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Información nutricional: la etiqueta que pocos saben leer

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Información nutricional: la etiqueta que pocos saben leer

Por Romina Oyarzún


Al momento de elegir un paquete de galletitas o un yogurt, muchos se preocupan en mirar las marcas, las formas o colores de los paquetes de los productos. Pero dejan de lado un recuadro ubicado en la parte posterior. En la etiqueta figura la información que es realmente importante. Indica, por porción, qué ingredientes contiene y en qué cantidad. Porque que sea verde y diga “light” no quiere decir que lo sea. La información nutricional permite conocer los productos que se adquieren. El objetivo es orientar al ciudadano en la decisión de compra evitando que se describa al alimento de manera errónea. Según el Ministerio de Agroindustria de la Nación, en su “Guía de rotulado para alimentos envasados”, los datos publicados deben ser simples y de fácil comprensión, para favorecer la interpretación de las propiedades de los alimentos, “tomar decisiones más acertadas y adecuadas en la adquisición de estos productos”.


En Argentina, desde el  2006 es obligatoria la impresión del rótulo nutricional y a partir del 31 de junio de 2013, está en vigencia la resolución referida a la declaración de propiedades nutricionales. Esta disposición abarca al Mercosur y se incorpora a las normativas nacionales para complementar las estrategias y políticas de salud de los estados partes, y para facilitar la libre circulación.


Ahora, la pregunta que surge es si, al momento de elegir, el consumidor realmente sabe “leer” esa información, la entiende y en base a eso elige.

La información nutricional


El rótulo de alimentos envasados debe presentar obligatoriamente el valor energético (en calorías), carbohidratos, proteínas, grasas (detallando saturadas y trans), sodio, fibra alimentaria, nutrientes sobre los que se hacen declaraciones de propiedades nutricionales (por ejemplo, los alimentos fuente de calcio deben incluir obligatoriamente el contenido de calcio en la etiqueta) y- opcionalmente- vitaminas y minerales que aportan por lo menos 5 por ciento, grasas mono y poliinsaturadas, colesterol y azúcares.


Según datos del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), muchas veces se plantea la duda con respecto a si lo que figura en el rótulo corresponde a la composición real del producto. Aseguran que para dar una respuesta hay que tener en cuenta varios aspectos, como, si la información nutricional surge de análisis de laboratorio o es calculada a partir de tablas de composición de alimentos; la variabilidad en la composición de los alimentos, y  las normativas del Código Alimentario.


Los datos que figuran en las etiquetas no necesariamente surgen de análisis de laboratorio. Las empresas son responsables de asegurar que la información nutricional que ofrecen en las etiquetas sea correcta, pero no tienen obligación de presentar análisis de laboratorio que validen el rotulado nutricional, sostiene Cesni. Por este motivo algunas  empresas mandan a analizar sus productos, mientras que otras basan la información nutricional en cálculos a partir de la composición de los ingredientes u otras fuentes.


La composición también puede variar. En el caso de los  productos alimenticios industrializados, en muchos casos se utilizan ingredientes secos que no tienen demasiada variabilidad en su composición, pero las empresas realizan con frecuencia cambios en los proveedores de materias primas, o modificaciones en la  formulación que no siempre se incorporan en el rótulo, y que pueden ocasionar diferencias en la composición. Por eso, el Código Alimentario Argentino acepta una tolerancia de 20 por ciento entre el contenido de nutrientes declarados en el rótulo,  en relación con los valores reales del producto.


El nutricionista Emilio Costa aseguró que en Argentina deberían copiar el etiquetado de Chile que contiene leyendas grandes y más visibles que dicen, por ejemplo, “Exceso de azúcares”. Esta información permite alertar más al consumidor sobre lo que está por comprar.


Para facilitar la lectura de las etiquetas, el Código Alimentario incorpora algunas normativas. Por ejemplo, la información nutricional  se expresa obligatoriamente por porción. El tamaño está especificado para cada categoría de alimentos con la finalidad de promover una alimentación saludable, pero puede no coincidir con la cantidad que consume la mayoría de las personas. Por ejemplo, para galletitas la porción es 30 gramos (unas 4 a 6 unidades), o para salchichas corresponde a 50 gramos (una salchicha y media).


El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) ha realizado algunas pruebas de desempeño de productos, en las cuales toma muestras de distintas marcas de una categoría de alimentos y realiza las determinaciones de laboratorio para evaluar la calidad y composición de los productos, y determinar si cumplen con las normativas vigentes. Los resultados indican que la composición con frecuencia escapa a la tolerancia del 20 por ciento que establece el Código Alimentario Argentino, y también presenta otros incumplimientos, pero la mayoría de los valores se encuentran dentro de la tolerancia establecida.


"Tenemos que volver a hacer comida casera y dejar de comprar tantos productos procesados", argumentó la nutricionista Nina Alvarez Tatar.




