A veces sólo la muerte saca a la luz los abusos | Policiales | El Diario de la República El Diario de la República
Policiales | 01-07-2012 | 11:25 | 0

A veces sólo la muerte saca a la luz los abusos

La intimidad del hogar y otras armas que emplean los agresores les suelen asegurar impunidad. Los casos intrafamiliares son los más difíciles de descubrir.

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Lara Arancibia no era llevada a ninguna guardería ni jardín maternal y nadie extraño a la familia entraba a la casa a cuidarla, según la información que manejan los investigadores. Por eso, para ellos, “por lógica”, el abusador está dentro del grupo de allegados.
Los abusos intrafamiliares son los más difíciles de descubrir y muchos casos salen a la luz, como éste, recién cuando desembocan en un desenlace fatal.
Hace veinte días, sin querer, la opinión pública de San Luis rememoró uno de los más estremecedores casos de abuso sexual infantil cometido en el seno familiar. Yéssica Noemí Contreras murió el 29 de julio de 1993. Tenía 4 años y vivía en una humilde casita de Cruz de Piedra con su madre, María Noemí Contreras, y su padrastro, el policía federal Gregorio Fabián Villa.
La investigación no tardó en develar que la nena había sufrido incontables violaciones anales y genitales, además de torturas diversas como golpes de karate, clavaduras de uñas detrás de las orejas, quemaduras de cigarrillos, duchas de agua fría con una manguera en el patio de la casa, durante el invierno.
El padrastro violador y la madre cómplice fueron condenados a perpetua. Pero unos años después fueron beneficiados con una rebaja de pena. En la cárcel se casaron y tuvieron un hijo.
En abril de este año salieron con libertad condicional. El caso volvió a las noticias el 10 de junio porque los vecinos de Cruz de Piedra organizaron manifestaciones de repudio para evitar que los dos acusados volvieran al barrio.
Aunque Villa y Contreras fueron favorecidos por una reducción de la condena que causó repudio en la comunidad, al menos la Justicia llegó a probar su autoría y pasaron un tiempo en prisión. Pero otros casos de abusos seguidos de muerte han quedado en la nada, como el de María Rosa Salazar en Villa Mercedes.
María Rosa tenía 12 años y murió en julio de 2008, por una infección generalizada que le causó una violación anal. Igual que Lara Arancibia.
El médico forense Ricardo Torres, de San Luis, que el viernes hizo la autopsia a Lara, también realizó en 2008 el examen al cadáver de María Rosa. Y comprobó que además de la violación anal que desencadenó su muerte, la nena había sufrido reiterados abusos por vía genital.
La investigación policial y judicial llevó las sospechas hacia el padrastro de la nena, de 57 años. El hombre huyó a Buenos Aires, de donde es oriundo. Allá lo detuvieron. Cuando lo trajeron, dijo que era inocente y que investigaran al hermano mayor de María Rosa.
El padrastro fue preso y llegó a juicio oral. Pero las pruebas que habían reunido la Policía y el juzgado de instrucción no fueron suficientes para demostrar si era el autor de los abusos y lo absolvieron. El caso quedó impune.
 


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