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La faena de hembras sostiene la suba de la producción

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La faena de hembras sostiene la suba de la producción

Nicolás Razzetti

La llegada de más hembras a los frigoríficos, especialmente de vaquillonas, explica la mayor parte del incremento de la producción de carne vacuna, que este año alcanzaría el registro más alto de los últimos ocho. Mejora el aporte de los machos, pero en menor porcentaje.

La alta faena de octubre se repetiría en noviembre y se espera que al terminar el año la producción de carne registre un incremento en torno al 10%.

En el acumulado de los primeros 10 meses del año se produjeron 2,354 millones de toneladas res con hueso y suponiendo que en los últimos dos meses se repitan los niveles de faena de octubre, en el que según el dato del Ministerio de Agroindustria se produjeron 262 mil toneladas, el año cerraría con una producción de 2,9 millones de toneladas.

Ese volumen sería el más alto en 8 años. Hay que retrotraerse al período de la liquidación para encontrar faenas y niveles de producción en torno a las 3 millones de toneladas. Más atrás todavía, en el arranque de la gestión kirchnerista, cuando el sector veía al futuro con expectativas positivas, también la producción era creciente (y la oferta para consumo) y superaba los 3 millones de toneladas.

El punto es que el crecimiento en la oferta de carne vacuna este año se sostiene en la mayor faena de hembras. Si bien es cierto que sobre el total representa alrededor del 43%, que indica una situación de equilibrio en la que no hay liquidación ni retención, cuando se analiza la participación de cada categoría en el sistema se enciende la luz de alarma.

Los datos del Senasa dicen que la faena aumentó 15% en octubre y cerca de 8% en el año, pero el porcentaje es mucho mayor cuando se compara la categoría de vaquillonas, que suma un 20% más.

El crecimiento porcentual de la faena significa que este año (acumulado de enero-octubre) se enviaron a ese destino 762 mil cabezas más que el año pasado. De ese total 600 mil fueron hembras y del total de esa categoría, casi 400 mil son vaquillonas.

Si bien el Senasa no discrimina qué significa “vaquillonas”, se puede inferir que son madres jóvenes, vaquillonas preñadas o terneras para entorar; en todo caso el tipo de animal que se prepara para generar nuevos terneros en el futuro y continuar con la reproducción y crecimiento del stock vacuno.

El dato sobre la composición de la faena y la participación de las hembras genera cierta preocupación ya que podría estar indicando varias cuestiones: en algunos casos la reducción del plantel de hembras (futuras madres) podría ser consecuencia del impacto del clima (inundaciones) en la zona de cría de Buenos Aires. También de la decisión de los productores de quedarse con los vientres probados ante el achique de los campos. Por otro lado, los precios de la invernada por la mayor demanda de los feedlots pudo haber alentado la venta para el engorde, mientras que hay que considerar que la retención tiene sus límites y que desde fines de 2015 y durante 2016 se guardó mucha hacienda a consecuencia de las altas expectativas en el futuro del negocio, que luego se fueron diluyendo. Finalmente no es un dato menor el crecimiento de la demanda de China, donde se envía carne de vaca y que representa más del 40% de los embarques de la Argentina.

Por un motivo u otro la situación planteada genera cierta preocupación, porque por otro lado el incremento en la oferta de machos es mucho más leve. La suma de novillos y novillitos (en terneros no hay cambios) enviados a faena es de 250 mil animales más que en el período enero-octubre del año pasado, menos de la mitad de lo que crece el rubro hembras. La tendencia en el caso de los machos es auspiciosa, porque el incremento en términos porcentuales de la faena de novillos y novillitos en los últimos dos meses es de 18%, pero en el año su incremento es de sólo 5%.

La foto de la faena del rodeo vacuno da cuenta de que el cambio de tendencia todavía es a medias, que el interés de los productores por producir animales más pesados, y sobre todo machos más pesados, no está para nada consolidado. También podría indicar los temores a que la política no de las respuestas necesarias y que las inversiones anticipadas se terminen traduciendo en pérdidas económicas o malos negocios.

Por eso la faena de machos no crece como a todos les gustaría, por eso se siguen produciendo hacienda muy liviana. En este caso hay que considerar que la mayor demanda del ganadero es el mercado interno y que los operadores quieren vender carne a los sectores con mayor poder de pago, quienes siguen pidiendo hacienda liviana con grasa bien blanca y de cobertura pareja.

 

Gordo e invernada

En el mercado del gordo estamos en el momento de mayor oferta de carne vacuna. Algunos operadores señalaban que habría alta oferta de gordo y especialmente de hacienda liviana terminada a corral hasta mediados o fines de diciembre, otros ahora estiman que la oferta seguirá alta hasta bien entrado el verano y recién entonces los precios reaccionarían a la reducción de los ofrecimientos.

En el cierre del año se está juntando mucha hacienda cuya terminación se atrasó por los problemas que generó el mal clima. Las lluvias y el frío derivaron en conversiones mucho menores y en el estiramiento de los plazos de engorde, lo que generó fuertes pérdidas económicas, especialmente en los feedlots hoteleros que diseñaron su estrategia de pago en función de los kilos ganados para atraer inversores (matarifes). Ellos se las vieron realmente negras.

