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Los correctivos para los disidentes

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Los correctivos para los disidentes

Aquellos países que, por las razones que fueran, poseen una región con deseos independentistas -dentro o fuera de sus fronteras-, suelen mostrarse firmes y pragmáticos a la hora de “lidiar” con los disidentes. Esta firmeza de los gobiernos centrales muchas veces es cuestionada, en tanto el límite se acerca más al autoritarismo. Claro es también, que los cuestionamientos, en varias oportunidades, persiguen intereses particulares, y su visión puede ser tan sesgada, como la del que aplica el “rigor de la ley”. 

El prominente activista por la independencia de Hong Kong, Edward Leung, fue condenado a seis años de cárcel por su participación en las protestas de 2016, los peores disturbios registrados en varias décadas en esta antigua colonia británica. La jueza Anthea Pang dijo que Leung participó activamente en los disturbios y describió sus acciones como “excesivas y despiadadas”.

Leung, de 27 años, fue declarado culpable de participar en los enfrentamientos que ocurrieron entre policías, y manifestantes armados con piedras, en el barrio de Mong Kok, en la parte continental de este territorio semiautónomo. El joven ya estaba detenido después de haberse declarado culpable en otro proceso por agredir a un policía durante las movilizaciones de 2016, por lo que había sido sentenciado a un año de cárcel.

El tribunal rechazó las motivaciones políticas como circunstancias atenuantes, considerando que esta condena tenía que tener un efecto “disuasivo”. De la autonomía de Hong Kong el tribunal no habló. Leung, estuvo calmado durante toda la audiencia, saludó a sus simpatizantes, -algunos de los cuales reaccionaron con emoción cuando se leyó la sentencia-, y después fue sacado de la sala. Otros dos manifestantes juzgados fueron condenados a siete y tres años y medio de prisión, respectivamente.

La protesta comenzó en febrero de 2016, coincidiendo con el Año Nuevo chino, con una manifestación para apoyar a los comerciantes ambulantes de comida, que las autoridades querían erradicar. Pero rápidamente evolucionó para adquirir un cariz político contra las autoridades en Hong Kong y Pekín. Cerca de 130 personas resultaron heridas, de las cuales 90 eran policías. Durante los disturbios los agentes dispararon al aire como medida de advertencia.

En la vanguardia de la movilización quedaron Leung, y otros jóvenes del movimiento denominado como “localista”, nacido de las cenizas de la “Revolución de los Paraguas”. Así fueron denominadas una serie de protestas pro democracia multitudinarias, en 2014, que no lograron concesiones de Pekín para las reformas políticas.

Una parte de la población de Hong Kong acusa a China de aumentar el control que ejerce sobre esta antigua colonia británica. Esto viola los términos del acuerdo con Londres, que presidió la retrocesión en 1997, y que se suponía que iba a garantizar durante 50 años a este pequeño territorio del sur de China, libertades que no tiene el resto del gigante asiático. En una entrevista de 2016 Leung, que entonces era estudiante de filosofía, dijo que “una guerra, o una batalla, son inevitables”.

Chris Patten, el último gobernador colonial de Hong Kong, denunció esta condena basada en una interpretación de una ley sobre el mantenimiento del orden público. “Las vagas definiciones contenidas en la ley son una puerta abierta para los abusos y no se ajustan” a los estándares internacionales, dijo Patten en un comunicado emitido por Hong Kong Watch, una ONG que monitorea las libertades en esta megalópolis. “Es decepcionante ver que la ley se usa con fines políticos para condenar con dureza a los demócratas y otros activistas”, concluyó. Es la manera en que funcionan los “correctivos” para los disidentes.

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Los correctivos para los disidentes

Aquellos países que, por las razones que fueran, poseen una región con deseos independentistas -dentro o fuera de sus fronteras-, suelen mostrarse firmes y pragmáticos a la hora de “lidiar” con los disidentes. Esta firmeza de los gobiernos centrales muchas veces es cuestionada, en tanto el límite se acerca más al autoritarismo. Claro es también, que los cuestionamientos, en varias oportunidades, persiguen intereses particulares, y su visión puede ser tan sesgada, como la del que aplica el “rigor de la ley”. 

El prominente activista por la independencia de Hong Kong, Edward Leung, fue condenado a seis años de cárcel por su participación en las protestas de 2016, los peores disturbios registrados en varias décadas en esta antigua colonia británica. La jueza Anthea Pang dijo que Leung participó activamente en los disturbios y describió sus acciones como “excesivas y despiadadas”.

Leung, de 27 años, fue declarado culpable de participar en los enfrentamientos que ocurrieron entre policías, y manifestantes armados con piedras, en el barrio de Mong Kok, en la parte continental de este territorio semiautónomo. El joven ya estaba detenido después de haberse declarado culpable en otro proceso por agredir a un policía durante las movilizaciones de 2016, por lo que había sido sentenciado a un año de cárcel.

El tribunal rechazó las motivaciones políticas como circunstancias atenuantes, considerando que esta condena tenía que tener un efecto “disuasivo”. De la autonomía de Hong Kong el tribunal no habló. Leung, estuvo calmado durante toda la audiencia, saludó a sus simpatizantes, -algunos de los cuales reaccionaron con emoción cuando se leyó la sentencia-, y después fue sacado de la sala. Otros dos manifestantes juzgados fueron condenados a siete y tres años y medio de prisión, respectivamente.

La protesta comenzó en febrero de 2016, coincidiendo con el Año Nuevo chino, con una manifestación para apoyar a los comerciantes ambulantes de comida, que las autoridades querían erradicar. Pero rápidamente evolucionó para adquirir un cariz político contra las autoridades en Hong Kong y Pekín. Cerca de 130 personas resultaron heridas, de las cuales 90 eran policías. Durante los disturbios los agentes dispararon al aire como medida de advertencia.

En la vanguardia de la movilización quedaron Leung, y otros jóvenes del movimiento denominado como “localista”, nacido de las cenizas de la “Revolución de los Paraguas”. Así fueron denominadas una serie de protestas pro democracia multitudinarias, en 2014, que no lograron concesiones de Pekín para las reformas políticas.

Una parte de la población de Hong Kong acusa a China de aumentar el control que ejerce sobre esta antigua colonia británica. Esto viola los términos del acuerdo con Londres, que presidió la retrocesión en 1997, y que se suponía que iba a garantizar durante 50 años a este pequeño territorio del sur de China, libertades que no tiene el resto del gigante asiático. En una entrevista de 2016 Leung, que entonces era estudiante de filosofía, dijo que “una guerra, o una batalla, son inevitables”.

Chris Patten, el último gobernador colonial de Hong Kong, denunció esta condena basada en una interpretación de una ley sobre el mantenimiento del orden público. “Las vagas definiciones contenidas en la ley son una puerta abierta para los abusos y no se ajustan” a los estándares internacionales, dijo Patten en un comunicado emitido por Hong Kong Watch, una ONG que monitorea las libertades en esta megalópolis. “Es decepcionante ver que la ley se usa con fines políticos para condenar con dureza a los demócratas y otros activistas”, concluyó. Es la manera en que funcionan los “correctivos” para los disidentes.

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