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Información nutricional: la etiqueta que pocos saben leer


Al momento de elegir un paquete de galletitas o un yogurt, muchos se preocupan en mirar las marcas, las formas o colores de los paquetes de los productos. Pero dejan de lado un recuadro ubicado en la parte posterior. En la etiqueta figura la información que es realmente importante. Indica, por porción, qué ingredientes contiene y en qué cantidad. Porque que sea verde y diga “light” no quiere decir que lo sea. La información nutricional permite conocer los productos que se adquieren. El objetivo es orientar al ciudadano en la decisión de compra evitando que se describa al alimento de manera errónea. Según el Ministerio de Agroindustria de la Nación, en su “Guía de rotulado para alimentos envasados”, los datos publicados deben ser simples y de fácil comprensión, para favorecer la interpretación de las propiedades de los alimentos, “tomar decisiones más acertadas y adecuadas en la adquisición de estos productos”.


En Argentina, desde el  2006 es obligatoria la impresión del rótulo nutricional y a partir del 31 de junio de 2013, está en vigencia la resolución referida a la declaración de propiedades nutricionales. Esta disposición abarca al Mercosur y se incorpora a las normativas nacionales para complementar las estrategias y políticas de salud de los estados partes, y para facilitar la libre circulación.


Ahora, la pregunta que surge es si, al momento de elegir, el consumidor realmente sabe “leer” esa información, la entiende y en base a eso elige.

La información nutricional


El rótulo de alimentos envasados debe presentar obligatoriamente el valor energético (en calorías), carbohidratos, proteínas, grasas (detallando saturadas y trans), sodio, fibra alimentaria, nutrientes sobre los que se hacen declaraciones de propiedades nutricionales (por ejemplo, los alimentos fuente de calcio deben incluir obligatoriamente el contenido de calcio en la etiqueta) y- opcionalmente- vitaminas y minerales que aportan por lo menos 5 por ciento, grasas mono y poliinsaturadas, colesterol y azúcares.


Según datos del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni), muchas veces se plantea la duda con respecto a si lo que figura en el rótulo corresponde a la composición real del producto. Aseguran que para dar una respuesta hay que tener en cuenta varios aspectos, como, si la información nutricional surge de análisis de laboratorio o es calculada a partir de tablas de composición de alimentos; la variabilidad en la composición de los alimentos, y  las normativas del Código Alimentario.


Los datos que figuran en las etiquetas no necesariamente surgen de análisis de laboratorio. Las empresas son responsables de asegurar que la información nutricional que ofrecen en las etiquetas sea correcta, pero no tienen obligación de presentar análisis de laboratorio que validen el rotulado nutricional, sostiene Cesni. Por este motivo algunas  empresas mandan a analizar sus productos, mientras que otras basan la información nutricional en cálculos a partir de la composición de los ingredientes u otras fuentes.


La composición también puede variar. En el caso de los  productos alimenticios industrializados, en muchos casos se utilizan ingredientes secos que no tienen demasiada variabilidad en su composición, pero las empresas realizan con frecuencia cambios en los proveedores de materias primas, o modificaciones en la  formulación que no siempre se incorporan en el rótulo, y que pueden ocasionar diferencias en la composición. Por eso, el Código Alimentario Argentino acepta una tolerancia de 20 por ciento entre el contenido de nutrientes declarados en el rótulo,  en relación con los valores reales del producto.


El nutricionista Emilio Costa aseguró que en Argentina deberían copiar el etiquetado de Chile que contiene leyendas grandes y más visibles que dicen, por ejemplo, “Exceso de azúcares”. Esta información permite alertar más al consumidor sobre lo que está por comprar.


Para facilitar la lectura de las etiquetas, el Código Alimentario incorpora algunas normativas. Por ejemplo, la información nutricional  se expresa obligatoriamente por porción. El tamaño está especificado para cada categoría de alimentos con la finalidad de promover una alimentación saludable, pero puede no coincidir con la cantidad que consume la mayoría de las personas. Por ejemplo, para galletitas la porción es 30 gramos (unas 4 a 6 unidades), o para salchichas corresponde a 50 gramos (una salchicha y media).


El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) ha realizado algunas pruebas de desempeño de productos, en las cuales toma muestras de distintas marcas de una categoría de alimentos y realiza las determinaciones de laboratorio para evaluar la calidad y composición de los productos, y determinar si cumplen con las normativas vigentes. Los resultados indican que la composición con frecuencia escapa a la tolerancia del 20 por ciento que establece el Código Alimentario Argentino, y también presenta otros incumplimientos, pero la mayoría de los valores se encuentran dentro de la tolerancia establecida.


"Tenemos que volver a hacer comida casera y dejar de comprar tantos productos procesados", argumentó la nutricionista Nina Alvarez Tatar.




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