eldiariodelarepublica.com
Incógnitas para el futuro

Escuchá acá la 90.9
X

Incógnitas para el futuro

Por estos días, la conferencia sobre el clima (COP24) en Katowice, Polonia, tiene preocupaciones en diversos puntos muy importantes, uno de ellos es la incógnita sobre si el futuro presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, mantendrá al gigante sudamericano dentro del Acuerdo de París.

Para el futuro climático del mundo es imperioso saber cómo puede cambiar el papel de Brasil -especialmente relevante por albergar la Amazonia, “El pulmón del planeta”-, cuando el ultraderechista Bolsonaro asuma el poder el 1º de enero.

“El tiempo apremia. Todos tenemos que aumentar nuestro nivel de ambición", dijo el ministro brasileño de Medio Ambiente, Edson Duarte, subrayando que el país cumplió en 2017 con sus objetivos de reducción de emisiones.

Pero también la sociedad civil brasileña está tomando la palabra para advertir de las “nefastas” consecuencias de una salida del Acuerdo de París, -una posibilidad barajada durante la campaña por Bolsonaro- y mostrar que parte de sus empresas, instituciones y comunidades ya emprendieron la transición ecológica y no están dispuestas a dar marcha atrás.

Además del impacto medioambiental que supondría abandonar las políticas climáticas, su mensaje es claro: a diferencia de Estados Unidos, Brasil no puede permitirse económicamente salir del Acuerdo de París. “Tenemos mucho que perder, nuestra economía está mucho menos diversificada, depende en un 20-30% del uso de la tierra, así como de las exportaciones”, afirmó la Coalición Brasileña sobre Clima, Bosques y Agricultura.

Bolsonaro “está jugando con fuego. No hay que olvidar que la industria agrícola lo apoyó para su elección”, remarcó esta coalición que reúne a casi 200 empresas y asociaciones, entre estas la Abag (Asociación Brasileña del Agronegocio) y la SRB (Sociedad Rural Brasileña), si bien admite que no todo ese sector está comprometido en preservar la Amazonia.

Si la deforestación sigue en aumento en Brasil (13,72%) entre agosto de 2017 y julio de 2018, esto “impactará negativamente en los esfuerzos globales para frenar el calentamiento”, sostiene el Observatorio del Clima de Brasil.

Un regreso a los niveles de hace 15 años supondría 3 gigatoneladas adicionales de emisiones de CO2. El año pasado, las emisiones de gases de efecto invernadero totalizaron en el mundo 53,5 Gt.

Por ahora, la política climática de Bolsonaro es incierta. Crítico con la lucha contra el calentamiento, el futuro presidente nombró al frente del ministerio de Medio Ambiente al abogado derechista Ricardo Salles, ex responsable del área de Sao Paulo y criticado por algunas ONG que lo consideran un aliado del sector ruralista.

“Algunas declaraciones son muy preocupantes, pero es posible un diálogo con algunos sectores. Los militares, aunque les preocupa la soberanía nacional, no quieren que se destruya la Amazonia. Y hay un grupo de economistas que entienden perfectamente que a Brasil le irá mal si sale del Acuerdo de París”, según Alfredo Sirkis, secretario ejecutivo del Foro Brasileño sobre Cambio Climático.

Esta voluntad de tender puentes con el futuro gobierno es compartida por muchos. Como reconoció Sirkis, Brasil es un país más centralizado que Estados Unidos por lo que difícilmente podría organizarse una oposición climática al gobierno de Bolsonaro como sucede con Donald Trump, después de que éste decidiera la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París.

Otros ambientalistas estiman infundada la preocupación. Lo que importa es la cuestión práctica, porque como parlamentario, Bolsonaro contribuyó a que se aprobara la ley nacional sobre biocombustibles, aunque estos son criticados por muchos “verdes” porque fomentan la deforestación.

