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Los cueros pasaron de ser la solución a un problema

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Los cueros pasaron de ser la solución a un problema

Nicolás Razzetti

Se acerca el cierre del año y probablemente sea el sector de la cría el que lo termine en mejores condiciones respecto de la situación que atraviesan los demás eslabones de la cadena cárnica.

Los precios de los terneros son muy buenos, medidos en dólares son de los más altos de la historia, ya que por cada kilo se pagan U$S2,50.

En líneas generales, el valor promedio de los terneros ronda los $40/45, por los más livianos se paga incluso más y hasta por encima de los $50, con un diferencial del 30% más gastos respecto de los precios del gordo, de los que se espera una recomposición durante el verano.
Si bien es cierto que este año los productores debieron sortear problemas climáticos serios, como las inundaciones en regiones de Buenos Aires y Corrientes, o bien el faltante de precipitaciones que generan un escenario de prematura seca en otras; en líneas generales los criadores mejoraron su situación productiva y financiera en los últimos dos años tras los cambios en las políticas oficiales hacia el sector, que alentaron la retención y la exportación de carne vacuna.

En las últimas semanas también mejoró la colocación de vientres, que venía medio pinchada. Así lo indicó el consignatario Roberto Mondino: “Los vientres se afirmaron, pasamos de una vaquillona preñada de 13/14 mil pesos a 17/18 mil pesos y en el último remate que dimos algunos lotes se vendieron en 20 mil pesos, igual todo depende de cómo se da la operación”. El martillero cordobés destacó además los buenos precios de la vaca gorda, cuya venta para faena permite reponer casi 1 a 1 un vientre para cría.

En cuanto al engorde, el primer ciclo de producción dio resultados positivos. Se compró ternero en valores convenientes, el maíz aportó lo suyo y con valores del gordo entre $35/40 por kilo el negocio dio resultado positivo.

En los últimos meses del año el freno en los valores del ganado para faena y el aumento del precio del ternero cambiaron la ecuación. Sin embargo hay quienes siguen engordando porque necesitan asegurarse la mercadería o porque apuestan a que la suba esperada del valor del gordo, que muchos aguardan que suceda desde el arranque del nuevo año, compensará el alto valor de los terneros.

El sector industrial

Finalmente, del lado de la industria hay buenas y malas también. Por un lado hay que destacar el interés oficial y la buena predisposición de los privados por normalizar el comercio de ganado, pero más especialmente el de carne vacuna, cuyos niveles de informalidad complican a los operadores que intentan operar acorde a las normas. 

Además, este año la industria logró avanzar en materia de exportaciones. Los envíos al extranjero mejoraron cerca del 30% y por ese canal comercial se evacuó gran parte del crecimiento productivo.

En cuanto a su situación económica, a los empresarios de la industria de la carne les siguen preocupando cuestiones fiscales sin resolver, la suba de costos como los de la energía y toda la problemática vinculada al cuero. Por eso en la última reunión que mantuvieron con el presidente Mauricio Macri pidieron que se les habilite un cupo de 2 millones de unidades que les permita capturar algo del alicaído precio internacional y que compense además las pérdidas por el injusto descuento adicional que aplican las curtiembres por contar todavía con la protección de algunos órganos oficiales. En pocos días más habrá un nuevo y último encuentro del año con el Presidente y sobre estas cuestiones se esperan novedades.

El cuero es un problema económico y ambiental. Los problemas con este subproducto parece el cuento de la buena pipa para los empresarios argentinos. Es que la caída de la demanda y del precio del que supo ser el "mesías" que salvaba las papas en muchas empresas está generando nuevos problemas.

Empresarios de la industria de la carne de Córdoba nucleados en AFIC explicaron que las curtiembres en muchos casos dejaron de retirar el cuero debido al bajo nivel de demanda mundial del producto. Eso pasa especialmente en las planta faenadoras de bajo volumen y alejadas de las curtiembres, que están ubicadas mayormente en Buenos Aires y que deben afrontar un flete más caro.

La falta de compradores de cuero implica mayores costos de procesamiento y almacenamiento y también otro problema, que es el ambiental.

Si el cuero no se vende y no se lo puede guardar por el gasto que significa, se lo termina tirando, pero eso implica contaminación. 

Los precios tuvieron una caída mayúscula el último año y medio: su valor pasó de $14 a $10 por kilo. El derrumbe del 40% puso los números en rojo, sobre todo de las empresas que brindan servicio de faena a terceros y que necesitan de ese ingreso para sostener los costos fijos.

Rápidamente, al no contar con ese dinero comenzaron a cobrar el servicio de faena. 

Pero con eso no se resuelven los problemas. Por el contrario, para los frigoríficos el cuero es un gran inconveniente. Al no haber demanda, las empresas mejor dotadas contratan personal destinado exclusivamente a salarlos y luego alquilan galpones donde almacenarlos hasta tanto surja algún comprador, pero todo eso implica más gastos por un producto que pierde valor y, sobre todo, que hoy carece de canales comerciales. El tema es que las empresas más chicas no tienen esa posibilidad, no generan los recursos necesarios para acopiar cueros y en consecuencia la salida que les queda, aunque todavía no fue implementada, es tirarlos, con el consecuente perjuicio ambiental que se genera. Claro, nadie quiere quedar a expensas de las sanciones que corresponden en estos casos. 