Lo que se paga por la hacienda gorda tiene estricta relación con la estacionalidad de los ofrecimientos, que deriva en compras más selectivas de parte de los operadores. Ellos son los que se dan el gusto de elegir entre lo bueno, lo que limita la posibilidad de una recomposición de precios en el corto plazo.

El precio del novillo en octubre, según informa el Ministerio de Agroindustria, promedio $30,7. Este precio significa 13% más que en igual mes del año pasado. La caída de su cotización con respecto al mes anterior fue de sólo 1,4% y de 3% con relación a agosto, cuando se registró el valor promedio mensual más alto del año. En tanto, en noviembre tampoco se produjo una baja marcada: hasta el 21 de este mes el promedio del novillo era similar al alcanzado en octubre.

Algo similar sucede con la hacienda liviana. Si tomamos en consideración los datos del ternero hasta el 21 de noviembre, su promedio fue de $33,7, el mismo valor se logró en octubre y respecto del año anterior la mejora fue de 10%.

Si se quiere ver el vaso medio lleno lo que podemos advertir es que en los meses de más oferta el precio del gordo no se cayó, no hubo un derrumbe de los valores, aunque es cierto que los compradores trabajan con más tranquilidad y selectividad. Si se quiere ver la mitad vacía del vaso, lo que se advierte es una pérdida del valor real del ganado, que no arrancó en los últimos meses sino que se viene manifestando desde principios de año. Las cotizaciones del ganado con destino a faena mejoraron apenas la mitad de la inflación general de precios.

Los actuales valores del gordo se diferencian y se distancian por mucho de la invernada. En muchos remates por los terneros bien livianos se paga incluso por encima de los $50. En el caso de los lotes más pesados, con kilajes en torno a los 180/220 kilos, los precios rondan los $40/45, lo que significa un diferencial con los valores del gordo de 30/33%. Esa brecha duplica el histórico 15% aceptable para la compra de invernada. Se achicará con el paso de las semanas, en tanto los feedlots sigan con el ya iniciado proceso de vaciado de los corrales y mientras nos vayamos acercando a la zafra.

Por lo pronto, los que compran para el engorde apuestan a una suba que todos esperan que se dé, pero de la que nadie está todavía seguro, o al menos nadie puede garantizar la magnitud de la mejora ni el momento de la recomposición de las cotizaciones del gordo, una respuesta que dependerá de lo que pueda dar el consumo interno y también la evolución de la demanda exportadora, que cada vez tiene más peso en la definición del negocio ganadero.

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La faena de hembras sostiene la suba de la producción

La llegada de más hembras a los frigoríficos, especialmente de vaquillonas, explica la mayor parte del incremento de la producción de carne vacuna, que este año alcanzaría el registro más alto de los últimos ocho. Mejora el aporte de los machos, pero en menor porcentaje.

La alta faena de octubre se repetiría en noviembre y se espera que al terminar el año la producción de carne registre un incremento en torno al 10%.

En el acumulado de los primeros 10 meses del año se produjeron 2,354 millones de toneladas res con hueso y suponiendo que en los últimos dos meses se repitan los niveles de faena de octubre, en el que según el dato del Ministerio de Agroindustria se produjeron 262 mil toneladas, el año cerraría con una producción de 2,9 millones de toneladas.

Ese volumen sería el más alto en 8 años. Hay que retrotraerse al período de la liquidación para encontrar faenas y niveles de producción en torno a las 3 millones de toneladas. Más atrás todavía, en el arranque de la gestión kirchnerista, cuando el sector veía al futuro con expectativas positivas, también la producción era creciente (y la oferta para consumo) y superaba los 3 millones de toneladas.

El punto es que el crecimiento en la oferta de carne vacuna este año se sostiene en la mayor faena de hembras. Si bien es cierto que sobre el total representa alrededor del 43%, que indica una situación de equilibrio en la que no hay liquidación ni retención, cuando se analiza la participación de cada categoría en el sistema se enciende la luz de alarma.

Los datos del Senasa dicen que la faena aumentó 15% en octubre y cerca de 8% en el año, pero el porcentaje es mucho mayor cuando se compara la categoría de vaquillonas, que suma un 20% más.

El crecimiento porcentual de la faena significa que este año (acumulado de enero-octubre) se enviaron a ese destino 762 mil cabezas más que el año pasado. De ese total 600 mil fueron hembras y del total de esa categoría, casi 400 mil son vaquillonas.

Si bien el Senasa no discrimina qué significa “vaquillonas”, se puede inferir que son madres jóvenes, vaquillonas preñadas o terneras para entorar; en todo caso el tipo de animal que se prepara para generar nuevos terneros en el futuro y continuar con la reproducción y crecimiento del stock vacuno.

