Un villamercedino tiene el corazón que era para Sandro | Provincia | El Diario de la República El Diario de la República
Provincia - Villa Mercedes | 31-05-2012 | 07:08 |

Un villamercedino tiene el corazón que era para Sandro

"Vivo paso a paso y disfruto de las pequeñas cosas de la vida hoy más que nunca", asegura Roberto Fernández. Fue operado en el mismo Hospital en que fue atendido el Gitano.

Por Marina Rubio
  • Imprimir
  • Enviar
  • +-Texto
  • Compartir
  • Facebook
  • 1/2 Roberto esperó 10 días para ser transplantado.
  • 2/2 A 3 años del transplante, Roberto disfruta cada día junto a su familia.

Roberto Fernández es transportista, tiene 55 años y el corazón de un joven de dieciocho. Literalmente. El mismo órgano que en un primer momento había sido destinado a Roberto Sánchez, mejor conocido como Sandro. “Vivo paso a paso, disfruto el momento a momento y las pequeñas cosas hoy más que nunca”, confiesa Roberto, tres años después de la operación que le cambió la vida en el Hospital Italiano de Mendoza.
Ayer no fue un día cualquiera. El 30 de mayo, el día del donante, no pasa jamás desapercibido para Fernández. El hombre habló con El Diario para contar su particular historia y esperar que su experiencia sea un apoyo para quien lo necesita y aguarda ese llamado que le cambiará la vida: “Conseguimos un donante”. Con una camisa escocesa, chaleco gris y un pantalón de corderoy, sencillo y dueño de una tranquilidad que parece caracterizarlo, Roberto abrió las puertas de su casa del barrio Colón.
Al entrar y en la comodidad de su living, puede apreciarse al instante el calor de su ambiente. Lolo, la mascota de la familia –un caniche toy-, se encarga de recibir a las visitas con la mayor calidez posible. Portarretratos de sus hijos y esposa por doquier invaden la sala donde las imágenes de Jesucristo y la Virgen María no faltan.
Roberto se sienta y cuenta. “Yo me levanto a las 7 de la mañana. Voy, llevo un pasajero y vuelvo y así todo el día. Hasta las 11 de la noche no paro”. Fernández es chofer del personal jerárquico de las fábricas, un trabajo que –después de su cirugía- disfruta como ningún otro.
Por un resfrío. La historia de este singular transportista empezó hace once años. “En el 2001 me diagnostican una miocardiopatía dilatada en el Policlínico Regional”. Como consecuencia de un virus, Roberto tenía el corazón dañado. Un resfrío mal curado fue la causa. “No me hicieron los primeros estudios que se hacen en un caso común como ése. Entonces, se transformó en una bronconeumonía y me lastimó el músculo”, especificó. “Fue un simple resfrío que a mí casi me costó la vida”.
“El órgano se deforma y la única solución es el trasplante”, detalló. De inmediato y junto a su compañera de siempre, su esposa Susana Mercau, y el apoyo incondicional de sus hijos Juan Pablo (16), Darío (32) y Vanesa (29), Roberto viajó a Buenos Aires y quedó en manos de los especialistas del hospital Doctor Argerich. “Me inscribieron en el Incucai –Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante –en junio de 2002. Había más de 5 mil personas en espera”, recuerda.
Ese momento fue el comienzo de la larga y angustiante espera, reconoce Susana. “Era un tratamiento ambulatorio. Estuvimos un año acá, de ahí fuimos derivados a Mendoza. Estuvimos un año ahí y, luego, a Buenos Aires y así”, contó la señora. El camino de Roberto para sobrellevar su problema fue espinoso, pero conoció a muchas personas valiosas en su trayecto. “Llegué a entablar una gran amistad con uno de los médicos del equipo de trasplante del Argerich”, confesó y continuó: “Un día se sinceró y me dijo ‘Roberto, yo te aconsejo que pidas a tu obra social el cambio de centro porque acá no te vamos a poder trasplantar. No tenemos los medios’. Ni lo pensé”.
El gran día. A los pocos días, Roberto y Susana arribaron a Mendoza y a los ocho días –el 29 de abril de 2009- llegó el tan ansiado corazón. “¡Soy feliz!, ¡Soy feliz!”, gritó Roberto, aseguró su esposa. “Lo primero que hice fue dar gracias a Dios por la posibilidad que me daba”, confesó. El donante era un joven porteño de 18 años que había fallecido en un accidente. “No sólo me dio vida a mí, sino también a seis o siete personas más”, especificó.
En los pasillos, el comentario era que el corazón que iba a recibir el mercedino era el destinado a, nada más y nada menos, que a “El hombre de la rosa”, Roberto Sánchez: “Sandro”. “Sandro no tuvo la suerte que tuve yo. A mí me llegó a tiempo el órgano. A él le llegó, pero ya estaba muy lastimado físicamente”, reflexiona.
El día de la intervención quirúrgica fue toda una odisea. “Cuando fuimos a Mendoza no podíamos avanzar por la autopista porque había un embotellamiento. Pensábamos que era algún equipo de fútbol que escoltaban, porque era una camioneta de los bomberos junto a otros autos negros atrás”, relató Darío, el hijo mayor.
“Resulta que era el corazón de mi papá”. “Fue el destino”, manifestó con lágrimas en los ojos Susana. La operación estuvo en manos del reconocido doctor Claudio Burgos. Empezó a las 19 y concluyó con éxito a las 23. “Lo primero que a uno se le cruza es conocer y agradecer a la familia del donante", confesó Roberto, quien realiza controles cada seis meses en Mendoza y toma con mucha devoción trece pastillas diarias.
“En mi casa todos somos donantes. ¿Cómo no vas a dar alegría a otra perona?”, expresó más que emocionada Susana.