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Inaugurar algo no terminado

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Inaugurar algo no terminado

Macri lo hizo con una planta eólica en Córdoba.

Todavía hay macristas que destilan sorna cuando recuerdan la central hidroeléctrica que inauguró hace unos años Cristina Kirchner en Campana, cuando tuvieron que poner ruido de motores a través de una grabación, porque el complejo no funcionaba. Pero resulta que los que llegaron para "cambiar", hacen lo mismo. Pasó el viernes en Achiras, Córdoba, donde el presidente Mauricio Macri inauguró una planta eólica que no está terminada. Todo sea por figurar, mostrar gestión y tratar de atraer algunos votitos en medio del maremoto económico que llevó su imagen al segundo subsuelo. Y no sólo cortó las cintas de algo que no genera ningún tipo de energía, sino que obvió decir que el que la construyó fue Nicky Caputo, su "hermano del alma", quien ganó la licitación en noviembre de 2016, en pleno apogeo de su gobierno. Caputo, en lugar de contratar empresas nacionales para que hicieran las 47 turbinas, prefirió invertir en el extranjero, privando de dar trabajo a operarios argentinos.
También dio un poco de pena ver al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, oficiar casi de asistente del primer mandatario, mientras protocolo se "olvidó" de invitar al verdadero dueño de casa, Jorge Otamendi, el intendente de Achiras, quien de todos modos se encargó de aclarar que aunque hubiera recibido la tarjeta tampoco habría ido, "porque sé que la planta no funciona". Lo feo es que no lo invitaron porque es kirchnerista, otro gesto sectarista, no acorde con la "nueva política" que propalan los infladores de globos amarillos.

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Inaugurar algo no terminado

Macri lo hizo con una planta eólica en Córdoba.

Todavía hay macristas que destilan sorna cuando recuerdan la central hidroeléctrica que inauguró hace unos años Cristina Kirchner en Campana, cuando tuvieron que poner ruido de motores a través de una grabación, porque el complejo no funcionaba. Pero resulta que los que llegaron para "cambiar", hacen lo mismo. Pasó el viernes en Achiras, Córdoba, donde el presidente Mauricio Macri inauguró una planta eólica que no está terminada. Todo sea por figurar, mostrar gestión y tratar de atraer algunos votitos en medio del maremoto económico que llevó su imagen al segundo subsuelo. Y no sólo cortó las cintas de algo que no genera ningún tipo de energía, sino que obvió decir que el que la construyó fue Nicky Caputo, su "hermano del alma", quien ganó la licitación en noviembre de 2016, en pleno apogeo de su gobierno. Caputo, en lugar de contratar empresas nacionales para que hicieran las 47 turbinas, prefirió invertir en el extranjero, privando de dar trabajo a operarios argentinos.
También dio un poco de pena ver al gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, oficiar casi de asistente del primer mandatario, mientras protocolo se "olvidó" de invitar al verdadero dueño de casa, Jorge Otamendi, el intendente de Achiras, quien de todos modos se encargó de aclarar que aunque hubiera recibido la tarjeta tampoco habría ido, "porque sé que la planta no funciona". Lo feo es que no lo invitaron porque es kirchnerista, otro gesto sectarista, no acorde con la "nueva política" que propalan los infladores de globos amarillos.

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