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Un cambio profundo

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Un cambio profundo

Para algunos especialistas, e incluso para los propios protagonistas; es la mayor guerra comercial de la historia. Los contendientes son Estados Unidos y China, el tablero es el mundo, las piezas están valuadas en miles de millones de dólares, y aunque determinar “el ganador”, será para los analistas futuros una tarea titánica; cualquiera sea el resultado, implicará cambios profundos para un enorme porcentaje de los habitantes del globo. 

Estados Unidos anunció la imposición de aranceles por decenas de miles de millones de dólares a numerosos productos chinos, y provocó una inmediata réplica de Pekín, que denunció “la mayor guerra comercial de la historia económica”.

Con el anuncio entraron en vigor los derechos aduaneros punitivos decididos por el presidente estadounidense Donald Trump, sobre un total de 34.000 millones de dólares de importaciones chinas, que incluyen automóviles, discos duros o componentes de aviones. China reaccionó de inmediato y señaló que estaba “obligada a tomar las contramedidas necesarias, para defender los intereses fundamentales del país y de su población”, según señaló en un comunicado el ministerio chino de Comercio.

Pekín no ofreció detalles de inmediato sobre el importe y la naturaleza de sus medidas, aunque la agencia oficial Xinhua precisó que se habían impuesto “derechos aduaneros complementarios” a productos norteamericanos.

China acusó además a Washington de lanzar la mayor guerra comercial de la historia económica con la imposición de estos nuevos aranceles y denunció que “Estados Unidos ha violado las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)”. El primer ministro chino, Li Keqiang, advirtió que una guerra comercial “no beneficia a nadie”.

“Si un país quiere aumentar los aranceles, China responderá para defenderse. Una guerra comercial no beneficia a nadie porque perjudica al comercio libre y al proceso multilateral”, declaró Li en Sofía, Bulgaria, donde asiste a una cumbre con 16 países de la UE y de los Balcanes.

El gobierno de Trump impuso aranceles del 25% a unos 818 productos chinos. Un segundo lote de aranceles, por un valor de 16.000 millones y objeto de examen por el representante del Comercio (USTR) Robert Lighthizer, entrará en vigor próximamente, indicó Trump, que habló de un plazo de “dos semanas”.

En total, serán 50.000 millones de dólares de importaciones chinas anuales que se verán afectadas por esas medidas, destinadas a compensar lo que Trump considera es el “robo” de propiedad intelectual y de tecnologías por parte de China. Pero Washington podría ir más lejos. Trump le pidió a Robert Lighthizer que “identifique 200.000 millones de dólares de bienes chinos con vistas a aranceles suplementarios del 10%”.

Estas medidas podrían elevar a 450.000 millones de dólares el valor de los productos chinos gravados, es decir la gran mayoría de las importaciones que llegan a Estados Unidos desde el gigante asiático (505.600 millones de dólares en 2017).

La entrada en vigor de estos aranceles marca el fracaso de meses de negociaciones entre las dos mayores economías del mundo, y ocurre en momentos en que importantes voces de la industria alertan sobre las consecuencias internas en Estados Unidos.

Washington acusa a China de haberse apropiado de patentes de tecnología de punta ya sea a través de las obligaciones a las empresas estadounidenses para operar en el mercado chino o simplemente mediante el robo. El año pasado, el déficit comercial de Estados Unidos con China alcanzó nada menos que 372.200 millones de dólares, una cifra que desató la ira de Trump.

Cuando la entrada en vigor de estos nuevos aranceles estadounidenses atravesaba el conteo regresivo, la Reserva Federal (el banco central estadounidense) alertó que una inminente guerra comercial es una “nube negra en un cielo azul” para la economía local.

Las industrias muestran su preocupación, los gigantes discuten por cifras escalofriantes, los productos sufren nuevas tasas impositivas y el cambio profundo en el comercio mundial, comienza a percibirse. Es un choque de gigantes, y los “pequeños”, solo son testigos de lujo.

