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Se van encendiendo las luces del estadio…

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Se van encendiendo las luces del estadio…

Las voces engoladas, los escasamente espontáneos gestos de ternura y comprensión, las pretendidas posturas tolerantes e innovadoras, empiezan a sucumbir ante dos enemigos implacables: la realidad y los votos. Desde el gobierno nacional ya se empieza a trabajar para que el contraste entre las promesas electorales y la situación actual no sea tan brutal. El Presidente de la Nación se ve obligado a admitir, con ternura y con inocencia, que acaba de descubrir que combatir la inflación era algo más difícil de lo que su escasa percepción alcanzó a visualizar. El abismo va de hacerla desaparecer, a los implacables 50 puntos porcentuales que aumentó el índice de precios en el último año. Ya desesperados por la inminencia de los comicios muchos presuntos candidatos empiezan a tambalear por la cuerda floja que les propone la necesidad de efectuar propuestas concretas y empezar a fundamentar para qué quieren ocupar tal o cual cargo. Qué es precisamente lo que quieren hacer. Ni hablar del actual primer mandatario que, después de lo realizado en más de tres años, recurre a incomprensibles ejercicios de dialéctica para explicar que no repetirá tan magro desempeño. Enganchados en la trama mediática, pierden mucho tiempo aclarando lo que no son, lo que no harían, con quien no irían. Expresiones interesantes si quedara claro previamente dónde pretenden ir. Cosa que no se vislumbra. Muchos no pueden exhibir ni realizaciones, ni comprobado caudal electoral en sus propios distritos. Sus pobres discursos pretenden obviar estas cuestiones. Cabe la salvedad de un importante caudal de “oposición global”, transversal a provincias  y partidos, que plantea sin eufemismos que el objetivo es impedir la reelección de la alianza gobernante. El fracaso económico y lo desesperante de la situación social sostienen tan específica pretensión.                                                                                                                                         El marketing electoral puede ayudar a muchas cosas. Los dibujitos y las cadenas en las redes tienen alguna creciente influencia. Pero la realidad golpea con demasiada crudeza como para pretender esconderla detrás de experimentos y discursos tiernos. Y las famosas encuestas de opinión hablan de preocupaciones por el aumento de las tarifas de luz y gas, por la inflación, por la evolución de la situación económica, el temor a perder el trabajo, las deudas personales y familiares, y el brutal endeudamiento del país (mochila muy pesada para quien asuma el 10 de diciembre de 2019). Esta es la realidad. Y la situación es muy particular: la gestión del gobierno nacional tiene un rechazo cercano al 70% del electorado, sin embargo en paralelo aparece su posible chance de alcanzar el triunfo en las presidenciales de 2019.

En San Luis, la situación es bien distinta. La aceptación de la gestión del gobierno provincial ronda ese mismo porcentaje, 70%. Algunos sondeos hablan de cifras aún más altas. Y se van aclarando todas las cuestiones. De un modo inequívoco y contundente el Partido Justicialista manifestó su voluntad de participar de las PAS del 21 de Abril. Esas primarias ya cuentan al actual gobernador, en alianza con otras fuerzas claramente opuestas al gobierno nacional, como primer precandidato. Más allá del número de contendientes, es muy saludable que el partido gobernante defina sus candidatos en las urnas. Y se escuchan otras voces, otros precandidatos. Está todo dado para que las elecciones del 21 de abril y del 16 junio se desarrollen en paz y armonía. Están todas las garantías necesarias. Cierto es que se vislumbran algunos saltos ideológicos difíciles de explicar, y complicados de realizar, pero… Se van encendiendo las luces del estadio, y solo restar para quienes lo pretendan, salir a la cancha.

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Se van encendiendo las luces del estadio…

Las voces engoladas, los escasamente espontáneos gestos de ternura y comprensión, las pretendidas posturas tolerantes e innovadoras, empiezan a sucumbir ante dos enemigos implacables: la realidad y los votos. Desde el gobierno nacional ya se empieza a trabajar para que el contraste entre las promesas electorales y la situación actual no sea tan brutal. El Presidente de la Nación se ve obligado a admitir, con ternura y con inocencia, que acaba de descubrir que combatir la inflación era algo más difícil de lo que su escasa percepción alcanzó a visualizar. El abismo va de hacerla desaparecer, a los implacables 50 puntos porcentuales que aumentó el índice de precios en el último año. Ya desesperados por la inminencia de los comicios muchos presuntos candidatos empiezan a tambalear por la cuerda floja que les propone la necesidad de efectuar propuestas concretas y empezar a fundamentar para qué quieren ocupar tal o cual cargo. Qué es precisamente lo que quieren hacer. Ni hablar del actual primer mandatario que, después de lo realizado en más de tres años, recurre a incomprensibles ejercicios de dialéctica para explicar que no repetirá tan magro desempeño. Enganchados en la trama mediática, pierden mucho tiempo aclarando lo que no son, lo que no harían, con quien no irían. Expresiones interesantes si quedara claro previamente dónde pretenden ir. Cosa que no se vislumbra. Muchos no pueden exhibir ni realizaciones, ni comprobado caudal electoral en sus propios distritos. Sus pobres discursos pretenden obviar estas cuestiones. Cabe la salvedad de un importante caudal de “oposición global”, transversal a provincias  y partidos, que plantea sin eufemismos que el objetivo es impedir la reelección de la alianza gobernante. El fracaso económico y lo desesperante de la situación social sostienen tan específica pretensión.                                                                                                                                         El marketing electoral puede ayudar a muchas cosas. Los dibujitos y las cadenas en las redes tienen alguna creciente influencia. Pero la realidad golpea con demasiada crudeza como para pretender esconderla detrás de experimentos y discursos tiernos. Y las famosas encuestas de opinión hablan de preocupaciones por el aumento de las tarifas de luz y gas, por la inflación, por la evolución de la situación económica, el temor a perder el trabajo, las deudas personales y familiares, y el brutal endeudamiento del país (mochila muy pesada para quien asuma el 10 de diciembre de 2019). Esta es la realidad. Y la situación es muy particular: la gestión del gobierno nacional tiene un rechazo cercano al 70% del electorado, sin embargo en paralelo aparece su posible chance de alcanzar el triunfo en las presidenciales de 2019.

En San Luis, la situación es bien distinta. La aceptación de la gestión del gobierno provincial ronda ese mismo porcentaje, 70%. Algunos sondeos hablan de cifras aún más altas. Y se van aclarando todas las cuestiones. De un modo inequívoco y contundente el Partido Justicialista manifestó su voluntad de participar de las PAS del 21 de Abril. Esas primarias ya cuentan al actual gobernador, en alianza con otras fuerzas claramente opuestas al gobierno nacional, como primer precandidato. Más allá del número de contendientes, es muy saludable que el partido gobernante defina sus candidatos en las urnas. Y se escuchan otras voces, otros precandidatos. Está todo dado para que las elecciones del 21 de abril y del 16 junio se desarrollen en paz y armonía. Están todas las garantías necesarias. Cierto es que se vislumbran algunos saltos ideológicos difíciles de explicar, y complicados de realizar, pero… Se van encendiendo las luces del estadio, y solo restar para quienes lo pretendan, salir a la cancha.

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