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Selva Aguilera juega, arbitra y dirige: "Mi vida es el hockey"

Salió campeona con "El Juve", bicampeona con la 7ª de La Torre y arbitró el Nacional Sub 16. Cierra un gran año.

Por redacción
| 09 de diciembre de 2019
Con alma de árbitra. "Estamos muy expuestos al error. Nadie nos quiere, pero a mí me encanta", dijo Selva y sacó la amarilla. Fotos: Marianela Sánchez.

A los 15 practicó por primera vez el deporte que inmortalizaron "Las Leonas" en Argentina para acompañar a una amiga. Pero su romance con la bocha duró solo un año. La segunda cita fue a los 23, ya como profesora de Educación Física. Ahí se encendió la llama. Desde entonces Selva Aguilera (34) y el hockey viven un amor pasional y eterno. "Mi vida es el hockey", le dijo a El Diario. La capitana de Juventud desanda un diciembre de un 2019 que le será difícil de olvidar e igualar. Salió campeona con la Primera del "Juve", bicampeona como entrenadora de la séptima de La Torre y tras arbitrar varios partidos del Torneo Nacional Sub 16 en Paraná, fue designada para impartir justicia en la final entre Mendoza y Córdoba. La central es preceptora en una escuela de Juana Koslay y presidenta de la Asociación Sanluiseña de Árbitros de Hockey sobre Césped y Pista. Cuarta entre cinco hermanos, tía de 11 niños y la única nena de mamá y papá.

 

 

—Ya pasaron unos días: ¿Cuál fue el partido más difícil para Juventud?

 

—La semifinal contra Caldenes de Villa Mercedes. Hacía dos años que no les ganábamos. Siempre empatábamos o perdíamos. Más allá de jugar contra un equipo fuerte que lo hace muy bien, era todo lo que teníamos adentro. Y encima en una semifinal. Pero jugamos muy bien, fuimos superiores y ganamos rebién.

 

 

—¿Y la final contra Aviador Origone?

 

—La final fue ajustadísima. En esas instancias hay cosas que no salen aunque siempre salgan, además había mucha gente, mucho ruido, bombo, algo que yo no había vivido nunca. Eso está bueno por un lado. Aunque por otro, no tanto porque yo soy de hablar mucho en la cancha, dar indicaciones y no había forma de que me escucharan mis compañeras. Los nervios de los penales fueron terribles. Pero confiaba mucho en las que tiraban y en la arquera porque habíamos estado entrenando.

 

—¿Cuándo empezaste con el arbitraje?

 

—En el 2015 me postulé para poder rendir y ese año empecé a arbitrar acá. Fue en un torneo Sub 16 en San Luis. Me fue bien y a partir de ahí empecé el proceso de arbitraje a nivel nacional. Todos los años te dan uno o dos torneos y después te califican. Este año mi objetivo era llegar a ser árbitro nacional y me preparé para esto. En noviembre me convocaron para el Torneo Nacional Sub 16 en Paraná. La final fue entre Mendoza y Córdoba. Me tocó arbitrarla con Flor, una chica de Buenos Aires.

 

 

—Te tiene que haber ido muy bien para que te hagan dirigir la final...

 

—Creo que sí. La verdad que a mí mucho no me gusta calificarme porque soy muy autoexigente. Fue una experiencia relinda, con nervios. Ahora estoy feliz.

 

 

—¿Qué te gusta más jugar, dirigir o arbitrar?

 

—Es todo muy diferente. Porque como entrenadora tenés ese vínculo con las nenas que es impagable. Donde te ven te saludan y el afecto es muy grande. Arbitrar, solamente a los que lo hacemos nos gusta. Nadie nos quiere, pero a mí me encanta. Y jugar también. Me gusta mucho ahora porque lo hago con amigas. Ellas saben cuándo estoy bien o mal, o cómo me tienen que hablar. Por eso no puedo elegir entre las tres cosas.

 

 

—¿Qué otras cosas te gusta hacer?

 

—Hace un tiempo empecé el gimnasio. Disfruto pasar mucho tiempo con amigas, juntarme con ellas. Pero siempre estoy haciendo algo relacionado al hockey. Mi vida es el hockey. Yo dejo muchos momentos con mi familia por esto y les agradezco que me entienden. No sé cómo sería mi vida sin el hockey.

 

 

—Cerrás un 2019 fantástico: ¿Qué le vas a pedir al 2020?

 

—No sé. El año que viene tengo que pensar si voy a seguir jugando. A veces en la Primera me enfrento a chicas de 16 años y se nota esa diferencia. Voy a tomar la decisión ahora en vacaciones cuando esté más relajada. Porque este año me ponía la camiseta de Juventud, jugaba, me la sacaba, iba a otra cancha, me ponía la de La Torre con las nenitas, me la sacaba y me ponía la de árbitro. Era mucho. Necesito hacer una pausa tal vez. Lo voy a pensar, todavía no se.

 

A Selva le tira el silbato. No lo dice pero lo deja ver en el colgante que luce su cuello y en el llavero colocado en una mochila negra que la acompaña a todos lados. "Soy intensa en todo", asegura. En realidad es perfeccionista y es líder. De esas personas que se meten en algo de cabeza y tienen un único techo: el cielo.

 

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