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Decisiones fuertes

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Decisiones fuertes

La crisis moral que atraviesa la Iglesia Católica, a partir de los hechos de abusos sexuales ocurridos en su seno a lo largo de las últimas décadas, requiere de decisiones fuertes, en contenido y en acción. Decisiones fuertes que el Papa Francisco lleva adelante, priorizando la transparencia y la defensa de los derechos humanos, por encima del secretismo y sin miedo a “embarrarse” en el camino.

Francisco puede ser “condenado y criticado severamente” desde los sectores más conservadores de la Iglesia, pero debe reconocérsele que no le tiembla el pulso ante una de las situaciones más dramáticas que ha enfrentado la milenaria institución, en toda su historia.

En línea con esas decisiones, el Papa convocó en el Vaticano a todos los presidentes de las conferencias episcopales para una cumbre inédita sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia, un fenómeno que considera un “desafío urgente” para la institución.

“Los invito a orar por esta reunión, que considero un acto de fuerte responsabilidad pastoral ante un desafío urgente de nuestro tiempo”, explicó el Papa frente a la multitud de fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la oración del Ángelus dominical.

Con esas palabras el Papa latinoamericano reconocía no solo la gravedad, sino su preocupación por un fenómeno que ha minado la credibilidad de la Iglesia en todos los continentes y que fue encubierto y negado durante décadas.

Los líderes de las 113 conferencias episcopales del mundo, así como superiores de las congregaciones y grupos de víctimas de curas pederastas, cerca de 200 personas, fueron convocados por el pontífice argentino para la reunión extraordinaria, que tiene como primer objetivo que se tome conciencia del fenómeno por más doloroso y dramático que sea.

“Es el momento de la verdad. Aunque dé miedo y nos humille”, reconoció en una conferencia de prensa el arzobispo maltés Charles Scicluna, autor entre otros del informe sobre el fundador de los Legionarios de Cristo, el fallecido mexicano Marcial Maciel, entre los escándalos más graves por pedofilia que ha vivido la Iglesia.

La cumbre en el Vaticano es la primera de este tipo, se llevará a cabo del 21 al 24 de febrero y quiere ser una respuesta concreta al escándalo de la pedofilia y sobre todo a su encubrimiento.

“El primer paso debe ser reconocer la verdad de lo que ha sucedido”, subrayó el mismo papa argentino en misiva en la que exhortaba a los participantes a prepararse para el evento celebrando reuniones personales con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.

En algunas áreas, en particular en países de África y Asia, formas de violencia y de sexualidad con niños siguen siendo un tabú y por ello el encuentro asume también un carácter “educativo”.

“Si uno encuentra a una víctima, escucha sus gritos de ayuda, sus lágrimas, sus heridas psicológicas y físicas, no puede quedarse indiferente”, explica el jesuita alemán Hans Zollner, un psicólogo que ha viajado por el mundo para hablar con religiosos y seminaristas sobre el tema y uno de los organizadores de la cumbre.

Desde que estallaron los primeros escándalos hace unos 35 años, la jerarquía de la Iglesia Católica tomó una serie de medidas preventivas, adoptado leyes, pedido perdón y lanzado condenas, pero sin lograr que desaparezca la llamada “cultura del encubrimiento”, es decir la mentalidad de mantener todo en secreto.

“Los obispos tienen que cambiar de actitud, eso es más difícil que cambiar una ley”, reconoció Zollner al referirse a los más de 5.000 obispos con los que cuenta la Iglesia.

“La credibilidad de la Iglesia está en juego”, admitió por su parte el jesuita Federico Lombardi, ex portavoz del Vaticano, quien coordinará los debates.

Entre las señales muy fuertes de los últimos días, el Papa expulsó de la Iglesia al cardenal estadounidense Theodore McCarrick, de 88 años, acusado de haber cometido abusos sexuales a menores. Es la primera vez en la historia que esta medida extrema es aplicada a “un príncipe de la Iglesia”. Decisiones fuertes. Para cambiar la historia.

