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Los chicos del "Centro de Día La Esperanza" coparon la plaza Pringles

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Los chicos del "Centro de Día La Esperanza" coparon la plaza Pringles

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Participaron  más de cien chicos. Además hubieron stands con comida elaborada por ellos, huertas, títeres, artesanías y un taller de cocina.

Más de cien chicos del "Centro de Día La Esperanza", coparon ayer el  centro puntano. Desde hace cuatro años la institución realiza una muestra anual de sus trabajos y en esta ocasión montaron stands con comidas elaboradas por ellos, huertas, títeres, artesanías y un taller de cocina. 

Por la mañana de ayer cuando un tema de "Maluma" empezó a sonar por los parlantes, todos corrieron, se pusieron en posición, contaron hasta cinco y movieron los brazos al ritmo de la música. "Estaban esperando con ansias este momento", dijo emocionado Matías Domínguez, licenciado en Terapia Ocupacional.

Mientras todos bailaban, Andrea Pereyra (una de las pacientes), seguía firme en su stand, no quería perderse la oportunidad de ofrecer sus ricos bizcochuelos, tartas de manzana y pastafloras de membrillo que preparó junto a sus compañeros. 

Mirando con atención Andrea Papa, licenciada en psicología, contó que todo fue elaborado por  ellos mismos. "Esta es una buena forma para que la comunidad los visibilice. También sus papás, ya que por son personas con discapacidades los chicos no pueden contar cuáles son sus tareas diarias", manifestó orgullosa.

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Los chicos del "Centro de Día La Esperanza" coparon la plaza Pringles

Participaron  más de cien chicos. Además hubieron stands con comida elaborada por ellos, huertas, títeres, artesanías y un taller de cocina.

Fotos: Martín Gomez. Video: Alejandro Lorda

Más de cien chicos del "Centro de Día La Esperanza", coparon ayer el  centro puntano. Desde hace cuatro años la institución realiza una muestra anual de sus trabajos y en esta ocasión montaron stands con comidas elaboradas por ellos, huertas, títeres, artesanías y un taller de cocina. 

Por la mañana de ayer cuando un tema de "Maluma" empezó a sonar por los parlantes, todos corrieron, se pusieron en posición, contaron hasta cinco y movieron los brazos al ritmo de la música. "Estaban esperando con ansias este momento", dijo emocionado Matías Domínguez, licenciado en Terapia Ocupacional.

Mientras todos bailaban, Andrea Pereyra (una de las pacientes), seguía firme en su stand, no quería perderse la oportunidad de ofrecer sus ricos bizcochuelos, tartas de manzana y pastafloras de membrillo que preparó junto a sus compañeros. 

Mirando con atención Andrea Papa, licenciada en psicología, contó que todo fue elaborado por  ellos mismos. "Esta es una buena forma para que la comunidad los visibilice. También sus papás, ya que por son personas con discapacidades los chicos no pueden contar cuáles son sus tareas diarias", manifestó orgullosa.

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