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Lo procesaron por chantajear a un sacerdote por $150 mil

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Lo procesaron por chantajear a un sacerdote por $150 mil

El joven amenazaba a un cura de Villa Mercedes con difundir fotos y videos suyos “comprometedores”.

Christopher Ismael Latorre debió pensar que tenía al cura Gustavo Méndez donde quería. Pese a que los unían unos siete años de conocerse, el joven dejó de lado eso y trató de sacar provecho económico de esa cercanía que tenía con el sacerdote de la iglesia Nuestra Señora del Carmen de Villa Mercedes y capellán policial. Lo amenazó, vía WhatsApp, con que si no le pagaba 150 mil pesos, en seis entregas, haría virales fotos y videos suyos que pondrían en jaque su imagen ante la sociedad. Las pruebas que el juez instructor Leandro Estrada logró recolectar esta última semana no hicieron otra cosa más que confirmar ese hecho, y lo procesó por “chantaje”.

David Omar Arrieta, de 24 años, y Lucas Martín Muñoz, de 30, los amigos de Latorre que fueron detenidos con él, no cargan con ninguna acusación. El magistrado les dictó la falta de mérito porque, salvo haber sido quienes acercaron al acusado al lugar donde retiraría el dinero, los investigadores no hallaron ningún otro elemento que los vinculara con la extorsión.

Cuando fueron indagados, ambos sostuvieron lo mismo. En síntesis, contaron que su amigo, a quien conocen desde que eran chicos, les había pedido el jueves 11, el día que los arrestaron, que lo acompañaran hasta la iglesia Nuestra Señora del Carmen. Aunque ambos aceptaron hacerlo en moto, no tenían idea qué iba a hacer al templo.

Las versiones de Arrieta y Muñoz resultaron creíbles para el juez. Puesto que, según pudo establecer, el acusado no tiene medio de movilidad propio. De hecho, un día antes de la detención, sus amigos lo habían acercado hasta el hospital donde tenía internada a su esposa, que está embarazada. Uno lo había llevado al centro médico y el otro lo había ido a buscar en moto, detalló una fuente judicial.

Latorre, de 26 años, fue procesado por intento de chantaje, informó Estrada, es decir, un delito diferente a aquel por el que había sido aprehendido: extorsión. A los ojos de la Justicia, no es lo mismo chantajear a alguien que extorsionarlo, este último delito es más grave que el primero.

El Código Penal Argentino, en su artículo 169, define al chantaje como una intimidación que pretende afectar el honor de una persona, a través, por ejemplo, de la violación de un secreto. La extorsión, en cambio, supone amenazas todavía más severas, que pueden llegar a jugar con la vida y la muerte, explicó el magistrado.

Durante la semana que estuvo detenido, Latorre se abstuvo de declarar en el juzgado. No obstante, las pruebas que los policías del Departamento Investigaciones recabaron en su contra hablan por sí solas.

Aunque los celulares del joven y de la víctima todavía no fueron enviados a peritar, Estrada pudo acceder a la conversación de WhatsApp en la que el religioso era amenazado. Ante la presencia de testigos, los policías le habían tomado capturas de pantalla a los teléfonos de ambos. En una de esas imágenes, el acusado le aseguraba a Méndez: “Tengo fotos y videos que te van a comprometer… Si vos no me pagas seis cuotas de 25 mil pesos, yo te los viralizo y te escracho”.

Pero la prueba más fuerte la constituyó el hecho de que el jueves en cuestión, alrededor de las 22, la hora que le había indicado el cura, Latorre se presentó en la iglesia para retirar lo que pensó sería el primer pago de los 150 mil que pretendía. Dado que cuando se disponía a irse del templo con la plata, los efectivos de Investigaciones lo arrestaron. 

En la semana, Méndez fue citado al juzgado, al menos, dos veces, pero no compareció a ninguna de las audiencias. No obstante, lo que declaró ante la Policía resultó más que suficiente para entender lo que sucedió.

El sacerdote había contado que conocía al joven porque trabajaba en el hogar de ancianos “Santa Teresita” y porque todos los días lo ayudaba a él con su rutina de ejercicios físicos, aunque no fuera precisamente un entrenador.

El jueves 11, a las seis de la mañana, lo amenazó por teléfono. Méndez continuó la conversación de WhatsApp y quedó en abonarle la primera cuota de 25 mil pesos esa misma noche, en la iglesia donde celebra sus misas.

Cuando se vieron allí, el cura le entregó una bolsa y el joven, sin mirar lo que había dentro, la tomó y se fue. En la bolsa sólo había 200 pesos y papeles sueltos, dijo una fuente.

