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Un peligroso parecido

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Un peligroso parecido

Existe un conocido “doble juego” en algunos hechos, en el que la ficción imita a la realidad; o la realidad imita a la ficción. En el primer caso resulta razonable, lógico y hasta propio de la evolución de las sociedades. En el segundo caso puede generar sorpresas, incredulidad, o estupor. Una u otra respuesta emocional está ligada a ¿Qué sucede? y ¿Qué se imita?

En 1886 Robert Louis Stevenson publicó una obra maestra: “El extraño caso del Doctor Jekyll y del Señor Hyde”. La pequeña novela es uno de los acercamientos artísticos, más notables, a la psiquiatría. Pocas veces la literatura ha llegado a explicar, por otros medios, el Trastorno Disociativo de la Identidad, como ocurre en este caso.

La novela trata sobre un científico que luego de beber una pócima creada por él mismo, se convierte en el “ser despreciable y malvado”, que todos los humanos llevan dentro de sí. Ahora, sí la realidad recorre el camino inverso, tal vez no se trate de una “obra maestra”, si no, de todo lo contrario.

Facebook anunció que prepara una “sala de situación” instalada en la sede de la compañía, destinada a repeler “en tiempo real” los esfuerzos en las redes sociales para manipular elecciones, que estará operativa para los venideros comicios de Estados Unidos y Brasil.

La red social creada por Mark Zuckerberg, es acusada social y penalmente de haber sido la herramienta predilecta para la manipulación de elecciones, con resultados aparentemente “sorpresivos”. El caso más resonante lo constituye la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Si una herramienta es capaz de lograr la manipulación de una sociedad de adultos votantes, su poder es extraordinario. Pero a ese poder “hay que probarlo” legalmente. Si se prueba legalmente, Facebook “desaparece” en treinta segundos, como herramienta “gana elecciones”, porque su “credibilidad”, recibe el golpe de gracia. Al “desaparecer” de ese campo de acción tan influyente -la política-, tal vez pierda demasiado dinero, como para sobrevivir, apenas con su “rol social”.

Todo parece indicar que a Facebook “no le conviene demasiado”, que su poder de cambiar la opinión del electorado, se haga masivamente conocido. La mejor manera que encontró la empresa para defenderse, fue convertirse en “lo contrario”: en una herramienta capaz de “garantizar la transparencia”. O sea, en algo muy parecido a: “El extraño caso del Doctor Jekyll y del Señor Hyde”.

Sería un hecho notable (y objetivamente positivo), en el estudio de las redes sociales, que Facebook hubiese comprendido -en el cenit de su poder-, que “si no cambia”, desaparece. Si por lo contrario: es un peligroso parecido a la novela de Stevenson; quizás los mejores días hayan llegado a su fin.

La “sala de situación” es la última iniciativa conocida de Facebook para combatir las estratagemas destinadas a confundir electores, cuando la plataforma se prepara para una inundación de falsedades o campañas para hacer creer a las personas que pueden votar mediante un mensaje de texto, según sus directivos.

El propio Zuckerberg, dijo que la empresa está mejor preparada para combatir los esfuerzos de manipular la plataforma para influir en elecciones. Y que recientemente frustró campañas de injerencia ajena en varios países, incluyendo México y Brasil.

“Hemos identificado y retirado cuentas falsas antes de las elecciones en Francia, Alemania, Alabama (EE.UU.), México y Brasil”, dijo en una publicación. “Hallamos y derribamos campañas extranjeras de injerencia desde Rusia e Irán que intentaron interferir en Estados Unidos, Reino Unido, el Medio Oriente y otros lugares, así como grupos en México y Brasil, activos en su propio país”.

La red social empezó a mostrar a los responsables detrás de los anuncios relacionados a las elecciones. Y además anuló, o bloqueó, cerca de 1.300 millones de cuentas falsas, vinculadas a campañas de injerencia.

Una cantidad de cuentas falsas equivalente, a la población del país más habitado de la Tierra, China. No pasará mucho tiempo hasta que Facebook adopte su “personalidad” definitiva: “Jekyll, o Hyde”.

