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En 30 minutos de fútbol, los internos son libres

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En 30 minutos de fútbol, los internos son libres

Leonardo Kram

Hace 5 años está instaurada el área de deportes en el Complejo Penitenciario Nº 1, que busca la reinserción social de los reclusos. Además, se recibieron técnicos y árbitros.

No son 90 minutos de fútbol, son 30, divididos en dos tiempos de 15. La cancha, en realidad, es la mitad de una de 11, adaptada para 7 jugadores. El terreno es de césped irregular, en vez del verde que se ve en los grandes estadios. A diferencia de palcos, hay torres de control, y a las tribunas las reemplazan dos cercos consecutivos de unos 6 metros de alto, recubiertos por alambre de púa circular. El banco de suplentes es ocupado por seis agentes del servicio penitenciario, de vestimenta negra y gris, corpulentos y serios. Dentro de la cancha, se disputan las finales de las categorías senior y libre. No son jugadores amateurs, tampoco compañeros de trabajo. Más de uno tiene las condiciones de un jugador profesional. Están privados de la libertad y condenados o procesados por distintos delitos en el Complejo Penitenciario Nº 1, en San Luis capital.

El área de deportes del penal fue creado hace 5 años, y uno de sus impulsores principales es Juan Campos, que se desempeña en la cárcel hace 18 años. "Hubo un tiempo en que estaba a cargo de varios internos y, junto a otro colega que tenía internos en la cocina, comenzamos a armar el torneo. Veíamos lo bien que lo hacían", recordó. Hoy participan activamente de las actividades 600 reclusos.

En 2014 pasaron de jugar en los patios de los pabellones al polideportivo del servicio, bautizado Ayudante José Elías Jofré. Además de la cancha con medidas reglamentarias, el predio cuenta con una pista de atletismo (no señalizada) y, a un costado, hay una cancha de básquet, que usan también para el futsal. Asimismo, dispone de baños y bebederos.

Dos jóvenes, atléticas y con ropa deportiva, sostenían los banderines y hacían las veces de juezas de línea. Ellas pertenecen a la Escuela de Formación Arbitral de San Luis (EFAS), que hace un par de años inició con los cursos de arbitraje en el servicio penitenciario a cargo de Francisco Noguera. "En el comienzo, parecía una utopía porque los internos también relacionaban a un árbitro de fútbol con un policía, porque es quien imparte justicia en un campo de juego. En un principio, se anotaron solo 20 internos. Después, vieron que comenzamos a trabajar bien y hoy tenemos que ponerles cupos de 40 a 50 internos, porque, sino, se anotan 200", dijo con una sonrisa Campos. El arbitraje no es solo una actividad que ayuda a pasar las horas dentro de las celdas; implica una salida laboral real. "Hay un chico que trabaja en la zona de Papagayos y Merlo y otro que vive en Villa Mercedes, que recuperaron la libertad y se desempeñan como árbitros", detalló. En las últimas olimpiadas de empleados públicos, también participaron aquellos recibidos del curso, pero que aún no recuperan la libertad. Ellos salieron custodiados, participaron, volvieron a sus celdas y obtuvieron una remuneración por su trabajo. A ello se le suma la iniciativa del Programa de Deportes de la provincia, que dictó cursos de Dirección Técnica a cargo de Gabriel Zanglá.

Uno de los muchachos que veía el partido tenía una camiseta de la selección argentina, de la "era Messi", y se observaba en su brazo izquierdo un tatuaje casero que decía "Anabella". Otras tintas se veían en cuellos y pantorrillas, y también cabezas rapadas a los costados. Había hombres que no superaban los 25 y otros que ya peinaban canas. Dos de los internos, por lo menos, comentaron durante el partido que tenían condiciones para jugar profesionalmente, y uno de ellos incluso se había desempeñado en uno de los clubes más importantes de Mendoza.

Esta vez, había público presente, ya que habían invitado a familiares de aquellos que recibirían sus distinciones por egresarse en los cursos de técnicos y árbitros. Sentados en una veintena de sillas, acomodadas sobre la cancha de básquet, las madres y hermanas se ponían al día sobre tiempos de condena a cumplir, la prohibición de entrar celulares al encuentro y los nervios de ver jugar a sus familiares.