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Lo procesaron por chantajear a un sacerdote por $150 mil

El joven amenazaba a un cura de Villa Mercedes con difundir fotos y videos suyos “comprometedores”.

Nuestra Señora del Carmen. El lugar donde celebra misa la víctima y donde detuvieron a Latorre. Foto: Héctor Portela.

Christopher Ismael Latorre debió pensar que tenía al cura Gustavo Méndez donde quería. Pese a que los unían unos siete años de conocerse, el joven dejó de lado eso y trató de sacar provecho económico de esa cercanía que tenía con el sacerdote de la iglesia Nuestra Señora del Carmen de Villa Mercedes y capellán policial. Lo amenazó, vía WhatsApp, con que si no le pagaba 150 mil pesos, en seis entregas, haría virales fotos y videos suyos que pondrían en jaque su imagen ante la sociedad. Las pruebas que el juez instructor Leandro Estrada logró recolectar esta última semana no hicieron otra cosa más que confirmar ese hecho, y lo procesó por “chantaje”.

David Omar Arrieta, de 24 años, y Lucas Martín Muñoz, de 30, los amigos de Latorre que fueron detenidos con él, no cargan con ninguna acusación. El magistrado les dictó la falta de mérito porque, salvo haber sido quienes acercaron al acusado al lugar donde retiraría el dinero, los investigadores no hallaron ningún otro elemento que los vinculara con la extorsión.

Cuando fueron indagados, ambos sostuvieron lo mismo. En síntesis, contaron que su amigo, a quien conocen desde que eran chicos, les había pedido el jueves 11, el día que los arrestaron, que lo acompañaran hasta la iglesia Nuestra Señora del Carmen. Aunque ambos aceptaron hacerlo en moto, no tenían idea qué iba a hacer al templo.

Las versiones de Arrieta y Muñoz resultaron creíbles para el juez. Puesto que, según pudo establecer, el acusado no tiene medio de movilidad propio. De hecho, un día antes de la detención, sus amigos lo habían acercado hasta el hospital donde tenía internada a su esposa, que está embarazada. Uno lo había llevado al centro médico y el otro lo había ido a buscar en moto, detalló una fuente judicial.

Latorre, de 26 años, fue procesado por intento de chantaje, informó Estrada, es decir, un delito diferente a aquel por el que había sido aprehendido: extorsión. A los ojos de la Justicia, no es lo mismo chantajear a alguien que extorsionarlo, este último delito es más grave que el primero.

El Código Penal Argentino, en su artículo 169, define al chantaje como una intimidación que pretende afectar el honor de una persona, a través, por ejemplo, de la violación de un secreto. La extorsión, en cambio, supone amenazas todavía más severas, que pueden llegar a jugar con la vida y la muerte, explicó el magistrado.

Durante la semana que estuvo detenido, Latorre se abstuvo de declarar en el juzgado. No obstante, las pruebas que los policías del Departamento Investigaciones recabaron en su contra hablan por sí solas.

Aunque los celulares del joven y de la víctima todavía no fueron enviados a peritar, Estrada pudo acceder a la conversación de WhatsApp en la que el religioso era amenazado. Ante la presencia de testigos, los policías le habían tomado capturas de pantalla a los teléfonos de ambos. En una de esas imágenes, el acusado le aseguraba a Méndez: “Tengo fotos y videos que te van a comprometer… Si vos no me pagas seis cuotas de 25 mil pesos, yo te los viralizo y te escracho”.

Pero la prueba más fuerte la constituyó el hecho de que el jueves en cuestión, alrededor de las 22, la hora que le había indicado el cura, Latorre se presentó en la iglesia para retirar lo que pensó sería el primer pago de los 150 mil que pretendía. Dado que cuando se disponía a irse del templo con la plata, los efectivos de Investigaciones lo arrestaron. 

En la semana, Méndez fue citado al juzgado, al menos, dos veces, pero no compareció a ninguna de las audiencias. No obstante, lo que declaró ante la Policía resultó más que suficiente para entender lo que sucedió.

El sacerdote había contado que conocía al joven porque trabajaba en el hogar de ancianos “Santa Teresita” y porque todos los días lo ayudaba a él con su rutina de ejercicios físicos, aunque no fuera precisamente un entrenador.

El jueves 11, a las seis de la mañana, lo amenazó por teléfono. Méndez continuó la conversación de WhatsApp y quedó en abonarle la primera cuota de 25 mil pesos esa misma noche, en la iglesia donde celebra sus misas.

Cuando se vieron allí, el cura le entregó una bolsa y el joven, sin mirar lo que había dentro, la tomó y se fue. En la bolsa sólo había 200 pesos y papeles sueltos, dijo una fuente.

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