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Sin máscaras

Es llamativo que dos de las democracias más sólidas de todas las que componen los sistemas republicanos del mundo estén sometidas, simultáneamente, a tantas preguntas. A tantas sospechas.
Peligrosas sospechas de manipulación de “la elección”, “el electorado”, “la ciudadanía”, “el humor social”, “la opinión pública”. En Estados Unidos y en el Reino Unido, hay algo que se rompió con la victoria de Donald Trump y el triunfo del Brexit. 
Un límite difuso pone a la tecnología en el límite entre la transparencia y el abuso. Todo indica que —una vez más—, la tecnología es inocente ante el destino infame que sus herramientas le proveen a los que lucran con ella.
Objetivamente, la tecnología es inocente. Obviamente, la tecnología es inocente. Los triunfadores del Brexit y los republicanos que aspiran a la reelección de Trump se someten ahora a la realidad.
Los demócratas del Congreso estadounidense presentaron un proyecto de ley con miras a restituir la “neutralidad de la red”, que obligaría a los proveedores de acceso a Internet (ISP) a tratar todos los contenidos en línea de la misma manera.
El texto anula la decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), el regulador estadounidense del sector, que había votado en 2017 por el fin de esta premisa aprobada dos años antes. Para entrar en vigor, tendrá que ser aprobado en la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, y en el Senado, en manos de los republicanos. Luego deberá obtener una mayoría suficiente en ambas cámaras para superar un posible veto del presidente Donald Trump.
Este texto “detendrá las prácticas injustas y discriminatorias” de los proveedores del servicio, aseguró la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, durante una rueda de prensa. “Los estadounidenses no quieren ver cómo aumentan los costos de Internet”, dijo por su parte el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer. “Si montan una empresa, quieren estar al mismo nivel que los grandes actores”.
Los defensores de la “neutralidad” temen que los ISP cobren más por un rendimiento más rápido o bloqueen algunos servicios de proveedores de acceso rivales, como los de video a la carta, telefonía por internet o los motores de búsqueda.
La neutralidad de la red, defendida por los gigantes Amazon, Facebook y Google, permite a los “activistas de todos los partidos políticos y pequeños creadores de contenido tener una oportunidad justa de llegar a su audiencia en línea sin pagar más por difundir sus contenidos”, explicó Chris Lewis, de la organización de consumidores Public Knowledge.
La FCC, sin embargo, siguió el consejo del gobierno, que considera que esta premisa podría desalentar la inversión en nuevos servicios. Para Doug Brake, miembro de Information Technology and Innovation Foundation, que se especializa en temas de tecnología, la propuesta demócrata “no ofrece el equilibrio que amerita una plataforma compleja y moderna como Internet”.
A su juicio, el Congreso debe reflexionar sobre las “dinámicas de competitividad del mercado actual de banda ancha”. El Senado ya había aprobado el restablecimiento de la neutralidad de la red en mayo de 2018, pero fue enterrado por la Cámara de Representantes, entonces, de mayoría republicana.
California, un bastión demócrata enfrentado abiertamente a la administración Trump, votó en octubre de 2018 por el regreso de la neutralidad, una decisión impugnada por el Departamento de Justicia.
Quizás ahora, finalmente, algunos interrogantes de los últimos años encuentren respuestas. Estados Unidos y Gran Bretaña tienen la palabra.
 

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Es llamativo que dos de las democracias más sólidas de todas las que componen los sistemas republicanos del mundo estén sometidas, simultáneamente, a tantas preguntas. A tantas sospechas.
Peligrosas sospechas de manipulación de “la elección”, “el electorado”, “la ciudadanía”, “el humor social”, “la opinión pública”. En Estados Unidos y en el Reino Unido, hay algo que se rompió con la victoria de Donald Trump y el triunfo del Brexit. 
Un límite difuso pone a la tecnología en el límite entre la transparencia y el abuso. Todo indica que —una vez más—, la tecnología es inocente ante el destino infame que sus herramientas le proveen a los que lucran con ella.
Objetivamente, la tecnología es inocente. Obviamente, la tecnología es inocente. Los triunfadores del Brexit y los republicanos que aspiran a la reelección de Trump se someten ahora a la realidad.
Los demócratas del Congreso estadounidense presentaron un proyecto de ley con miras a restituir la “neutralidad de la red”, que obligaría a los proveedores de acceso a Internet (ISP) a tratar todos los contenidos en línea de la misma manera.
El texto anula la decisión de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), el regulador estadounidense del sector, que había votado en 2017 por el fin de esta premisa aprobada dos años antes. Para entrar en vigor, tendrá que ser aprobado en la Cámara de Representantes, controlada por los demócratas, y en el Senado, en manos de los republicanos. Luego deberá obtener una mayoría suficiente en ambas cámaras para superar un posible veto del presidente Donald Trump.
Este texto “detendrá las prácticas injustas y discriminatorias” de los proveedores del servicio, aseguró la presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, durante una rueda de prensa. “Los estadounidenses no quieren ver cómo aumentan los costos de Internet”, dijo por su parte el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer. “Si montan una empresa, quieren estar al mismo nivel que los grandes actores”.
Los defensores de la “neutralidad” temen que los ISP cobren más por un rendimiento más rápido o bloqueen algunos servicios de proveedores de acceso rivales, como los de video a la carta, telefonía por internet o los motores de búsqueda.
La neutralidad de la red, defendida por los gigantes Amazon, Facebook y Google, permite a los “activistas de todos los partidos políticos y pequeños creadores de contenido tener una oportunidad justa de llegar a su audiencia en línea sin pagar más por difundir sus contenidos”, explicó Chris Lewis, de la organización de consumidores Public Knowledge.
La FCC, sin embargo, siguió el consejo del gobierno, que considera que esta premisa podría desalentar la inversión en nuevos servicios. Para Doug Brake, miembro de Information Technology and Innovation Foundation, que se especializa en temas de tecnología, la propuesta demócrata “no ofrece el equilibrio que amerita una plataforma compleja y moderna como Internet”.
A su juicio, el Congreso debe reflexionar sobre las “dinámicas de competitividad del mercado actual de banda ancha”. El Senado ya había aprobado el restablecimiento de la neutralidad de la red en mayo de 2018, pero fue enterrado por la Cámara de Representantes, entonces, de mayoría republicana.
California, un bastión demócrata enfrentado abiertamente a la administración Trump, votó en octubre de 2018 por el regreso de la neutralidad, una decisión impugnada por el Departamento de Justicia.
Quizás ahora, finalmente, algunos interrogantes de los últimos años encuentren respuestas. Estados Unidos y Gran Bretaña tienen la palabra.
 

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