Opinión

Nueva filosofía en vinos

El mes pasado viajamos a Mendoza con los alumnos de sommelier de las escuelas Borja Blazquez de San Juan y de San Luis invitados por la feria de vino “Mendoza Wine Fair”, para realizar entrenamiento profesional en servicio de vinos y también participar como público degustando el elixir de más de 40 bodegas.

En este mismo contexto y como parte de la experiencia académica visitamos dos bodegas entre las cuales hoy les quiero contar la experiencia en Séptima, la bodega argentina que pertenece al grupo catalán Codorniú Raventós y que se encuentra emplazada en Agrelo, Luján de Cuyo.

Apenas habían pasado las 11:30 cuando llegamos a la bodega y allí nos estaba esperando Leonardo Pisano, segundo enólogo cuya edad la estimo en apenas pasaditos los 30 años, y quien nos generó una primera impresión que avizoraba una experiencia intensa y productiva.

Empezamos el recorrido donde se recepta la uva luego de la vendimia y allí, entre las despalilladoras y mesas de selección, comenzó a discurrir una charla-clase de vinificación técnica pero muy coloquial, propia de un apasionado “docente” que disfruta y ama profundamente lo que sabe hacer, y en este caso, nada más y nada menos que de “hacer vinos” estamos hablando.

Continuamos por la zona de tanques de acero inoxidable que se utilizan para la fermentación alcohólica, pasamos luego a ver las barricas de roble donde se realiza la crianza oxidativa, y también la zona de embotellado y etiquetado, para finalizar en una sala de degustación técnica que coronó el recorrido.

Los sommelieres admiramos a los enólogos inquietos y atrevidos que desafían lo establecido y reformulan el rumbo de su profesión, tal es el caso de Leonardo y de Paula Borgo, la enóloga jefa de la bodega, quien al presentar el año pasado una nueva línea de vinos sostuvo: “Confiado, surge como una necesidad de mostrar de una manera más fina, pura y profunda nuestra filosofía. Esta línea nació para instaurar una identidad nueva, muy propia de Mendoza y de una generación de gente joven –de la que formo parte– que busca dejar su impronta en los productos de un lugar y una zona. Son vinos que hicimos más emocional que racionalmente, nuestro lado más rebelde y caprichoso. Trabajamos mucho y con libertad, y cuando nos sentimos confiados, decidimos presentarlos”.

Tuvimos la oportunidad de probar espumosos, “Los Confiados”, el gran reserva y la perlita que coronó la visita ocurrió cuando Leonardo nos hizo degustar tres vinos que formarán parte de una nueva línea, sin etiqueta aún, que está por salir próximamente y que guardó celosamente el nombre que ostentará.

Queridos enófilos, “buscando se encuentra” decía mi abuela Matilde, y así nos ocurrió que encontramos a estos actores hacedores de vinos con “nueva filosofía” que nos llenan el espíritu y nos hacen más bonita la vida, a todos ellos muchísimas gracias y ¡salud!

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