Carne vacuna: el mercado ruso daría una nueva oportunidad

De acuerdo a versiones de la prensa brasileña y de otros países, Rusia suspendió pocos días atrás las compras de carne vacuna y de cerdos a Brasil. Las suspensiones alcanzan a 59 frigoríficos de bovinos y a 32 de cerdos luego de hallar varias sustancias prohibidas. La agencia de regulación de productos agrícolas precisó que detectó ractopamina y otras “hormonas de crecimiento” en carne brasileña.

La ractopamina es un aditivo alimenticio utilizado para aumentar la masa muscular de los animales, prohibido en Rusia por sus posibles efectos negativos en la salud de los consumidores. Empresarios argentinos a los que consultamos indicaron que el efecto de esa sustancia es el de incrementar la masa muscular por una mayor retención de líquido, que luego se evapora al momento de la cocción de la carne, por lo que consideraron que el mayor problema no es el riesgo sanitario sobre los consumidores, sino el perjuicio económico.

Las versiones periodísticas indican que Rusia tuvo que tomar medidas severas para la protección de los consumidores e impondrá, a partir de diciembre, “restricciones temporales” a la importación de carne bovina y porcina brasileña.

Por su parte el ministro de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento, Blairo Maggi, restó gravedad a la situación: “No lo considero un cierre de mercado, es algo que ocurre permanentemente durante las fiscalizaciones, que para eso existen. Fueron mencionadas tres o cuatro empresas en las que apareció ese problema —trazos de ractopamina—, el resto continúa trabajando”, explicó el funcionario brasileño. 

Rusia es un fuerte comprador de carnes brasileñas. En 2016 importó productos porcinos por US$513 millones, cifra que aumentó a US$612,3 millones en los primeros 10 meses de este año, según datos del Ministerio de Agricultura en valores FOB.

La salida total o parcial de Brasil de ese mercado puede disparar mayores ventas de Uruguay o Argentina, al menos en forma coyuntural y hasta que se aclaren los tantos. 

En el caso de nuestro país, hay que destacar que Rusia es un comprador histórico que en los primeros 9 meses del año y gracias a la recomposición de los precios del petróleo incrementó sus adquisiciones un 43%, hasta alcanzar las 4 mil toneladas por 15 millones de dólares luego de un 2016 con compras muy escasas.
 

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Los cueros pasaron de ser la solución a un problema

Se acerca el cierre del año y probablemente sea el sector de la cría el que lo termine en mejores condiciones respecto de la situación que atraviesan los demás eslabones de la cadena cárnica.

Los precios de los terneros son muy buenos, medidos en dólares son de los más altos de la historia, ya que por cada kilo se pagan U$S2,50.

En líneas generales, el valor promedio de los terneros ronda los $40/45, por los más livianos se paga incluso más y hasta por encima de los $50, con un diferencial del 30% más gastos respecto de los precios del gordo, de los que se espera una recomposición durante el verano.
Si bien es cierto que este año los productores debieron sortear problemas climáticos serios, como las inundaciones en regiones de Buenos Aires y Corrientes, o bien el faltante de precipitaciones que generan un escenario de prematura seca en otras; en líneas generales los criadores mejoraron su situación productiva y financiera en los últimos dos años tras los cambios en las políticas oficiales hacia el sector, que alentaron la retención y la exportación de carne vacuna.

En las últimas semanas también mejoró la colocación de vientres, que venía medio pinchada. Así lo indicó el consignatario Roberto Mondino: “Los vientres se afirmaron, pasamos de una vaquillona preñada de 13/14 mil pesos a 17/18 mil pesos y en el último remate que dimos algunos lotes se vendieron en 20 mil pesos, igual todo depende de cómo se da la operación”. El martillero cordobés destacó además los buenos precios de la vaca gorda, cuya venta para faena permite reponer casi 1 a 1 un vientre para cría.

En cuanto al engorde, el primer ciclo de producción dio resultados positivos. Se compró ternero en valores convenientes, el maíz aportó lo suyo y con valores del gordo entre $35/40 por kilo el negocio dio resultado positivo.

En los últimos meses del año el freno en los valores del ganado para faena y el aumento del precio del ternero cambiaron la ecuación. Sin embargo hay quienes siguen engordando porque necesitan asegurarse la mercadería o porque apuestan a que la suba esperada del valor del gordo, que muchos aguardan que suceda desde el arranque del nuevo año, compensará el alto valor de los terneros.

El sector industrial

Finalmente, del lado de la industria hay buenas y malas también. Por un lado hay que destacar el interés oficial y la buena predisposición de los privados por normalizar el comercio de ganado, pero más especialmente el de carne vacuna, cuyos niveles de informalidad complican a los operadores que intentan operar acorde a las normas. 

