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El rodeo propio

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El rodeo propio

Si como muchos sostienen, la Unión Europea es -desde hace mucho tiempo, pero, sobre todo desde la última década- una expresión cabal de las decisiones de Alemania y sus intereses, resulta lógico que Inglaterra haya forzado su salida del bloque.

Hay naciones que entienden su destino a partir del liderazgo sobre otras naciones. Y los dos países mencionados, son un cabal ejemplo de ello, a lo largo de la historia. A los líderes les cuesta, razonablemente, convivir en un mismo espacio. Ceder no es un ejercicio al que estén habituados. Antes de ceder buscan nuevas formas de liderar, hasta que las encuentran.

La salida de la Unión Europea dio un nuevo sentido a la cumbre de la Commonwealth que se abrió en Londres y en la que el gobierno británico espera renovar viejos lazos comerciales y romper con su imagen de insularidad. “Estarán algunas de las economías de más rápido crecimiento del mundo. Será para nosotros una oportunidad de reconstruir viejas amistades”, dijo a la BBC el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson.

Una lengua en común, y similares sistemas legales, hacen pensar a Londres en las ventajas de comerciar con la Mancomunidad Británica, pero los intercambios con estos países no son de tal calado como para sustituir a los que mantiene con los vecinos europeos.

Resta además saber si el entusiasmo por estrechar lazos imperiales es mutuo. Así, varios países caribeños, por ejemplo, han solicitado reunirse con Theresa May para quejarse por el trato que están recibiendo emigrantes suyos que llegaron hace décadas sin problemas al Reino Unido, sin preocuparse de regularizar su situación, y ahora son víctimas de la política de “entorno hostil” hacia los indocumentados creada por la primera ministra cuando era titular de Interior.

Además, cuando el Reino Unido se unió a la Comunidad Económica Europea en 1973 perdió interés en los intercambios comerciales con las antiguas colonias, causando grandes perjuicios en algunos casos.

La reunión bienal de los 53 estados miembros se celebrará en Londres hasta el viernes, aunque el protagonismo recaerá en el tramo final, al que acudirán el primer ministro indio Narendra Modi y el canadiense Justin Trudeau, entre otros.

La última vez que el Reino Unido acogió una cumbre de la Mancomunidad de Naciones fue en 1997. La reina Isabel II, que encabeza la organización, presidirá una cena para los jefes de gobierno en el palacio de Buckingham y los recibirá de nuevo, en el castillo de Windsor.

La organización, de carácter voluntario, surgió para mantener los lazos históricos entre la metrópolis y sus antiguas colonias y hasta ahora se había concentrado sobre todo en promover el desarrollo y la democracia, pero ahora empieza a volverse hacia el comercio.

El comercio interior en la Commonwealth aumentará un 17% -hasta los 700.000 millones de dólares- hacia 2020, según un informe reciente de la propia organización.

“El Brexit tendrá repercusiones amplias en el Reino Unido, la Unión Europea, y muchos miembros de la Commonwealth”, admitió este informe. Al mismo tiempo, al Reino Unido se le presentarán importantes oportunidades en el período post-Brexit para negociar nuevos acuerdos comerciales bilaterales con los miembros de la Commonwealth interesados. En tanto que miembro de la UE, el Reino Unido no podía hasta ahora negociar individualmente acuerdos de libre comercio.

El veredicto de la revista “The Economist” sobre este acercamiento no es halagüeño: la Commonwealth “no salvará al Reino Unido del Brexit”, afirmó la publicación, tildando esta idea de “ilusión”.

Tal vez el Reino Unido no espere “la cura inmediata”, al escenario económico adverso que deberá afrontar por romper con Europa. Tal vez el Reino Unido sólo pretenda mostrar un gesto de autoridad: liderar en el rodeo propio, para volver a sentirse fuerte. No es un desafío menor.

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El rodeo propio

Si como muchos sostienen, la Unión Europea es -desde hace mucho tiempo, pero, sobre todo desde la última década- una expresión cabal de las decisiones de Alemania y sus intereses, resulta lógico que Inglaterra haya forzado su salida del bloque.

Hay naciones que entienden su destino a partir del liderazgo sobre otras naciones. Y los dos países mencionados, son un cabal ejemplo de ello, a lo largo de la historia. A los líderes les cuesta, razonablemente, convivir en un mismo espacio. Ceder no es un ejercicio al que estén habituados. Antes de ceder buscan nuevas formas de liderar, hasta que las encuentran.

La salida de la Unión Europea dio un nuevo sentido a la cumbre de la Commonwealth que se abrió en Londres y en la que el gobierno británico espera renovar viejos lazos comerciales y romper con su imagen de insularidad. “Estarán algunas de las economías de más rápido crecimiento del mundo. Será para nosotros una oportunidad de reconstruir viejas amistades”, dijo a la BBC el ministro de Relaciones Exteriores, Boris Johnson.

Una lengua en común, y similares sistemas legales, hacen pensar a Londres en las ventajas de comerciar con la Mancomunidad Británica, pero los intercambios con estos países no son de tal calado como para sustituir a los que mantiene con los vecinos europeos.

Resta además saber si el entusiasmo por estrechar lazos imperiales es mutuo. Así, varios países caribeños, por ejemplo, han solicitado reunirse con Theresa May para quejarse por el trato que están recibiendo emigrantes suyos que llegaron hace décadas sin problemas al Reino Unido, sin preocuparse de regularizar su situación, y ahora son víctimas de la política de “entorno hostil” hacia los indocumentados creada por la primera ministra cuando era titular de Interior.

Además, cuando el Reino Unido se unió a la Comunidad Económica Europea en 1973 perdió interés en los intercambios comerciales con las antiguas colonias, causando grandes perjuicios en algunos casos.

La reunión bienal de los 53 estados miembros se celebrará en Londres hasta el viernes, aunque el protagonismo recaerá en el tramo final, al que acudirán el primer ministro indio Narendra Modi y el canadiense Justin Trudeau, entre otros.

La última vez que el Reino Unido acogió una cumbre de la Mancomunidad de Naciones fue en 1997. La reina Isabel II, que encabeza la organización, presidirá una cena para los jefes de gobierno en el palacio de Buckingham y los recibirá de nuevo, en el castillo de Windsor.

La organización, de carácter voluntario, surgió para mantener los lazos históricos entre la metrópolis y sus antiguas colonias y hasta ahora se había concentrado sobre todo en promover el desarrollo y la democracia, pero ahora empieza a volverse hacia el comercio.

El comercio interior en la Commonwealth aumentará un 17% -hasta los 700.000 millones de dólares- hacia 2020, según un informe reciente de la propia organización.

“El Brexit tendrá repercusiones amplias en el Reino Unido, la Unión Europea, y muchos miembros de la Commonwealth”, admitió este informe. Al mismo tiempo, al Reino Unido se le presentarán importantes oportunidades en el período post-Brexit para negociar nuevos acuerdos comerciales bilaterales con los miembros de la Commonwealth interesados. En tanto que miembro de la UE, el Reino Unido no podía hasta ahora negociar individualmente acuerdos de libre comercio.

El veredicto de la revista “The Economist” sobre este acercamiento no es halagüeño: la Commonwealth “no salvará al Reino Unido del Brexit”, afirmó la publicación, tildando esta idea de “ilusión”.

Tal vez el Reino Unido no espere “la cura inmediata”, al escenario económico adverso que deberá afrontar por romper con Europa. Tal vez el Reino Unido sólo pretenda mostrar un gesto de autoridad: liderar en el rodeo propio, para volver a sentirse fuerte. No es un desafío menor.

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