Patricia Funes, la voz de la radio que sólo tiene ojos para San Luis | Provincia | El Diario de la República El Diario de la República
Provincia - | 25-08-2013 | 07:57 | 3

Patricia Funes, la voz de la radio que sólo tiene ojos para San Luis

Recuerda el pasado de casas bajas y vecinos solidarios. Pero no reniega del presente de su querida ciudad.

Por Marcelo Dettoni
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  • 1/1 Popular. Patricia Funes fue durante 50 años la voz de la radio y es una vecina ilustre de San Luis.

Buena parte de la historia de San Luis pasó por las retinas de Patricia Funes, quien es simplemente Yola para el pueblo, porque pocos reparan en que su verdadero nombre es Yolanda Aprea. Ella es la voz de la ciudad, la “señora de la radio”, locutora insigne que ha quedado para siempre en la memoria de los puntanos. Aún hoy, a los 84 años, tarda más de la cuenta en caminar cada cuadra y no porque su andar se puso lento, pasa que la gente se detiene a saludarla, le recuerda anécdotas y no deja de remitirse a aquella famosa frase que la inmortalizó en un aviso del supermercado Aiello, aquel en el que llamaba a la “señoooora…”.
Pocos mejores que ella para hablar de la ciudad de San Luis, que la vio nacer en Rivadavia y Las Heras, cuando los escasos habitantes se repartían entre las cuatro avenidas, en un ambiente pueblerino de paz y tranquilidad. “Esa casa, todavía está, la levantó mi abuelo Liberato cuando vino de Italia en 1902. Nosotros éramos parte de una gran familia, los Di Gennaro, con todos sus hijos que se hicieron casas por la manzana”, recuerda.
Era sin dudas otro San Luis, más amable y menos ruidoso, de casas bajas y sin edificios. “Se vivía muy bien, con las puertas abiertas, en un ambiente de solidaridad. Era tanta la confianza que le dejábamos una llave de casa al lechero, el inolvidable 'Paquito' Vega”, cuenta divertida quien pasó 50 años detrás de un micrófono. Pero Yola no reniega del presente: “Es cierto que ahora hay mucho tránsito, a veces caótico, y que las calles quedaron chicas; pero a mí me sigue gustando San Luis, yo no viviría en ningún otro lugar del mundo. Si hay torres de departamentos es porque la ciudad creció y se valorizó, entonces los empresarios tratan de aprovechar mejor los espacios”, analiza y luego sentencia: “Este crecimiento fue posible por lo que hicieron primero Adolfo Rodríguez Saá y luego Alberto, hicieron grande la provincia”.
Como el club Gimnasia y Esgrima (hoy GEPU) estaba ahí nomás de su casa, comenzó a practicar básquet y tenis. Pero a no confundirla con una dama de la alta sociedad. “Las familias tradicionales vivían en los alrededores de las dos plazas, la Pringles y la Independencia. O sobre la avenida Quintana, que hoy es Illia, allí estaban los Rodríguez Saá, los Vergés y los Alric, entre otros”, describe una época pintada en sepia. Ella prefiere recordar “los partidos de fútbol en la cancha Colón, cerquita de la vieja terminal, me quedaron grabadas las imágenes de la gente desconcentrándose por España, eran multitudes”.
Claro que la plaza Pringles, como pasa en todo pueblo del interior, tenía un significado especial, sobre todo para los jóvenes. “Dábamos la tradicional vueltita, pero con una particularidad: las chicas para un lado, los varones para el otro, así nos encontrábamos de frente. Nacieron muchos matrimonios gracias a esa costumbre”, dice con una sonrisa pícara. No faltaban las mesitas en las veredas, “para tomar un copetín o, si eras chica como yo, un helado, lo mismo que pasa hoy en Aranjuez”. Otro momento social era la misa de 11, “la más paqueta de todas”, asegura.
Eran los tiempos de los mateos o coches de plaza, “los taxis de la época, algunos estaban muy bien arreglados, otros se caían a pedazos”, acepta Yola, quien cierra los ojos y se traslada a ese pasado que tanto amó: “Íbamos al cine Ópera, que estaba donde hoy es la Municipalidad, sobre Belgrano, y enfrente estaba el Club Social, bien cajetilla, que fue reemplazado por el supermercado Aiello”, cuenta.
Pero no todo es pasado para Yola, que ahora vive sobre Chacabuco, casi llegando a Tomás Jofré, rodeada del cariño (y los ladridos) de sus tres caniches. “Me sigue gustando San Luis, a pesar de que estoy medio vaga para caminar, todo lo hago en auto. Disfruto cuando voy por la diagonal Illia, sus negocios y bares. Las plazas siguen siendo punto de encuentro y están lindas, y la gente sigue siendo buena, el puntano fue servicial y solidario en todas las épocas, hoy también”, dice para reafirmar ese sentimiento único que tienen los capitalinos por su querida ciudad.
 


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3

Pichi

25-08-2013 | 21:06:18


Una grande PATRICIA. Yo fui compañero de Tomás Funes, su hijo, en la secundaria. Ella participó en un festejo del Día del Niño en LV 13 en el que recibí un montón de regalos por ser el primer niño que fue inscripto. Felicidades!!!!

santina

25-08-2013 | 12:01:39


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valentin1946altamirano

25-08-2013 | 11:53:47


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