La primera final de la categoría senior llegó a su fin un poco antes del mediodía. Fue un partido cerrado con la mínima diferencia, a favor de los internos mayores de la Unidad II y de los pabellones J e I, contra la Unidad III. "Si bien es una actividad que me apasiona de niño y mueve a la mayoría de argentinos, hombres y mujeres, acá es una actividad que ayuda mucho al esparcimiento. Nos encontramos, para la situación nuestra, en un predio hermoso y nos da la posibilidad de interactuar por el deporte mismo con los otros internos de las unidades y ayudar mucho a la convivencia a futuro", contestó Sergio Nuartes, al que todos llaman "Checho".

El segundo partido, de la categoría libre, fue más aguerrido. La Unidad III de Jóvenes Adultos se enfrentó al Pabellón B de la Unidad de Penados Mayores. Con un empate 1 a 1, la definición fue a penales. Los arqueros se lucieron. El de la Unidad III detuvo la pelota cuatro veces, y el del Pabellón B, tres. El segundo gol del primer equipo le dio la victoria. Festejaron tras seis meses de torneo.

Poco después se entregaron las distinciones a mejor jugador, goleador, campeón y subcampeón de las categorías. Y, luego, los diplomas por arbitraje y dirección técnica, a cargo de la EFAS y el Programa Deportes, respectivamente.

—Hemos cubierto actividades antes y muchas personas nos comentan que esta gente ha hecho mal y está divirtiéndose. ¿Qué les diría?
—Está gente está acá porque tiene problemas con la sociedad. Como servicio penitenciario no podemos tenerlos todo el día reprimidos. Nosotros tenemos que devolverle a la sociedad algo mejor de lo que recibimos. Si acá hay una persona analfabeta que nunca tuvo los límites para vivir en sociedad, nosotros como institución, si podemos le damos estudio, trabajo o le enseñamos alguna actividad para que el día de mañana, cuando él vuelva, no salga peor que cuando entró.

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En 30 minutos de fútbol, los internos son libres

Hace 5 años está instaurada el área de deportes en el Complejo Penitenciario Nº 1, que busca la reinserción social de los reclusos. Además, se recibieron técnicos y árbitros.

Recibidos. Los reclusos posan con sus diplomas, tras completar el primer año de arbitraje. Fotos: Martín Gómez.

No son 90 minutos de fútbol, son 30, divididos en dos tiempos de 15. La cancha, en realidad, es la mitad de una de 11, adaptada para 7 jugadores. El terreno es de césped irregular, en vez del verde que se ve en los grandes estadios. A diferencia de palcos, hay torres de control, y a las tribunas las reemplazan dos cercos consecutivos de unos 6 metros de alto, recubiertos por alambre de púa circular. El banco de suplentes es ocupado por seis agentes del servicio penitenciario, de vestimenta negra y gris, corpulentos y serios. Dentro de la cancha, se disputan las finales de las categorías senior y libre. No son jugadores amateurs, tampoco compañeros de trabajo. Más de uno tiene las condiciones de un jugador profesional. Están privados de la libertad y condenados o procesados por distintos delitos en el Complejo Penitenciario Nº 1, en San Luis capital.

El área de deportes del penal fue creado hace 5 años, y uno de sus impulsores principales es Juan Campos, que se desempeña en la cárcel hace 18 años. "Hubo un tiempo en que estaba a cargo de varios internos y, junto a otro colega que tenía internos en la cocina, comenzamos a armar el torneo. Veíamos lo bien que lo hacían", recordó. Hoy participan activamente de las actividades 600 reclusos.

En 2014 pasaron de jugar en los patios de los pabellones al polideportivo del servicio, bautizado Ayudante José Elías Jofré. Además de la cancha con medidas reglamentarias, el predio cuenta con una pista de atletismo (no señalizada) y, a un costado, hay una cancha de básquet, que usan también para el futsal. Asimismo, dispone de baños y bebederos.