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Un cambio profundo

Para algunos especialistas, e incluso para los propios protagonistas; es la mayor guerra comercial de la historia. Los contendientes son Estados Unidos y China, el tablero es el mundo, las piezas están valuadas en miles de millones de dólares, y aunque determinar “el ganador”, será para los analistas futuros una tarea titánica; cualquiera sea el resultado, implicará cambios profundos para un enorme porcentaje de los habitantes del globo. 

Estados Unidos anunció la imposición de aranceles por decenas de miles de millones de dólares a numerosos productos chinos, y provocó una inmediata réplica de Pekín, que denunció “la mayor guerra comercial de la historia económica”.

Con el anuncio entraron en vigor los derechos aduaneros punitivos decididos por el presidente estadounidense Donald Trump, sobre un total de 34.000 millones de dólares de importaciones chinas, que incluyen automóviles, discos duros o componentes de aviones. China reaccionó de inmediato y señaló que estaba “obligada a tomar las contramedidas necesarias, para defender los intereses fundamentales del país y de su población”, según señaló en un comunicado el ministerio chino de Comercio.

Pekín no ofreció detalles de inmediato sobre el importe y la naturaleza de sus medidas, aunque la agencia oficial Xinhua precisó que se habían impuesto “derechos aduaneros complementarios” a productos norteamericanos.

China acusó además a Washington de lanzar la mayor guerra comercial de la historia económica con la imposición de estos nuevos aranceles y denunció que “Estados Unidos ha violado las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC)”. El primer ministro chino, Li Keqiang, advirtió que una guerra comercial “no beneficia a nadie”.

“Si un país quiere aumentar los aranceles, China responderá para defenderse. Una guerra comercial no beneficia a nadie porque perjudica al comercio libre y al proceso multilateral”, declaró Li en Sofía, Bulgaria, donde asiste a una cumbre con 16 países de la UE y de los Balcanes.

El gobierno de Trump impuso aranceles del 25% a unos 818 productos chinos. Un segundo lote de aranceles, por un valor de 16.000 millones y objeto de examen por el representante del Comercio (USTR) Robert Lighthizer, entrará en vigor próximamente, indicó Trump, que habló de un plazo de “dos semanas”.

En total, serán 50.000 millones de dólares de importaciones chinas anuales que se verán afectadas por esas medidas, destinadas a compensar lo que Trump considera es el “robo” de propiedad intelectual y de tecnologías por parte de China. Pero Washington podría ir más lejos. Trump le pidió a Robert Lighthizer que “identifique 200.000 millones de dólares de bienes chinos con vistas a aranceles suplementarios del 10%”.

Estas medidas podrían elevar a 450.000 millones de dólares el valor de los productos chinos gravados, es decir la gran mayoría de las importaciones que llegan a Estados Unidos desde el gigante asiático (505.600 millones de dólares en 2017).

La entrada en vigor de estos aranceles marca el fracaso de meses de negociaciones entre las dos mayores economías del mundo, y ocurre en momentos en que importantes voces de la industria alertan sobre las consecuencias internas en Estados Unidos.

Washington acusa a China de haberse apropiado de patentes de tecnología de punta ya sea a través de las obligaciones a las empresas estadounidenses para operar en el mercado chino o simplemente mediante el robo. El año pasado, el déficit comercial de Estados Unidos con China alcanzó nada menos que 372.200 millones de dólares, una cifra que desató la ira de Trump.

Cuando la entrada en vigor de estos nuevos aranceles estadounidenses atravesaba el conteo regresivo, la Reserva Federal (el banco central estadounidense) alertó que una inminente guerra comercial es una “nube negra en un cielo azul” para la economía local.

Las industrias muestran su preocupación, los gigantes discuten por cifras escalofriantes, los productos sufren nuevas tasas impositivas y el cambio profundo en el comercio mundial, comienza a percibirse. Es un choque de gigantes, y los “pequeños”, solo son testigos de lujo.

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