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La crisis moral que atraviesa la Iglesia Católica, a partir de los hechos de abusos sexuales ocurridos en su seno a lo largo de las últimas décadas, requiere de decisiones fuertes, en contenido y en acción. Decisiones fuertes que el Papa Francisco lleva adelante, priorizando la transparencia y la defensa de los derechos humanos, por encima del secretismo y sin miedo a “embarrarse” en el camino.

Francisco puede ser “condenado y criticado severamente” desde los sectores más conservadores de la Iglesia, pero debe reconocérsele que no le tiembla el pulso ante una de las situaciones más dramáticas que ha enfrentado la milenaria institución, en toda su historia.

En línea con esas decisiones, el Papa convocó en el Vaticano a todos los presidentes de las conferencias episcopales para una cumbre inédita sobre los abusos sexuales a menores en la Iglesia, un fenómeno que considera un “desafío urgente” para la institución.

“Los invito a orar por esta reunión, que considero un acto de fuerte responsabilidad pastoral ante un desafío urgente de nuestro tiempo”, explicó el Papa frente a la multitud de fieles reunidos en la plaza de San Pedro para la oración del Ángelus dominical.

Con esas palabras el Papa latinoamericano reconocía no solo la gravedad, sino su preocupación por un fenómeno que ha minado la credibilidad de la Iglesia en todos los continentes y que fue encubierto y negado durante décadas.

Los líderes de las 113 conferencias episcopales del mundo, así como superiores de las congregaciones y grupos de víctimas de curas pederastas, cerca de 200 personas, fueron convocados por el pontífice argentino para la reunión extraordinaria, que tiene como primer objetivo que se tome conciencia del fenómeno por más doloroso y dramático que sea.

“Es el momento de la verdad. Aunque dé miedo y nos humille”, reconoció en una conferencia de prensa el arzobispo maltés Charles Scicluna, autor entre otros del informe sobre el fundador de los Legionarios de Cristo, el fallecido mexicano Marcial Maciel, entre los escándalos más graves por pedofilia que ha vivido la Iglesia.

La cumbre en el Vaticano es la primera de este tipo, se llevará a cabo del 21 al 24 de febrero y quiere ser una respuesta concreta al escándalo de la pedofilia y sobre todo a su encubrimiento.

“El primer paso debe ser reconocer la verdad de lo que ha sucedido”, subrayó el mismo papa argentino en misiva en la que exhortaba a los participantes a prepararse para el evento celebrando reuniones personales con víctimas de abusos sexuales cometidos por miembros del clero.

En algunas áreas, en particular en países de África y Asia, formas de violencia y de sexualidad con niños siguen siendo un tabú y por ello el encuentro asume también un carácter “educativo”.

“Si uno encuentra a una víctima, escucha sus gritos de ayuda, sus lágrimas, sus heridas psicológicas y físicas, no puede quedarse indiferente”, explica el jesuita alemán Hans Zollner, un psicólogo que ha viajado por el mundo para hablar con religiosos y seminaristas sobre el tema y uno de los organizadores de la cumbre.

Desde que estallaron los primeros escándalos hace unos 35 años, la jerarquía de la Iglesia Católica tomó una serie de medidas preventivas, adoptado leyes, pedido perdón y lanzado condenas, pero sin lograr que desaparezca la llamada “cultura del encubrimiento”, es decir la mentalidad de mantener todo en secreto.

“Los obispos tienen que cambiar de actitud, eso es más difícil que cambiar una ley”, reconoció Zollner al referirse a los más de 5.000 obispos con los que cuenta la Iglesia.

“La credibilidad de la Iglesia está en juego”, admitió por su parte el jesuita Federico Lombardi, ex portavoz del Vaticano, quien coordinará los debates.

Entre las señales muy fuertes de los últimos días, el Papa expulsó de la Iglesia al cardenal estadounidense Theodore McCarrick, de 88 años, acusado de haber cometido abusos sexuales a menores. Es la primera vez en la historia que esta medida extrema es aplicada a “un príncipe de la Iglesia”. Decisiones fuertes. Para cambiar la historia.

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