Dos jóvenes, atléticas y con ropa deportiva, sostenían los banderines y hacían las veces de juezas de línea. Ellas pertenecen a la Escuela de Formación Arbitral de San Luis (EFAS), que hace un par de años inició con los cursos de arbitraje en el servicio penitenciario a cargo de Francisco Noguera. "En el comienzo, parecía una utopía porque los internos también relacionaban a un árbitro de fútbol con un policía, porque es quien imparte justicia en un campo de juego. En un principio, se anotaron solo 20 internos. Después, vieron que comenzamos a trabajar bien y hoy tenemos que ponerles cupos de 40 a 50 internos, porque, sino, se anotan 200", dijo con una sonrisa Campos. El arbitraje no es solo una actividad que ayuda a pasar las horas dentro de las celdas; implica una salida laboral real. "Hay un chico que trabaja en la zona de Papagayos y Merlo y otro que vive en Villa Mercedes, que recuperaron la libertad y se desempeñan como árbitros", detalló. En las últimas olimpiadas de empleados públicos, también participaron aquellos recibidos del curso, pero que aún no recuperan la libertad. Ellos salieron custodiados, participaron, volvieron a sus celdas y obtuvieron una remuneración por su trabajo. A ello se le suma la iniciativa del Programa de Deportes de la provincia, que dictó cursos de Dirección Técnica a cargo de Gabriel Zanglá.

Uno de los muchachos que veía el partido tenía una camiseta de la selección argentina, de la "era Messi", y se observaba en su brazo izquierdo un tatuaje casero que decía "Anabella". Otras tintas se veían en cuellos y pantorrillas, y también cabezas rapadas a los costados. Había hombres que no superaban los 25 y otros que ya peinaban canas. Dos de los internos, por lo menos, comentaron durante el partido que tenían condiciones para jugar profesionalmente, y uno de ellos incluso se había desempeñado en uno de los clubes más importantes de Mendoza.

Esta vez, había público presente, ya que habían invitado a familiares de aquellos que recibirían sus distinciones por egresarse en los cursos de técnicos y árbitros. Sentados en una veintena de sillas, acomodadas sobre la cancha de básquet, las madres y hermanas se ponían al día sobre tiempos de condena a cumplir, la prohibición de entrar celulares al encuentro y los nervios de ver jugar a sus familiares.

La primera final de la categoría senior llegó a su fin un poco antes del mediodía. Fue un partido cerrado con la mínima diferencia, a favor de los internos mayores de la Unidad II y de los pabellones J e I, contra la Unidad III. "Si bien es una actividad que me apasiona de niño y mueve a la mayoría de argentinos, hombres y mujeres, acá es una actividad que ayuda mucho al esparcimiento. Nos encontramos, para la situación nuestra, en un predio hermoso y nos da la posibilidad de interactuar por el deporte mismo con los otros internos de las unidades y ayudar mucho a la convivencia a futuro", contestó Sergio Nuartes, al que todos llaman "Checho".

El segundo partido, de la categoría libre, fue más aguerrido. La Unidad III de Jóvenes Adultos se enfrentó al Pabellón B de la Unidad de Penados Mayores. Con un empate 1 a 1, la definición fue a penales. Los arqueros se lucieron. El de la Unidad III detuvo la pelota cuatro veces, y el del Pabellón B, tres. El segundo gol del primer equipo le dio la victoria. Festejaron tras seis meses de torneo.

Poco después se entregaron las distinciones a mejor jugador, goleador, campeón y subcampeón de las categorías. Y, luego, los diplomas por arbitraje y dirección técnica, a cargo de la EFAS y el Programa Deportes, respectivamente.

—Hemos cubierto actividades antes y muchas personas nos comentan que esta gente ha hecho mal y está divirtiéndose. ¿Qué les diría?
—Está gente está acá porque tiene problemas con la sociedad. Como servicio penitenciario no podemos tenerlos todo el día reprimidos. Nosotros tenemos que devolverle a la sociedad algo mejor de lo que recibimos. Si acá hay una persona analfabeta que nunca tuvo los límites para vivir en sociedad, nosotros como institución, si podemos le damos estudio, trabajo o le enseñamos alguna actividad para que el día de mañana, cuando él vuelva, no salga peor que cuando entró.

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