Además, este año la industria logró avanzar en materia de exportaciones. Los envíos al extranjero mejoraron cerca del 30% y por ese canal comercial se evacuó gran parte del crecimiento productivo.

En cuanto a su situación económica, a los empresarios de la industria de la carne les siguen preocupando cuestiones fiscales sin resolver, la suba de costos como los de la energía y toda la problemática vinculada al cuero. Por eso en la última reunión que mantuvieron con el presidente Mauricio Macri pidieron que se les habilite un cupo de 2 millones de unidades que les permita capturar algo del alicaído precio internacional y que compense además las pérdidas por el injusto descuento adicional que aplican las curtiembres por contar todavía con la protección de algunos órganos oficiales. En pocos días más habrá un nuevo y último encuentro del año con el Presidente y sobre estas cuestiones se esperan novedades.

El cuero es un problema económico y ambiental. Los problemas con este subproducto parece el cuento de la buena pipa para los empresarios argentinos. Es que la caída de la demanda y del precio del que supo ser el "mesías" que salvaba las papas en muchas empresas está generando nuevos problemas.

Empresarios de la industria de la carne de Córdoba nucleados en AFIC explicaron que las curtiembres en muchos casos dejaron de retirar el cuero debido al bajo nivel de demanda mundial del producto. Eso pasa especialmente en las planta faenadoras de bajo volumen y alejadas de las curtiembres, que están ubicadas mayormente en Buenos Aires y que deben afrontar un flete más caro.

La falta de compradores de cuero implica mayores costos de procesamiento y almacenamiento y también otro problema, que es el ambiental.

Si el cuero no se vende y no se lo puede guardar por el gasto que significa, se lo termina tirando, pero eso implica contaminación. 

Los precios tuvieron una caída mayúscula el último año y medio: su valor pasó de $14 a $10 por kilo. El derrumbe del 40% puso los números en rojo, sobre todo de las empresas que brindan servicio de faena a terceros y que necesitan de ese ingreso para sostener los costos fijos.

Rápidamente, al no contar con ese dinero comenzaron a cobrar el servicio de faena. 

Pero con eso no se resuelven los problemas. Por el contrario, para los frigoríficos el cuero es un gran inconveniente. Al no haber demanda, las empresas mejor dotadas contratan personal destinado exclusivamente a salarlos y luego alquilan galpones donde almacenarlos hasta tanto surja algún comprador, pero todo eso implica más gastos por un producto que pierde valor y, sobre todo, que hoy carece de canales comerciales. El tema es que las empresas más chicas no tienen esa posibilidad, no generan los recursos necesarios para acopiar cueros y en consecuencia la salida que les queda, aunque todavía no fue implementada, es tirarlos, con el consecuente perjuicio ambiental que se genera. Claro, nadie quiere quedar a expensas de las sanciones que corresponden en estos casos. 

Carne vacuna: el mercado ruso daría una nueva oportunidad

De acuerdo a versiones de la prensa brasileña y de otros países, Rusia suspendió pocos días atrás las compras de carne vacuna y de cerdos a Brasil. Las suspensiones alcanzan a 59 frigoríficos de bovinos y a 32 de cerdos luego de hallar varias sustancias prohibidas. La agencia de regulación de productos agrícolas precisó que detectó ractopamina y otras “hormonas de crecimiento” en carne brasileña.

La ractopamina es un aditivo alimenticio utilizado para aumentar la masa muscular de los animales, prohibido en Rusia por sus posibles efectos negativos en la salud de los consumidores. Empresarios argentinos a los que consultamos indicaron que el efecto de esa sustancia es el de incrementar la masa muscular por una mayor retención de líquido, que luego se evapora al momento de la cocción de la carne, por lo que consideraron que el mayor problema no es el riesgo sanitario sobre los consumidores, sino el perjuicio económico.

Las versiones periodísticas indican que Rusia tuvo que tomar medidas severas para la protección de los consumidores e impondrá, a partir de diciembre, “restricciones temporales” a la importación de carne bovina y porcina brasileña.

Por su parte el ministro de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento, Blairo Maggi, restó gravedad a la situación: “No lo considero un cierre de mercado, es algo que ocurre permanentemente durante las fiscalizaciones, que para eso existen. Fueron mencionadas tres o cuatro empresas en las que apareció ese problema —trazos de ractopamina—, el resto continúa trabajando”, explicó el funcionario brasileño. 

Rusia es un fuerte comprador de carnes brasileñas. En 2016 importó productos porcinos por US$513 millones, cifra que aumentó a US$612,3 millones en los primeros 10 meses de este año, según datos del Ministerio de Agricultura en valores FOB.

La salida total o parcial de Brasil de ese mercado puede disparar mayores ventas de Uruguay o Argentina, al menos en forma coyuntural y hasta que se aclaren los tantos. 

En el caso de nuestro país, hay que destacar que Rusia es un comprador histórico que en los primeros 9 meses del año y gracias a la recomposición de los precios del petróleo incrementó sus adquisiciones un 43%, hasta alcanzar las 4 mil toneladas por 15 millones de dólares luego de un 2016 con compras muy escasas.
 

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