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Las maldiciones en el deporte

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Las maldiciones en el deporte

Marcelo Dettoni

El fetichismo existe en el deporte, ya sea por cuestiones meramente psicológicas que predisponen a los malos resultados o bien porque los hechos las avalan, lo cierto es que las “maldiciones” han reinado en todas las disciplinas. Algunos equipos han logrado sortearlas luego de mucho batallar y otros siguen persiguiendo la ilusión de romperlas dando una vuelta olímpica o simplemente librándose de esa cruz que le sirve al periodismo para hacerse un festín.

No hay maldición más famosa que la que persiguió a los Chicago Cubs, una de las franquicias emblemáticas del béisbol estadounidense. Los Cachorros, tal como se los conoce en la parte beisbolera de Latinoamérica, tardaron 108 años en volver a ganar una Serie Mundial, que es como los norteamericanos denominan al playoff decisivo de las Grandes Ligas. Porque en tierras del Tío Sam son así: juegan entre ellos, pero se denominan campeones mundiales, ya sea en la MLB, la NBA o la NFL.

Pero lo curioso, y terrible para ellos, comenzó en 1945, cuando ya llevaban 37 años de sequía. Esa temporada lograron llegar a la Serie Mundial, pero se les cruzó en su camino el griego Williams Sianis, dueño de una taberna en la ciudad llamada Billy Goat, en honor a su amada cabra.

 

No hay maldición más famosa que la que persiguió a los Chicago Cubs: tardaron 108 años en volver a ganar una Serie Mundial

 

Don Sianis decidió sacar dos boletos y asistir al estadio con… su cabra. Aduciendo que iba a dar mal olor, los directivos de los Cubs le negaron la entrada. Y en ese mismo momento se clavaron un puñal sin saberlo: “Yo me voy, pero ustedes no van a ganar nunca más una Serie Mundial”, profetizó el indignado fanático, mientras arrastraba su cabra fuera del Wrigley Field.

Y vaya que les costó a los Cachorros, nada menos que 71 años, en los que pasaron las cosas más insólitas para frenar sus escaladas hacia el ansiado título. Una vez se cruzó un gato negro por el diamante en pleno partido mientras iban ganando, y por supuesto, perdieron. En otra se hizo famoso Steve Bartman, un simpatizante del equipo, quien atrapó una pelota con su guante desde la tribuna antes de que un jugador de Chicago pudiera poner ‘out’ a un rival. Decretaron ‘foul’, el jugador rival siguió con vida, terminó anotando una carrera y un triunfo fácil se convirtió en derrota y derrumbe para el resto de la serie. Bartman debió mudarse de la ciudad y afrontar una nueva vida como si fuera un testigo protegido del FBI porque recibió cientos de amenazas de muerte.

Pero todo terminó en 2016, cuando los Cubs por fin volvieron a ganar una Serie Mundial tras un dramático 4-3 ante otro equipo desgraciado como los Indios de Cleveland. El séptimo juego, para agrandar la leyenda, terminó 8-7 en la décima entrada, porque debieron ir a un alargue tras empatar en las nueve reglamentarias.

En Chicago ya respiran aliviados, como también en Boston, donde los Red Sox cargaron con la “Maldición del Bambino” durante décadas, tras haber vendido a su estrella (Babe Ruth) a sus odiados rivales Yankees de Nueva York. Desde ese entonces los del Bronx ganaron infinidad de títulos (diez con Ruth en 20 temporadas) y a Boston le costó 86 años volver a levantar un trofeo.

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Las maldiciones en el deporte

El fetichismo existe en el deporte, ya sea por cuestiones meramente psicológicas que predisponen a los malos resultados o bien porque los hechos las avalan, lo cierto es que las “maldiciones” han reinado en todas las disciplinas. Algunos equipos han logrado sortearlas luego de mucho batallar y otros siguen persiguiendo la ilusión de romperlas dando una vuelta olímpica o simplemente librándose de esa cruz que le sirve al periodismo para hacerse un festín.

No hay maldición más famosa que la que persiguió a los Chicago Cubs, una de las franquicias emblemáticas del béisbol estadounidense. Los Cachorros, tal como se los conoce en la parte beisbolera de Latinoamérica, tardaron 108 años en volver a ganar una Serie Mundial, que es como los norteamericanos denominan al playoff decisivo de las Grandes Ligas. Porque en tierras del Tío Sam son así: juegan entre ellos, pero se denominan campeones mundiales, ya sea en la MLB, la NBA o la NFL.

Pero lo curioso, y terrible para ellos, comenzó en 1945, cuando ya llevaban 37 años de sequía. Esa temporada lograron llegar a la Serie Mundial, pero se les cruzó en su camino el griego Williams Sianis, dueño de una taberna en la ciudad llamada Billy Goat, en honor a su amada cabra.

 

No hay maldición más famosa que la que persiguió a los Chicago Cubs: tardaron 108 años en volver a ganar una Serie Mundial

 

Don Sianis decidió sacar dos boletos y asistir al estadio con… su cabra. Aduciendo que iba a dar mal olor, los directivos de los Cubs le negaron la entrada. Y en ese mismo momento se clavaron un puñal sin saberlo: “Yo me voy, pero ustedes no van a ganar nunca más una Serie Mundial”, profetizó el indignado fanático, mientras arrastraba su cabra fuera del Wrigley Field.

Y vaya que les costó a los Cachorros, nada menos que 71 años, en los que pasaron las cosas más insólitas para frenar sus escaladas hacia el ansiado título. Una vez se cruzó un gato negro por el diamante en pleno partido mientras iban ganando, y por supuesto, perdieron. En otra se hizo famoso Steve Bartman, un simpatizante del equipo, quien atrapó una pelota con su guante desde la tribuna antes de que un jugador de Chicago pudiera poner ‘out’ a un rival. Decretaron ‘foul’, el jugador rival siguió con vida, terminó anotando una carrera y un triunfo fácil se convirtió en derrota y derrumbe para el resto de la serie. Bartman debió mudarse de la ciudad y afrontar una nueva vida como si fuera un testigo protegido del FBI porque recibió cientos de amenazas de muerte.

Pero todo terminó en 2016, cuando los Cubs por fin volvieron a ganar una Serie Mundial tras un dramático 4-3 ante otro equipo desgraciado como los Indios de Cleveland. El séptimo juego, para agrandar la leyenda, terminó 8-7 en la décima entrada, porque debieron ir a un alargue tras empatar en las nueve reglamentarias.

En Chicago ya respiran aliviados, como también en Boston, donde los Red Sox cargaron con la “Maldición del Bambino” durante décadas, tras haber vendido a su estrella (Babe Ruth) a sus odiados rivales Yankees de Nueva York. Desde ese entonces los del Bronx ganaron infinidad de títulos (diez con Ruth en 20 temporadas) y a Boston le costó 86 años volver a levantar un trofeo.

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