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Razones que deciden políticas

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Razones que deciden políticas

Es evidente que si las naciones más poderosas del mundo, ampliaran la mirada respecto de los desplazados e inmigrantes, las posibles soluciones serían visibles. Ampliar la mirada significa pensar en términos solidarios, más que en términos financieros. Pensar en los niños que sueñan con ir a una escuela que posea al menos las mínimas condiciones de seguridad y confort, antes que pensar en que la “competencia laboral”, sufrirá un desequilibrio. Pensar en los otros, antes que continuar “mirándose el ombligo”, es un cambio de enfoque muy complejo de llevar a la práctica, sobre todo cuando existen “militantes” de altísimo nivel dispuestos a actuar en contra de estos principios. Los ministros italiano, austríaco y alemán del Interior, halcones respecto a la ardiente cuestión migratoria, constituirán “un eje de voluntarios” para enfrentar la inmigración clandestina, algo que se añade a las otras discordancias europeas.

Para la canciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, ya criticada en su país por su política de asilo considerada demasiado generosa, este anuncio constituye un duro golpe en plena pulseada con su ministro del Interior, el bávaro ultraconservador Horst Seehofer. Según ciertos medios, el conflicto en cuanto a un endurecimiento de la política migratoria, amenaza el frágil equilibrio de la coalición de la CDU, la derecha bávara y los social-demócratas.

Pero fue el canciller austríaco, Sebastian Kurz, junto a Seehofer en Berlín, quien anunció “un eje de voluntarios en la lucha contra la inmigración ilegal” con Roma y Berlín. Algo que no mencionó la víspera en una conferencia de prensa muy crispada junto a Merkel.  Este eje, un término que forzosamente recuerda la alianza fascista en la Segunda Guerra Mundial, reunirá concretamente a los ministros del interior italiano y austriaco, Matteo Salvini y Herbert Kickl, ambos de ultraderecha, con su homólogo alemán.

“Me alegra la buena cooperación que queremos construir entre Roma, Viena y Berlín”, declaró Kurz, mostrando su complicidad con Seehofer. “Es importante no esperar a la catástrofe, como en 2015, y actuar a tiempo”, añadió.

Kurz hacía referencia al flujo migratorio de 2015, cuando centenares de miles de solicitantes de asilo atravesaron Europa a pie. Entonces, la canciller alemana Angela Merkel y su colega austriaco de la época abrieron las puertas de sus países a aquellos migrantes, en su mayoría originarios de Siria, Irak y Afganistán.

Sebastian Kurz, de 31 años, asumió la cancillería a fines de 2017 en Austria, aliándose con la extrema derecha y presentando un proyecto particularmente antiinmigración, su caballo de batalla electoral. Señaló, además: “Nuestro principal objetivo es avanzar en la protección de las fronteras exteriores” de la Unión Europea.

También reivindicó el apoyo de Holanda y Dinamarca. Esto va en detrimento del proyecto de Merkel de crear un sistema de asilo comunitario, a debatir en la cumbre de la UE a fines de junio.

En este contexto confuso, Italia y Grecia, en primera línea del flujo de migrantes, reclaman una repartición equitativa de éstos en la UE. Merkel es favorable a esto, pero la oposición de los países del este europeo es feroz.

A esto se añade la disputa que estalló entre Italia y Francia. El ministro de Interior italiano y presidente de la Liga (extrema derecha) Matteo Salvini pidió que Francia se disculpe de forma “oficial”, puesto que el presidente Emmanuel Macron criticó el “cinismo” y la “irresponsabilidad” de Roma, que rehusó acoger al barco “Aquarius” con más de 600 migrantes a bordo. Sin embargo, no será París quien los reciba, sino España.

Posiciones extremas, pases de factura, miradas cortoplacistas y luchas por el poder, son las razones que muestra Europa, para decidir su política de puertas cerradas a los desplazados. El problema real, aún no se discute.

