eldiariodelarepublica.com
Una Generación Dorada

Escuchá acá la 90.9
X

Una Generación Dorada

Marcelo Dettoni

Miles de palabras se han gastado para tratar de explicar el fenómeno que representó la Generación Dorada para el básquetbol mundial. Esa década de gloria que marcó para siempre al deporte argentino tiene muchas aristas para destacar, pero nadie mejor que Mike Krzyzewski, el hombre que le cambió la mentalidad al básquetbol estadounidense y lo “bajó a la tierra” desde su mundo idílico de la NBA con la creación de USA Basketball, para definir lo que sintió cuando los tuvo enfrente.

Fue en la previa de la semifinal que los enfrentó en los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008. “Recuerdo que España había vencido a Lituania y nosotros debíamos enfrentar en la otra semifinal a Argentina. Estábamos por entrar al campo, en el túnel, donde el público no te ve, y unos metros atrás estaban los argentinos, bailando abrazados, alentándose. Yo iba con Mike D'Antoni, uno de mis asistentes, y al ver eso le dije 'Mike, olvídate del scouting que hicimos, es a esto a lo que debemos vencer’”.

“Esto” era la Generación Dorada, la que ya los había eliminado de la lucha por el oro en Atenas 2004 y los había humillado en su tierra, en Indianápolis, durante el Mundial 2002, cuando recibieron la primera derrota a manos de esa hermandad transformada en una selección de básquetbol inolvidable. Lo lograron (101-81), pero son palabras que reconfortan.

Lo decía el hombre que había creado la organización que hizo invencibles a los estadounidenses luego de una serie de golpes que le dieron selecciones FIBA, comenzando por la Argentina. “Para armar la nueva estructura de USA Basketball mi inspiración llegó desde la humildad de Argentina y la pasión de sus jugadores”, aseguró el coach legendario de la Universidad de Duke, quien supo manejar a las estrellas con mano maestra, al punto que luego de Atenas 2004 no volvieron a perder. Pero el daño, o el favor, ya estaban hechos. Y fue Argentina la que inició ese replanteo hacia la humildad, primero venciendo al Dream Team en Indianápolis por 87-80 durante la segunda fase, y repitiendo la hazaña en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atenas por 89-81. Dos mazazos de los que habló el mundo entero, que pusieron a la Generación Dorada en el merecido Olimpo, porque además se quedó con la medalla de oro luego de cargarse a Italia en la final griega. Y en 2002 un par de fallos arbitrales dudosos la privaron también de bajar a Yugoslavia y ganar el Mundial.

Cuando Argentina le ganó por primera vez a una selección compuesta por jugadores de la NBA, Estados Unidos llegaba con un récord de 58-0, que se remontaba a 1992, génesis del primer Dream Team, aquel de Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird que arrasó con todos sus rivales en los Juegos de Barcelona. Lo de Indianápolis fue tan fuerte, que tras perder con el equipo de Rubén Magnano, los norteamericanos también cayeron 81-78 con Yugoslavia y 81-75 con España, para quedar sextos en “su” Mundial.

Más allá del juego, lo que siempre destacó a la Generación Dorada fue su visión integral del básquetbol: identidad, pase al compañero mejor ubicado, buena selección de tiros, ayudas defensivas, resignar el protagonismo en pos del triunfo colectivo, disciplina y un coraje enorme. Y claro, tenían un talento único. Sánchez y Montecchia manejaban el balón con maestría, Sconocchini era un animal encarando al aro, Ginóbili aportaba su mano y esa anticipación que lo llevará al Hall of Fame de la NBA, Oberto y Scola se sacrificaban bajo los tableros dando ventajas de altura. Y estaban los jóvenes para ir ganando minutos, fenómenos como Hermann y Delfino, que se formaron a imagen y semejanza de los mayores.

Hoy la Argentina se mantiene competitiva pero ya no tiene a la Generación Dorada. O sí, porque quedó el ejemplo, la virtud, el compañerismo, la discreción. Son pautas que se transmitieron también entre los entrenadores, porque el Oveja Hernández lo mamó de Magnano y pasará el testigo cuando haga falta. Lo que nadie podrá borrar son las dos victorias ante el Dream Team, las de David contra Goliath, esas de las que habló el mundo entero.