El dato sobre la composición de la faena y la participación de las hembras genera cierta preocupación ya que podría estar indicando varias cuestiones: en algunos casos la reducción del plantel de hembras (futuras madres) podría ser consecuencia del impacto del clima (inundaciones) en la zona de cría de Buenos Aires. También de la decisión de los productores de quedarse con los vientres probados ante el achique de los campos. Por otro lado, los precios de la invernada por la mayor demanda de los feedlots pudo haber alentado la venta para el engorde, mientras que hay que considerar que la retención tiene sus límites y que desde fines de 2015 y durante 2016 se guardó mucha hacienda a consecuencia de las altas expectativas en el futuro del negocio, que luego se fueron diluyendo. Finalmente no es un dato menor el crecimiento de la demanda de China, donde se envía carne de vaca y que representa más del 40% de los embarques de la Argentina.

Por un motivo u otro la situación planteada genera cierta preocupación, porque por otro lado el incremento en la oferta de machos es mucho más leve. La suma de novillos y novillitos (en terneros no hay cambios) enviados a faena es de 250 mil animales más que en el período enero-octubre del año pasado, menos de la mitad de lo que crece el rubro hembras. La tendencia en el caso de los machos es auspiciosa, porque el incremento en términos porcentuales de la faena de novillos y novillitos en los últimos dos meses es de 18%, pero en el año su incremento es de sólo 5%.

La foto de la faena del rodeo vacuno da cuenta de que el cambio de tendencia todavía es a medias, que el interés de los productores por producir animales más pesados, y sobre todo machos más pesados, no está para nada consolidado. También podría indicar los temores a que la política no de las respuestas necesarias y que las inversiones anticipadas se terminen traduciendo en pérdidas económicas o malos negocios.

Por eso la faena de machos no crece como a todos les gustaría, por eso se siguen produciendo hacienda muy liviana. En este caso hay que considerar que la mayor demanda del ganadero es el mercado interno y que los operadores quieren vender carne a los sectores con mayor poder de pago, quienes siguen pidiendo hacienda liviana con grasa bien blanca y de cobertura pareja.

 

Gordo e invernada

En el mercado del gordo estamos en el momento de mayor oferta de carne vacuna. Algunos operadores señalaban que habría alta oferta de gordo y especialmente de hacienda liviana terminada a corral hasta mediados o fines de diciembre, otros ahora estiman que la oferta seguirá alta hasta bien entrado el verano y recién entonces los precios reaccionarían a la reducción de los ofrecimientos.

En el cierre del año se está juntando mucha hacienda cuya terminación se atrasó por los problemas que generó el mal clima. Las lluvias y el frío derivaron en conversiones mucho menores y en el estiramiento de los plazos de engorde, lo que generó fuertes pérdidas económicas, especialmente en los feedlots hoteleros que diseñaron su estrategia de pago en función de los kilos ganados para atraer inversores (matarifes). Ellos se las vieron realmente negras.

Lo que se paga por la hacienda gorda tiene estricta relación con la estacionalidad de los ofrecimientos, que deriva en compras más selectivas de parte de los operadores. Ellos son los que se dan el gusto de elegir entre lo bueno, lo que limita la posibilidad de una recomposición de precios en el corto plazo.

El precio del novillo en octubre, según informa el Ministerio de Agroindustria, promedio $30,7. Este precio significa 13% más que en igual mes del año pasado. La caída de su cotización con respecto al mes anterior fue de sólo 1,4% y de 3% con relación a agosto, cuando se registró el valor promedio mensual más alto del año. En tanto, en noviembre tampoco se produjo una baja marcada: hasta el 21 de este mes el promedio del novillo era similar al alcanzado en octubre.

Algo similar sucede con la hacienda liviana. Si tomamos en consideración los datos del ternero hasta el 21 de noviembre, su promedio fue de $33,7, el mismo valor se logró en octubre y respecto del año anterior la mejora fue de 10%.

Si se quiere ver el vaso medio lleno lo que podemos advertir es que en los meses de más oferta el precio del gordo no se cayó, no hubo un derrumbe de los valores, aunque es cierto que los compradores trabajan con más tranquilidad y selectividad. Si se quiere ver la mitad vacía del vaso, lo que se advierte es una pérdida del valor real del ganado, que no arrancó en los últimos meses sino que se viene manifestando desde principios de año. Las cotizaciones del ganado con destino a faena mejoraron apenas la mitad de la inflación general de precios.

Los actuales valores del gordo se diferencian y se distancian por mucho de la invernada. En muchos remates por los terneros bien livianos se paga incluso por encima de los $50. En el caso de los lotes más pesados, con kilajes en torno a los 180/220 kilos, los precios rondan los $40/45, lo que significa un diferencial con los valores del gordo de 30/33%. Esa brecha duplica el histórico 15% aceptable para la compra de invernada. Se achicará con el paso de las semanas, en tanto los feedlots sigan con el ya iniciado proceso de vaciado de los corrales y mientras nos vayamos acercando a la zafra.

Por lo pronto, los que compran para el engorde apuestan a una suba que todos esperan que se dé, pero de la que nadie está todavía seguro, o al menos nadie puede garantizar la magnitud de la mejora ni el momento de la recomposición de las cotizaciones del gordo, una respuesta que dependerá de lo que pueda dar el consumo interno y también la evolución de la demanda exportadora, que cada vez tiene más peso en la definición del negocio ganadero.

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