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Un peligroso parecido

Existe un conocido “doble juego” en algunos hechos, en el que la ficción imita a la realidad; o la realidad imita a la ficción. En el primer caso resulta razonable, lógico y hasta propio de la evolución de las sociedades. En el segundo caso puede generar sorpresas, incredulidad, o estupor. Una u otra respuesta emocional está ligada a ¿Qué sucede? y ¿Qué se imita?

En 1886 Robert Louis Stevenson publicó una obra maestra: “El extraño caso del Doctor Jekyll y del Señor Hyde”. La pequeña novela es uno de los acercamientos artísticos, más notables, a la psiquiatría. Pocas veces la literatura ha llegado a explicar, por otros medios, el Trastorno Disociativo de la Identidad, como ocurre en este caso.

La novela trata sobre un científico que luego de beber una pócima creada por él mismo, se convierte en el “ser despreciable y malvado”, que todos los humanos llevan dentro de sí. Ahora, sí la realidad recorre el camino inverso, tal vez no se trate de una “obra maestra”, si no, de todo lo contrario.

Facebook anunció que prepara una “sala de situación” instalada en la sede de la compañía, destinada a repeler “en tiempo real” los esfuerzos en las redes sociales para manipular elecciones, que estará operativa para los venideros comicios de Estados Unidos y Brasil.

La red social creada por Mark Zuckerberg, es acusada social y penalmente de haber sido la herramienta predilecta para la manipulación de elecciones, con resultados aparentemente “sorpresivos”. El caso más resonante lo constituye la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Si una herramienta es capaz de lograr la manipulación de una sociedad de adultos votantes, su poder es extraordinario. Pero a ese poder “hay que probarlo” legalmente. Si se prueba legalmente, Facebook “desaparece” en treinta segundos, como herramienta “gana elecciones”, porque su “credibilidad”, recibe el golpe de gracia. Al “desaparecer” de ese campo de acción tan influyente -la política-, tal vez pierda demasiado dinero, como para sobrevivir, apenas con su “rol social”.

Todo parece indicar que a Facebook “no le conviene demasiado”, que su poder de cambiar la opinión del electorado, se haga masivamente conocido. La mejor manera que encontró la empresa para defenderse, fue convertirse en “lo contrario”: en una herramienta capaz de “garantizar la transparencia”. O sea, en algo muy parecido a: “El extraño caso del Doctor Jekyll y del Señor Hyde”.

Sería un hecho notable (y objetivamente positivo), en el estudio de las redes sociales, que Facebook hubiese comprendido -en el cenit de su poder-, que “si no cambia”, desaparece. Si por lo contrario: es un peligroso parecido a la novela de Stevenson; quizás los mejores días hayan llegado a su fin.

La “sala de situación” es la última iniciativa conocida de Facebook para combatir las estratagemas destinadas a confundir electores, cuando la plataforma se prepara para una inundación de falsedades o campañas para hacer creer a las personas que pueden votar mediante un mensaje de texto, según sus directivos.

El propio Zuckerberg, dijo que la empresa está mejor preparada para combatir los esfuerzos de manipular la plataforma para influir en elecciones. Y que recientemente frustró campañas de injerencia ajena en varios países, incluyendo México y Brasil.

“Hemos identificado y retirado cuentas falsas antes de las elecciones en Francia, Alemania, Alabama (EE.UU.), México y Brasil”, dijo en una publicación. “Hallamos y derribamos campañas extranjeras de injerencia desde Rusia e Irán que intentaron interferir en Estados Unidos, Reino Unido, el Medio Oriente y otros lugares, así como grupos en México y Brasil, activos en su propio país”.

La red social empezó a mostrar a los responsables detrás de los anuncios relacionados a las elecciones. Y además anuló, o bloqueó, cerca de 1.300 millones de cuentas falsas, vinculadas a campañas de injerencia.

Una cantidad de cuentas falsas equivalente, a la población del país más habitado de la Tierra, China. No pasará mucho tiempo hasta que Facebook adopte su “personalidad” definitiva: “Jekyll, o Hyde”.

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