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Razones que deciden políticas

Es evidente que si las naciones más poderosas del mundo, ampliaran la mirada respecto de los desplazados e inmigrantes, las posibles soluciones serían visibles. Ampliar la mirada significa pensar en términos solidarios, más que en términos financieros. Pensar en los niños que sueñan con ir a una escuela que posea al menos las mínimas condiciones de seguridad y confort, antes que pensar en que la “competencia laboral”, sufrirá un desequilibrio. Pensar en los otros, antes que continuar “mirándose el ombligo”, es un cambio de enfoque muy complejo de llevar a la práctica, sobre todo cuando existen “militantes” de altísimo nivel dispuestos a actuar en contra de estos principios. Los ministros italiano, austríaco y alemán del Interior, halcones respecto a la ardiente cuestión migratoria, constituirán “un eje de voluntarios” para enfrentar la inmigración clandestina, algo que se añade a las otras discordancias europeas.

Para la canciller alemana Angela Merkel, por ejemplo, ya criticada en su país por su política de asilo considerada demasiado generosa, este anuncio constituye un duro golpe en plena pulseada con su ministro del Interior, el bávaro ultraconservador Horst Seehofer. Según ciertos medios, el conflicto en cuanto a un endurecimiento de la política migratoria, amenaza el frágil equilibrio de la coalición de la CDU, la derecha bávara y los social-demócratas.

Pero fue el canciller austríaco, Sebastian Kurz, junto a Seehofer en Berlín, quien anunció “un eje de voluntarios en la lucha contra la inmigración ilegal” con Roma y Berlín. Algo que no mencionó la víspera en una conferencia de prensa muy crispada junto a Merkel.  Este eje, un término que forzosamente recuerda la alianza fascista en la Segunda Guerra Mundial, reunirá concretamente a los ministros del interior italiano y austriaco, Matteo Salvini y Herbert Kickl, ambos de ultraderecha, con su homólogo alemán.

“Me alegra la buena cooperación que queremos construir entre Roma, Viena y Berlín”, declaró Kurz, mostrando su complicidad con Seehofer. “Es importante no esperar a la catástrofe, como en 2015, y actuar a tiempo”, añadió.

Kurz hacía referencia al flujo migratorio de 2015, cuando centenares de miles de solicitantes de asilo atravesaron Europa a pie. Entonces, la canciller alemana Angela Merkel y su colega austriaco de la época abrieron las puertas de sus países a aquellos migrantes, en su mayoría originarios de Siria, Irak y Afganistán.

Sebastian Kurz, de 31 años, asumió la cancillería a fines de 2017 en Austria, aliándose con la extrema derecha y presentando un proyecto particularmente antiinmigración, su caballo de batalla electoral. Señaló, además: “Nuestro principal objetivo es avanzar en la protección de las fronteras exteriores” de la Unión Europea.

También reivindicó el apoyo de Holanda y Dinamarca. Esto va en detrimento del proyecto de Merkel de crear un sistema de asilo comunitario, a debatir en la cumbre de la UE a fines de junio.

En este contexto confuso, Italia y Grecia, en primera línea del flujo de migrantes, reclaman una repartición equitativa de éstos en la UE. Merkel es favorable a esto, pero la oposición de los países del este europeo es feroz.

A esto se añade la disputa que estalló entre Italia y Francia. El ministro de Interior italiano y presidente de la Liga (extrema derecha) Matteo Salvini pidió que Francia se disculpe de forma “oficial”, puesto que el presidente Emmanuel Macron criticó el “cinismo” y la “irresponsabilidad” de Roma, que rehusó acoger al barco “Aquarius” con más de 600 migrantes a bordo. Sin embargo, no será París quien los reciba, sino España.

Posiciones extremas, pases de factura, miradas cortoplacistas y luchas por el poder, son las razones que muestra Europa, para decidir su política de puertas cerradas a los desplazados. El problema real, aún no se discute.

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