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Impuso sus reglas y terminó tercero

El fracaso electoral de Enrique Ponce.

Enrique Ponce no puede salir de su asombro. Ante la imposibilidad de volver a ser reelecto, tuvo todo a su favor para elegir y dejar a su pupilo en la Intendencia de San Luis. Impartió las reglas de juego, puso todo el aparato municipal para que Enrique Picco se convirtiera en su sucesor, pero el electorado otra vez le dio la espalda. Su delfín salió tercero y solo pudo meter un concejal de los ocho que estaban en juego. Así su San Luis Somos Todos igualó la magra ubicación que obtuvo hace dos años, durante una elección meramente legislativa.

En febrero de este año, Ponce anunció la fecha de elecciones, separada de la provincial y también de la nacional. Quiso que fuera con Boleta Única Papel, un sistema a estrenar que no estaba contemplado en la Constitución Provincial ni en la Carta Orgánica. Pero lo terminó imponiendo con el voto mayoritario del Concejo. 

Fue candidato a vicegobernador por el macrismo, pero su matrimonio electoral con Claudio Poggi se terminó apenas se consumaba la derrota de junio. En una conferencia de prensa volvió a marcar la cancha y vaticinó que junto a él estaba sentado el próximo intendente. En esa mesa estaban Picco, Francisco Petrino, Ignacio Campos y su hermano Carlos Ponce. Poco después bendijo al arquitecto como su candidato, puso a su hermano como primer concejal y le pidió la renuncia a Petrino para ratificar su incipiente idilio con el sector más tradicional del radicalismo. 

Sus actos municipales violaron sistemáticamente la veda electoral. Destinó todos los recursos a su alcance para potenciar a Picco, que tuvo hasta una avioneta surcando el cielo puntano por más de una semana promocionando su candidatura. Hasta último momento trató de robarle el protagonismo al Tribunal Electoral. Incluso se arrogó facultades al sacar un decreto a tres días de la elección que establecía las formas para considerar cuándo el voto era válido y cuándo no. 

Pero todas estas acciones y su gestión no le alcanzaron. Los números cosechados el domingo fueron lapidarios. San Luis Somos Todos quedó a dieciocho puntos del Frente Justicialista de Todos. No ganó en ninguno de los veintidós circuitos electorales. Tampoco lo hizo en ninguno de los cincuenta y un lugares de votación. 

El domingo, en el hotel propiedad de la familia Picco, hubo muchas caras largas y llanto. Ponce y su delfín aceptaron a regañadientes la voluntad popular y dijeron que después del 10 de diciembre volverán a la actividad privada. El martes, en conferencia, los mismos protagonistas repitieron el discurso. Las urnas hablaron y fueron elocuentes. 

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Impuso sus reglas y terminó tercero

El fracaso electoral de Enrique Ponce.

El domingo, Ponce y Picco aceptaron a regañadientes la voluntad popular.

Enrique Ponce no puede salir de su asombro. Ante la imposibilidad de volver a ser reelecto, tuvo todo a su favor para elegir y dejar a su pupilo en la Intendencia de San Luis. Impartió las reglas de juego, puso todo el aparato municipal para que Enrique Picco se convirtiera en su sucesor, pero el electorado otra vez le dio la espalda. Su delfín salió tercero y solo pudo meter un concejal de los ocho que estaban en juego. Así su San Luis Somos Todos igualó la magra ubicación que obtuvo hace dos años, durante una elección meramente legislativa.

En febrero de este año, Ponce anunció la fecha de elecciones, separada de la provincial y también de la nacional. Quiso que fuera con Boleta Única Papel, un sistema a estrenar que no estaba contemplado en la Constitución Provincial ni en la Carta Orgánica. Pero lo terminó imponiendo con el voto mayoritario del Concejo. 

Fue candidato a vicegobernador por el macrismo, pero su matrimonio electoral con Claudio Poggi se terminó apenas se consumaba la derrota de junio. En una conferencia de prensa volvió a marcar la cancha y vaticinó que junto a él estaba sentado el próximo intendente. En esa mesa estaban Picco, Francisco Petrino, Ignacio Campos y su hermano Carlos Ponce. Poco después bendijo al arquitecto como su candidato, puso a su hermano como primer concejal y le pidió la renuncia a Petrino para ratificar su incipiente idilio con el sector más tradicional del radicalismo. 

Sus actos municipales violaron sistemáticamente la veda electoral. Destinó todos los recursos a su alcance para potenciar a Picco, que tuvo hasta una avioneta surcando el cielo puntano por más de una semana promocionando su candidatura. Hasta último momento trató de robarle el protagonismo al Tribunal Electoral. Incluso se arrogó facultades al sacar un decreto a tres días de la elección que establecía las formas para considerar cuándo el voto era válido y cuándo no. 

Pero todas estas acciones y su gestión no le alcanzaron. Los números cosechados el domingo fueron lapidarios. San Luis Somos Todos quedó a dieciocho puntos del Frente Justicialista de Todos. No ganó en ninguno de los veintidós circuitos electorales. Tampoco lo hizo en ninguno de los cincuenta y un lugares de votación. 

El domingo, en el hotel propiedad de la familia Picco, hubo muchas caras largas y llanto. Ponce y su delfín aceptaron a regañadientes la voluntad popular y dijeron que después del 10 de diciembre volverán a la actividad privada. El martes, en conferencia, los mismos protagonistas repitieron el discurso. Las urnas hablaron y fueron elocuentes. 

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