero: “A la Copa de 1978 no la toqué. Se abalanzaron todos… pero tampoco era pelearse para ver quién la tenía. La verdad es que no me molestó no tocarla, no me volvía loco ni mucho menos. Lo hecho, hecho estaba; los que estábamos ahí jugamos para darle una satisfacción al público y ya está, ya cumplimos. Al día siguiente de la final estaba en Rosario, a la tarde en Córdoba y se terminó y la Copa volvió a la FIFA. Recién la toqué en 1998, en Francia, la copa anduvo por allá, me invitaron a una entrevista y tuve la posibilidad de tocarla veinte años después”.

Con Cooltura, Mario Alberto Kempes se relaja más que frente a la pantalla de TV: “Me gusta hablar de fútbol siempre, pero a veces te tenés que poner corbata y eso me molesta”, dice entre sonrisas y cuenta que su incursión televisiva se dio naturalmente: “Estando en Valencia me llamó la televisión de allá, después en Estados Unidos pasó lo mismo y yo no tenía idea. Hablar, hablaba en alguna entrevista, pero era eso solamente; de trabajar así y comentar los partidos, nunca. Después te vas acostumbrando”.

Kempes se perfila, como si estuviese con pelota dominada en el área chica, e inicia el mano a mano con Cooltura con un zurdazo “Matador”.

— ¿Somos odiosos con Messi que lo comparamos todo el tiempo con Maradona?

— Lo comparan de una manera que me parece muy tonta. A la hora de ganar un mundial Maradona fue el mejor… haciendo trampa. Lo ganó, perfecto… la mano de Dios, perfecto… ha hecho trampa y ya. Creo que a Messi no le hace falta ganar un Mundial. Cruyff no lo ganó, Distéfano no lo ganó y eran ídolos, donde iban eran ídolos. Y a Messi lo criticamos porque no gana un Mundial. Pregunto: ¿por qué no se critica a los otros, a los que lo acompañan? Messi demuestra cada dos minutos que es el mejor.

Esa forma de ver las cosas entendés que es típico de cómo somos, de cómo vivimos.

Despreciamos lo bueno que tenemos y lo malo lo adoramos. Lo malo venga, joda… pero a los que se portan bien, no, a esos los matamos. Así es el argentino, no todos, pero principalmente los periodistas son jodidos porque quieren tener un equipo como el que arman ellos, entonces tendría que haber cinco mil selecciones.

— ¿Messi es el más grande de todos los tiempos?

— Hoy sí, es indiscutible. Dicen que quienes lo fueron seguirían siéndolo. Perfecto, no los vamos a discutir, el que fue bueno antes puede serlo ahora; pero lo mismo con el que ahora es el mejor, también pudo haberlo sido antes; pero no lo vamos a saber, solamente de boca.

— ¿Jugaste con un gran Diego?

— Diego se hizo muy grande después del ‘82. En realidad ya en Japón, en el Juvenil del ’79, empezó a ser la gran figura. En el ‘82 no anduvo bien y si soy realista no anduvo bien nadie en ese Mundial, después arrancó y no lo paró nadie. Diego fue el mejor del mundo en su momento, pero ya está. Campeón del mundo seguirá siendo, pero mejor jugador no, ya no juega.

— ¿Qué fue ese equipo Campeón del Mundo de 1978?

—Esa es la palabra perfecta, fuimos un equipo. No había experiencia, salvo yo que volvía del exterior y tampoco digamos que tenía una experiencia espectacular, porque había jugado en el Valencia dos años y era goleador, pero sólo había jugado en España. Después muchos muchachos que no integraron el plantel estuvieron apoyando mucho más que yo, que llegué el 8 de mayo y el torneo terminó el 25 de junio. Los muchachos estuvieron tres meses concentrados, ellos hicieron el trabajo sucio, como se dice, y yo llegué cuando empezaron los partidos.

— ¿Cuándo supieron que la Copa iba a ser de ustedes?

— Nos enteramos que ganamos la Copa el 25 de junio allá por las seis de la tarde (sonríe tras marcar día y hora del éxito final ante Holanda). Creíamos en nosotros mismos pero enfrente estaban Polonia, Brasil y Holanda, equipos bien formados. Nos costó el inicio, hubo partidos como el primero ante Hungría que lo sacamos adelante con más corazón que cabeza. El segundo contra Francia se puso muy difícil; después contra Brasil en la segunda fase fue un partido feo, pero feo, feo, horrible; mucha patada, mucho agarrón, menos jugar al fútbol hubo de todo. Y contra Holanda, que era la Naranja Mecánica sin Cruyff, se hicieron bien las cosas para intentar salir campeón y salimos campeones.

Seguimos escuchando de aquel 6-0 a Perú, que le permitió a Argentina hacer la diferencia de goles para superar a Brasil y llegar a la final, a jugadores de ese seleccionado incaico hablando de arreglo. “Una pelota a favor de Perú (pateó Muñantes) pegó en el palo y otra salió al lado del arco de Fillol antes de los 15 minutos y con el 0 a 0. Son ellos mismos los que hablan, de modo que en lugar de juzgarnos a nosotros que los juzguen a ellos, que son los que desprestigiaron la camiseta de su selección y la del país, no nosotros”.