Esas incógnitas deberán ser develadas en lo inmediato, porque el clima no admite ya demasiadas dilaciones. El futuro del clima es hoy.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Incógnitas para el futuro

Por estos días, la conferencia sobre el clima (COP24) en Katowice, Polonia, tiene preocupaciones en diversos puntos muy importantes, uno de ellos es la incógnita sobre si el futuro presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, mantendrá al gigante sudamericano dentro del Acuerdo de París.

Para el futuro climático del mundo es imperioso saber cómo puede cambiar el papel de Brasil -especialmente relevante por albergar la Amazonia, “El pulmón del planeta”-, cuando el ultraderechista Bolsonaro asuma el poder el 1º de enero.

“El tiempo apremia. Todos tenemos que aumentar nuestro nivel de ambición", dijo el ministro brasileño de Medio Ambiente, Edson Duarte, subrayando que el país cumplió en 2017 con sus objetivos de reducción de emisiones.

Pero también la sociedad civil brasileña está tomando la palabra para advertir de las “nefastas” consecuencias de una salida del Acuerdo de París, -una posibilidad barajada durante la campaña por Bolsonaro- y mostrar que parte de sus empresas, instituciones y comunidades ya emprendieron la transición ecológica y no están dispuestas a dar marcha atrás.

Además del impacto medioambiental que supondría abandonar las políticas climáticas, su mensaje es claro: a diferencia de Estados Unidos, Brasil no puede permitirse económicamente salir del Acuerdo de París. “Tenemos mucho que perder, nuestra economía está mucho menos diversificada, depende en un 20-30% del uso de la tierra, así como de las exportaciones”, afirmó la Coalición Brasileña sobre Clima, Bosques y Agricultura.

Bolsonaro “está jugando con fuego. No hay que olvidar que la industria agrícola lo apoyó para su elección”, remarcó esta coalición que reúne a casi 200 empresas y asociaciones, entre estas la Abag (Asociación Brasileña del Agronegocio) y la SRB (Sociedad Rural Brasileña), si bien admite que no todo ese sector está comprometido en preservar la Amazonia.

Si la deforestación sigue en aumento en Brasil (13,72%) entre agosto de 2017 y julio de 2018, esto “impactará negativamente en los esfuerzos globales para frenar el calentamiento”, sostiene el Observatorio del Clima de Brasil.

Un regreso a los niveles de hace 15 años supondría 3 gigatoneladas adicionales de emisiones de CO2. El año pasado, las emisiones de gases de efecto invernadero totalizaron en el mundo 53,5 Gt.

Por ahora, la política climática de Bolsonaro es incierta. Crítico con la lucha contra el calentamiento, el futuro presidente nombró al frente del ministerio de Medio Ambiente al abogado derechista Ricardo Salles, ex responsable del área de Sao Paulo y criticado por algunas ONG que lo consideran un aliado del sector ruralista.

“Algunas declaraciones son muy preocupantes, pero es posible un diálogo con algunos sectores. Los militares, aunque les preocupa la soberanía nacional, no quieren que se destruya la Amazonia. Y hay un grupo de economistas que entienden perfectamente que a Brasil le irá mal si sale del Acuerdo de París”, según Alfredo Sirkis, secretario ejecutivo del Foro Brasileño sobre Cambio Climático.

Esta voluntad de tender puentes con el futuro gobierno es compartida por muchos. Como reconoció Sirkis, Brasil es un país más centralizado que Estados Unidos por lo que difícilmente podría organizarse una oposición climática al gobierno de Bolsonaro como sucede con Donald Trump, después de que éste decidiera la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París.

Otros ambientalistas estiman infundada la preocupación. Lo que importa es la cuestión práctica, porque como parlamentario, Bolsonaro contribuyó a que se aprobara la ley nacional sobre biocombustibles, aunque estos son criticados por muchos “verdes” porque fomentan la deforestación.

Esas incógnitas deberán ser develadas en lo inmediato, porque el clima no admite ya demasiadas dilaciones. El futuro del clima es hoy.

Logín