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La coherencia explica todo

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La coherencia explica todo

En dos semanas comenzará formalmente la campaña electoral para las elecciones presidenciales de Brasil. Lula Da Silva encabeza con comodidad las encuestas, con casi 15 puntos de ventaja sobre Jair Bolsonaro, el segundo, en todas las mediciones.

Pero Lula está en prisión y la situación es tan compleja, que aún es imposible saber si el Tribunal Electoral, aprobará o desestimará su candidatura, por el hecho de haber sido hallado culpable, al menos para dos instancias de la justicia; tal como marca la ley electoral.

El hecho no es menor. En los próximos tres meses, una página importante de la historia latinoamericana, será escrita en Brasil: Lula quizá logre ubicarse definitivamente en el Panteón de las grandes figuras de la política continental. Un mérito que quizás alcance, en cualquier escenario posible.

Uno de esos escenarios, es la proscripción, y en ese caso (hayan sido justos, o no, con Lula), un nuevo presidente ocupará el despacho principal del Planalto. Ese hipotético presidente, acorde a las encuestas actualizadas, sería Bolsonaro.

Bolsonaro y Lula están en las antípodas ideológicas, muy lejos uno del otro. Desde el origen, los discursos, los objetivos, o los modelos que cada uno ha elegido a lo largo de sus vidas. En una región que sabe tanto de luchas, como de abusos; uno fue obrero, y el otro fue militar. En otro lugar del planeta, esos serían dos oficios como cualquiera, en Latinoamérica, significa otra cosa.

La coherencia de Lula y la coherencia de Bolsonaro, lo explican todo. Una coherencia capaz de resistir groseros errores en uno y otro lado: algunos bienes de origen dudoso, en el caso de Lula, que lo llevaron al lugar donde está. La frase a una legisladora en un debate agitado, en el caso de Bolsonaro: “A usted no la violaría, porque no se lo merece”.

Esas groserías públicas “empatan” la moral de los candidatos. Una moral a la que los votantes algunas veces miran con terror, y otras veces, ni siquiera registran. La coherencia de ambos es la manera en la que entienden su país, y al resto del mundo. 

Bolsonaro anunció al general Antonio Hamilton Mourao como candidato a vicepresidente de cara a las elecciones de octubre en Brasil. El anuncio fue hecho en la convención regional en Sao Paulo del Partido Social Liberal (PSL), que a pesar de su nombre es conservador. Mourao confirmó la decisión en la convención de su Partido Renovador Trabalhista Brasileiro (PRTB), también de derecha.

“Siento que es un privilegio y por eso acepté la invitación de Jair Bolsonaro”, dijo Mourao en un breve discurso en el encuentro partidista. El ahora aspirante a la Vicepresidencia defendió un gobierno austero y el combate a la criminalidad.

Bolsonaro se dirigió a la audiencia después de su compañero de fórmula y emocionó a los presentes con un pronunciamiento de corte nacionalista. Mourao, general de reserva de 64 años que entró en el Ejército en 1972, generó polémica un año atrás al afirmar que si la vida política seguía degradándose -con los principales responsables del poder y la oposición enfrentados a graves acusaciones de corrupción-, el Ejército se vería obligado tarde o temprano a “buscar la solución”.

En 2015, fue separado de la comandancia de la Región Sur por haber criticado a la “clase política”, en plena tormenta de la investigación Lava Jato que reveló una descomunal red de corrupción en la estatal Petrobras. Ese mismo año, un cuartel bajo su mando rindió homenaje al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, ex jefe del DOI-Codi, centro de detención y tortura del régimen militar (1964-85).

El Partido de los Trabajadores (PT), nominó a Lula, arriesgándose a la posibilidad de quedarse sin candidato, en caso de que su nominación no sea aceptada y los términos electorales prescriban. Al final de estos tres meses, Brasil tendrá un nuevo presidente, en el camino se pondrá a prueba una vez más, la coherencia de los principales contendientes.