— Te genera algo o te da lo mismo esa duda que está instalada.

— Ahora ya no, antes te generaba alguna preocupación, hoy no, no le doy bolilla. Olvidate, es darle de comer a los cuervos.

— ¿Cómo viviste el Mundial ‘78 desde el proceso de la dictadura militar?

— Mis goles no eran para Videla, eran para la Selección. No teníamos idea de la gravedad de lo que pasaba, ni siquiera en España se escuchaba.

— ¿Qué fue Menotti para vos y para esa Selección?

— Un técnico que te dejaba jugar, cumplir con lo que pedía pero te daba libertad para hacer lo que hacías en el club. Pizarrón no usó nunca, ya era diferente a esa altura y lo había demostrado con Huracán, yo lo sufrí cuando estaba en Central.

— En el Mundial de España ‘82 estaban todos los campeones del ‘78 más Maradona. ¿Qué les pasó?

— Éramos la Selección Argentina con unos refuerzos espectaculares. Nos equivocamos en cómo encaramos esa Copa, hablo por mí. No estábamos acostumbrados a tener la familia tan cerca, verlos cada vez que terminabas de entrenar, bajar a la playa, quien más quien menos se tomaba una cervecita… fue otra cosa muy distinta al ‘78 en Argentina. Faltó concentrarnos más. Pero ya pasó… nos equivocamos mucho igual que en el ‘74.

— ¿Sampaoli te gusta como DT de la Selección?

— Hay que verlo, dirigió pocos partidos. Lo trajeron para clasificar y clasificó. No podemos juzgar si jugó bien o mal, era cuestión de clasificar. Ahora hay que ver qué pone en la cancha, si pone alguna sorpresa, si cambia en algo, eso estamos esperando.

— ¿Y qué espera Kempes de este Mundial?

— Quiero que salga campeón Argentina, no me importa quién juega. A muchos de esta camada les puede quedar hilo en el barrilete, pero no para un Mundial más. Esta puede ser la última oportunidad, así que la tienen que aprovechar.

— En tu época de futbolista, al verte arrancar con tanta potencia, luego fue inevitable comparar tu juego con el de Juan Gilberto Funes.

— Muchos nos comparaban, a pesar de que yo estaba afuera, en Europa, me comentaron muchísimo las comparaciones. No tuve la suerte de verlo pero es una alegría porque fuimos dos tipos fuertes y vestimos la misma camiseta de River. Son cosas lindas del pasado.

— ¿Qué era Kempes jugador?

— Un goleador que no era 9, un jugador generoso con los compañeros. No me quedaba a esperar que me llegara la pelota, bajaba a buscarla, ayudaba en defensa… no sé si era completo, pero que era generoso, eso ponele la firma. En un 4-3-3 era el 10, no era 9 aunque hice muchos goles. Tenía que tener espacio, el arco de frente, no recibir de espalda y girar porque tenía menos cintura que un pollo.

— De los jugadores de hoy, elegí un jugador que se te parezca y elegí un gol.

— No, no, no… yo era un goleador atípico. Y si hoy no me ponen un gol, no me los acuerdo (risas). Sí, me acuerdo de todo, pero los goles son lindos verlos cuando se acercan los mundiales, una entrevista, pero ya está, no voy a vivir de lo que pasó hace 40 años.

— Un esfuerzo Mario, elegí un gol

— El primero de cabeza en el Mundial ’78 (hizo los dos del 2-0 a Polonia del inicio de la segunda fase) y el último de la final (hizo los dos primeros del 3-1 a Holanda) porque nos encaminábamos al título. Hice 6 goles (todos en el ’78) en los tres mundiales que jugué (1974, ’78 y ’82) y en los clubes montones, pero todos valen uno y más valen los que sirven para ganar.

— ¿Qué mensaje le dejas al hincha argentino, que vive el fútbol con tanta pasión pero también con tanta locura?

— Siempre va a ser así. El hincha de corazón quiere al club por encima del resultado, al equipo de barrio. Y al otro hincha no le importa cómo, pero sólo quiere ganar. Esto es fútbol, no es la vida o la guerra, pero el hincha quiere salir campeón y eso se transforma en locura y terminamos como en Argentina, con estadios ocupados sólo con hinchas locales. Una locura.

Mario Alberto Kempes es una figurita que no puede faltar en el álbum histórico de la Selección Argentina. Antes de cortar la entrevista e irse al estudio de ESPN en Bristol, asegura que vendrá a San Luis.

— ¿Cuándo te tendremos dando una charla en San Luis?

— ¿Por qué una charla?... no puede ser un asado (carcajadas). En cualquier momento ando por allá, pasé muchas veces pero no conozco.

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