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Paradojas de la política internacional

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Paradojas de la política internacional

Aunque resulte paradójico, Estados Unidos insiste en presionar a sus aliados de la coalición contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) para que manden tropas al norte de Siria y proteger así a los aliados kurdos, una vez que los soldados norteamericanos abandonen la región. Parece absurdo, pero así ocurre.

Los 13 ministros de Defensa de los principales países de la coalición internacional antiyihadista, buscan desde hace semanas una respuesta al rompecabezas que supone la retirada del principal contribuyente a esta alianza militar. El objetivo es doble: no dejar solos a los kurdos que encabezaron en el terreno los combates contra la organización yihadista, con el apoyo de la coalición, y mantener un esfuerzo antiterrorista para evitar que vuelva Estado Islámico, que pasó a la clandestinidad.

Pero el jefe del Pentágono, Patrick Shanahan, no les aportó soluciones concretas. “Aunque ha llegado la hora de reducir el número de tropas estadounidenses en el noreste de Siria, Estados Unidos sigue comprometido en favor de la causa de la coalición, y de la derrota permanente del EI en Medio Oriente y otras partes”, dijo.

Shanahan calificó esta partida, por orden del presidente Donald Trump, de “cambio táctico” y prometió mantener las “capacidades antiterroristas en la región” y permanecer “junto a aliados y socios”, pero sin mayores precisiones.

Para estos aliados, el tiempo apremia. Los últimos combatientes del EI están acorralados en un territorio de 1 km2 en el este de Siria, bajo el fuego de las fuerzas kurdo-árabes (FDS), apoyadas por la coalición, cuya contribución corresponde mayoritariamente a Estados Unidos.

“El califato físico fue destruido” pero “EI cambia de rostro y se reorganiza en la clandestinidad, construyendo redes con otros grupos terroristas, incluso una red mundial”, dijo la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen.

Otro desafío importante lo presentan las zonas controladas por la milicia kurda Unidades de Protección del Pueblo (YPG) una vez desaparezca el escudo estadounidense. ¿Atacará Turquía, que califica a las YPG de grupo terrorista, a sus enemigos kurdos? Y Damasco, que reclama el fin de la autonomía kurda en esta zona, ¿tratará de recuperar el poder allí con sus aliados Irán y Rusia?

Shanahan había evocado esta semana la creación de una “fuerza de observadores” compuesta por sus aliados en una zona desmilitarizada, para proteger a los kurdos sirios, e impedir que se reconstituyan las células yihadistas.

“Lo hablamos, pero sólo en términos generales”, indicó un alto responsable del Pentágono que pidió el anonimato, pero “es un tema sobre el que los ministros tienen posiciones diferentes”.

La idea no entusiasma a Francia, que contribuye en las operaciones de la coalición con unos 1.200 hombres (entre unidades de artillería, fuerzas especiales, ataques aéreos y formación para las fuerzas iraquíes).

“Está totalmente fuera de cuestión que haya franceses en el terreno sin los estadounidenses. Simplemente no”, dijo una fuente francesa. Y más aún teniendo en cuenta que, “para garantizar la seguridad de una zona de 400 km por 30 km, harían falta 20.000 efectivos”, advirtió un alto responsable europeo.

Von der Leyen envió un mensaje similar a Washington. “Debemos defender el principio de la equidad en la amistad transa- tlántica”, dijo. “La equidad es compartir la carga militar, así como las decisiones políticas. Para nuestras misiones, defendemos el principio: entramos juntos, salimos juntos”, afirmó. “Eso vale también para Siria”.

La inminente derrota del grupo EI dará pie a la retirada de las tropas estadounidenses de las zonas controladas por los kurdos. Y volverá a repartir las cartas entre los diferentes actores del conflicto sirio. Un misterio que se develará en los próximos meses, y al que muchos analistas le temen. Paradojas de la política internacional.

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Paradojas de la política internacional

Aunque resulte paradójico, Estados Unidos insiste en presionar a sus aliados de la coalición contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI) para que manden tropas al norte de Siria y proteger así a los aliados kurdos, una vez que los soldados norteamericanos abandonen la región. Parece absurdo, pero así ocurre.

Los 13 ministros de Defensa de los principales países de la coalición internacional antiyihadista, buscan desde hace semanas una respuesta al rompecabezas que supone la retirada del principal contribuyente a esta alianza militar. El objetivo es doble: no dejar solos a los kurdos que encabezaron en el terreno los combates contra la organización yihadista, con el apoyo de la coalición, y mantener un esfuerzo antiterrorista para evitar que vuelva Estado Islámico, que pasó a la clandestinidad.

Pero el jefe del Pentágono, Patrick Shanahan, no les aportó soluciones concretas. “Aunque ha llegado la hora de reducir el número de tropas estadounidenses en el noreste de Siria, Estados Unidos sigue comprometido en favor de la causa de la coalición, y de la derrota permanente del EI en Medio Oriente y otras partes”, dijo.

Shanahan calificó esta partida, por orden del presidente Donald Trump, de “cambio táctico” y prometió mantener las “capacidades antiterroristas en la región” y permanecer “junto a aliados y socios”, pero sin mayores precisiones.

Para estos aliados, el tiempo apremia. Los últimos combatientes del EI están acorralados en un territorio de 1 km2 en el este de Siria, bajo el fuego de las fuerzas kurdo-árabes (FDS), apoyadas por la coalición, cuya contribución corresponde mayoritariamente a Estados Unidos.

“El califato físico fue destruido” pero “EI cambia de rostro y se reorganiza en la clandestinidad, construyendo redes con otros grupos terroristas, incluso una red mundial”, dijo la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen.

Otro desafío importante lo presentan las zonas controladas por la milicia kurda Unidades de Protección del Pueblo (YPG) una vez desaparezca el escudo estadounidense. ¿Atacará Turquía, que califica a las YPG de grupo terrorista, a sus enemigos kurdos? Y Damasco, que reclama el fin de la autonomía kurda en esta zona, ¿tratará de recuperar el poder allí con sus aliados Irán y Rusia?

Shanahan había evocado esta semana la creación de una “fuerza de observadores” compuesta por sus aliados en una zona desmilitarizada, para proteger a los kurdos sirios, e impedir que se reconstituyan las células yihadistas.

“Lo hablamos, pero sólo en términos generales”, indicó un alto responsable del Pentágono que pidió el anonimato, pero “es un tema sobre el que los ministros tienen posiciones diferentes”.

La idea no entusiasma a Francia, que contribuye en las operaciones de la coalición con unos 1.200 hombres (entre unidades de artillería, fuerzas especiales, ataques aéreos y formación para las fuerzas iraquíes).

“Está totalmente fuera de cuestión que haya franceses en el terreno sin los estadounidenses. Simplemente no”, dijo una fuente francesa. Y más aún teniendo en cuenta que, “para garantizar la seguridad de una zona de 400 km por 30 km, harían falta 20.000 efectivos”, advirtió un alto responsable europeo.

Von der Leyen envió un mensaje similar a Washington. “Debemos defender el principio de la equidad en la amistad transa- tlántica”, dijo. “La equidad es compartir la carga militar, así como las decisiones políticas. Para nuestras misiones, defendemos el principio: entramos juntos, salimos juntos”, afirmó. “Eso vale también para Siria”.

La inminente derrota del grupo EI dará pie a la retirada de las tropas estadounidenses de las zonas controladas por los kurdos. Y volverá a repartir las cartas entre los diferentes actores del conflicto sirio. Un misterio que se develará en los próximos meses, y al que muchos analistas le temen. Paradojas de la política internacional.

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