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En dos semanas comenzará formalmente la campaña electoral para las elecciones presidenciales de Brasil. Lula Da Silva encabeza con comodidad las encuestas, con casi 15 puntos de ventaja sobre Jair Bolsonaro, el segundo, en todas las mediciones.

Pero Lula está en prisión y la situación es tan compleja, que aún es imposible saber si el Tribunal Electoral, aprobará o desestimará su candidatura, por el hecho de haber sido hallado culpable, al menos para dos instancias de la justicia; tal como marca la ley electoral.

El hecho no es menor. En los próximos tres meses, una página importante de la historia latinoamericana, será escrita en Brasil: Lula quizá logre ubicarse definitivamente en el Panteón de las grandes figuras de la política continental. Un mérito que quizás alcance, en cualquier escenario posible.

Uno de esos escenarios, es la proscripción, y en ese caso (hayan sido justos, o no, con Lula), un nuevo presidente ocupará el despacho principal del Planalto. Ese hipotético presidente, acorde a las encuestas actualizadas, sería Bolsonaro.

Bolsonaro y Lula están en las antípodas ideológicas, muy lejos uno del otro. Desde el origen, los discursos, los objetivos, o los modelos que cada uno ha elegido a lo largo de sus vidas. En una región que sabe tanto de luchas, como de abusos; uno fue obrero, y el otro fue militar. En otro lugar del planeta, esos serían dos oficios como cualquiera, en Latinoamérica, significa otra cosa.

La coherencia de Lula y la coherencia de Bolsonaro, lo explican todo. Una coherencia capaz de resistir groseros errores en uno y otro lado: algunos bienes de origen dudoso, en el caso de Lula, que lo llevaron al lugar donde está. La frase a una legisladora en un debate agitado, en el caso de Bolsonaro: “A usted no la violaría, porque no se lo merece”.

Esas groserías públicas “empatan” la moral de los candidatos. Una moral a la que los votantes algunas veces miran con terror, y otras veces, ni siquiera registran. La coherencia de ambos es la manera en la que entienden su país, y al resto del mundo. 

Bolsonaro anunció al general Antonio Hamilton Mourao como candidato a vicepresidente de cara a las elecciones de octubre en Brasil. El anuncio fue hecho en la convención regional en Sao Paulo del Partido Social Liberal (PSL), que a pesar de su nombre es conservador. Mourao confirmó la decisión en la convención de su Partido Renovador Trabalhista Brasileiro (PRTB), también de derecha.

“Siento que es un privilegio y por eso acepté la invitación de Jair Bolsonaro”, dijo Mourao en un breve discurso en el encuentro partidista. El ahora aspirante a la Vicepresidencia defendió un gobierno austero y el combate a la criminalidad.

Bolsonaro se dirigió a la audiencia después de su compañero de fórmula y emocionó a los presentes con un pronunciamiento de corte nacionalista. Mourao, general de reserva de 64 años que entró en el Ejército en 1972, generó polémica un año atrás al afirmar que si la vida política seguía degradándose -con los principales responsables del poder y la oposición enfrentados a graves acusaciones de corrupción-, el Ejército se vería obligado tarde o temprano a “buscar la solución”.

En 2015, fue separado de la comandancia de la Región Sur por haber criticado a la “clase política”, en plena tormenta de la investigación Lava Jato que reveló una descomunal red de corrupción en la estatal Petrobras. Ese mismo año, un cuartel bajo su mando rindió homenaje al coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, ex jefe del DOI-Codi, centro de detención y tortura del régimen militar (1964-85).

El Partido de los Trabajadores (PT), nominó a Lula, arriesgándose a la posibilidad de quedarse sin candidato, en caso de que su nominación no sea aceptada y los términos electorales prescriban. Al final de estos tres meses, Brasil tendrá un nuevo presidente, en el camino se pondrá a prueba una vez más, la coherencia de los principales contendientes.

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