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

Una Generación Dorada

Miles de palabras se han gastado para tratar de explicar el fenómeno que representó la Generación Dorada para el básquetbol mundial. Esa década de gloria que marcó para siempre al deporte argentino tiene muchas aristas para destacar, pero nadie mejor que Mike Krzyzewski, el hombre que le cambió la mentalidad al básquetbol estadounidense y lo “bajó a la tierra” desde su mundo idílico de la NBA con la creación de USA Basketball, para definir lo que sintió cuando los tuvo enfrente.

Fue en la previa de la semifinal que los enfrentó en los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008. “Recuerdo que España había vencido a Lituania y nosotros debíamos enfrentar en la otra semifinal a Argentina. Estábamos por entrar al campo, en el túnel, donde el público no te ve, y unos metros atrás estaban los argentinos, bailando abrazados, alentándose. Yo iba con Mike D'Antoni, uno de mis asistentes, y al ver eso le dije 'Mike, olvídate del scouting que hicimos, es a esto a lo que debemos vencer’”.

“Esto” era la Generación Dorada, la que ya los había eliminado de la lucha por el oro en Atenas 2004 y los había humillado en su tierra, en Indianápolis, durante el Mundial 2002, cuando recibieron la primera derrota a manos de esa hermandad transformada en una selección de básquetbol inolvidable. Lo lograron (101-81), pero son palabras que reconfortan.

Lo decía el hombre que había creado la organización que hizo invencibles a los estadounidenses luego de una serie de golpes que le dieron selecciones FIBA, comenzando por la Argentina. “Para armar la nueva estructura de USA Basketball mi inspiración llegó desde la humildad de Argentina y la pasión de sus jugadores”, aseguró el coach legendario de la Universidad de Duke, quien supo manejar a las estrellas con mano maestra, al punto que luego de Atenas 2004 no volvieron a perder. Pero el daño, o el favor, ya estaban hechos. Y fue Argentina la que inició ese replanteo hacia la humildad, primero venciendo al Dream Team en Indianápolis por 87-80 durante la segunda fase, y repitiendo la hazaña en las semifinales de los Juegos Olímpicos de Atenas por 89-81. Dos mazazos de los que habló el mundo entero, que pusieron a la Generación Dorada en el merecido Olimpo, porque además se quedó con la medalla de oro luego de cargarse a Italia en la final griega. Y en 2002 un par de fallos arbitrales dudosos la privaron también de bajar a Yugoslavia y ganar el Mundial.

Cuando Argentina le ganó por primera vez a una selección compuesta por jugadores de la NBA, Estados Unidos llegaba con un récord de 58-0, que se remontaba a 1992, génesis del primer Dream Team, aquel de Michael Jordan, Magic Johnson y Larry Bird que arrasó con todos sus rivales en los Juegos de Barcelona. Lo de Indianápolis fue tan fuerte, que tras perder con el equipo de Rubén Magnano, los norteamericanos también cayeron 81-78 con Yugoslavia y 81-75 con España, para quedar sextos en “su” Mundial.

Más allá del juego, lo que siempre destacó a la Generación Dorada fue su visión integral del básquetbol: identidad, pase al compañero mejor ubicado, buena selección de tiros, ayudas defensivas, resignar el protagonismo en pos del triunfo colectivo, disciplina y un coraje enorme. Y claro, tenían un talento único. Sánchez y Montecchia manejaban el balón con maestría, Sconocchini era un animal encarando al aro, Ginóbili aportaba su mano y esa anticipación que lo llevará al Hall of Fame de la NBA, Oberto y Scola se sacrificaban bajo los tableros dando ventajas de altura. Y estaban los jóvenes para ir ganando minutos, fenómenos como Hermann y Delfino, que se formaron a imagen y semejanza de los mayores.

Hoy la Argentina se mantiene competitiva pero ya no tiene a la Generación Dorada. O sí, porque quedó el ejemplo, la virtud, el compañerismo, la discreción. Son pautas que se transmitieron también entre los entrenadores, porque el Oveja Hernández lo mamó de Magnano y pasará el testigo cuando haga falta. Lo que nadie podrá borrar son las dos victorias ante el Dream Team, las de David contra Goliath, esas de las que habló el mundo entero.

Logín