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Naschel: una amistad que prevalece a través del tiempo

Natalia Torres Villar

Ella tiene 105 y el 103 años, se conocieron hace más de 50. Se volvieron a encontrar después de 20 años.

Hay historias que se deben contar. Hay historias que duran en el tiempo y este es el caso de la historia de Gerónima Reina y de Martín Palacios. Su amistad se forjó hace más de 50 años, cuando ambos compartían trabajos en una de las haciendas de Naschel. Son también personas muy longevas, centenarias: Gerónima tiene 105 años y Martín 103. Prácticamente han vivido siempre en Naschel, aunque no son nativos de la localidad. Llegar a conocerlos fue una nueva experiencia para el equipo de trabajo de El Diario de la República que se trasladó hasta la localidad del Valle del Conlara. La primera parada fue la Residencia San Joaquín y Santa Ana. En este lugar vive desde hace cinco años Martín. La responsable del hogar de abuelos es Viviana Nogueira.

La contextura de Martín es pequeña, camina encorvado y con paso lento. En su cuerpo se nota el pasar de los años y de una vida sacrificada dedicada a las tareas del campo. Su cuidadora contó que el abuelo llegó a la residencia traído por los hijos de su antiguo patrón. Para conversar con él hay que levantar un poco la voz, porque con los años fue perdiendo la audición.

Ante la pregunta si siempre vivió en Naschel, respondió: “Nací en La Toma, pero cuando era chico me fui a vivir con una vieja, que era malísima, allá por El Morro”, se ríe y continúa, “cuando me puse grande, me fui para que no me pegara más y llegue a Naschel. No volví más a La Toma”.

Con el pasar del tiempo, la memoria de Martín se ha ido perdiendo y le cuesta recordar cosas. Dice con total seguridad que tiene 33 años, pero en realidad el hombre festejó los 103 años. Al contarle esto, Martín vuelve a sonreír y dice sin lamentarse: “Yo erré, me va a crecer la nariz”.

Para agasajarlo, se organizó una pequeña fiesta de la que participaron los abuelitos del hogar y una invitada especial: Gerónima. El hombre nació el 3 de marzo de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, pero el personal de la residencia cree que podría tener más años. “Hace dos años, cuando él estaba más lúcido, nos dijo que recordaba que fue junto a sus padres a inscribirse al Registro Civil y que lo hizo en triciclo. Por eso calculamos que debe haber tenido unos 5 o 6 años, así que su edad puede andar en los 108, pero no lo podemos comprobar”, señaló Nogueira. 

La titular la residencia indicó que el encuentro entre los dos abuelos se logró porque la familia de Gerónima pudo llevarla hasta la residencia. Señaló que fue un momento emocionante, porque al momento de verse se reconocieron inmediatamente. Se abrazaron y charlaron un rato. Por cosas del destino, estos dos grandes amigos no se veían desde hace veinte años, por más que viven en la misma localidad. Por eso, tanto la familia de la abuela y los encargados de la residencia los querían juntar.

Martín recuerda que se conocieron en la estancia donde trabajan, en el campo de la familia Bertone, que está a unos 3 kilómetros del centro de Naschel. El era peón, ella se encargaba de las tareas de limpieza. “Hubo un tiempo en que sacaba piedras de cuarzo, ahí me lastimé el ojo” y se señala su globo ocular izquierdo. Su mente va y viene, pero recuerda que se encargaba de arrear las vacas y de realizar distintas tareas en el campo.

 

Otro encuentro

Al terminar la visita a Martín, Gerónima se fue a su casa, en donde estaba su nieto Claudio Pereira. La abuela esperaba sentada tranquilamente en su comedor. Al saludarla y preguntarle como estaba, no duda en decir con simplicidad: “Acá estoy, ahora no puedo hacer nada porque duermo mucho”, y en la habitación se escuchó un murmullo de risas de su nieto y de su nuera Paula Garro, que contaron que lo más tarde que abuela se levanta es a las 8:30. “Me da flojera”, dice Gerónima, pero aclara que ella todavía puede realizar algunas tareas de la casa.

Al preguntarle cuántos años tiene, dice orgullosa: “Tengo 105, pero voy a cumplir los 106 en junio”. El gran festejo será el 29 de junio. Gerónima nació en 1914, un mes antes que iniciara la Primera Guerra Mundial. La mujer en todo momento se muestra lúcida y con tranquilidad contesta. “Nací en Las Chacras, en el departamento San Martín, pero también viví en Villa Mercedes y San Pablo. Me casé, aunque mi esposo falleció hace muchos años. Tuve 12 hijos de los cuales 4 ya murieron”. Al preguntarles cuentos nietos, bisnietos y tataranietos tiene, Gerónima reconoce que perdió la cuenta. Sus parientes calculan que el número debe pasar los sesenta.

La mujer centenaria dijo que toda su vida trabajó en casas de familia. Al consultarle sobre Martín, Gerónima indica. “Lo conocí en los Bertone. La señora había tenido mellizos, así que yo amamantaba a uno de los nenes porque era muy chiquito. Ahí nos conocimos. Hace muchos años que no lo veía, así que fue lindo verlo”.

Al consultarle cómo era Naschel cuando era ella era joven, dijo: “Era muy chiquito, había pocas casas, pero la gente era muy buena. Ahora todo es mucho más fácil. Siempre lavé la ropa a mano y usaba planchas que se calentaban con brasas. Yo era feliz”.

Otra de las costumbres que disfrutaba Gerónima era asistir a los bailes de campo junto a sus amigas. “Sabía ir con una vecina a caballo. Usábamos vestidos porque en aquella época no se usaban pantalones. Trabajaba mucho, me gustaba ir a bailar. Disfrutaba mucho escuchar la vitrola”, recordó.

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Naschel: una amistad que prevalece a través del tiempo

Ella tiene 105 y el 103 años, se conocieron hace más de 50. Se volvieron a encontrar después de 20 años.

Hay historias que se deben contar. Hay historias que duran en el tiempo y este es el caso de la historia de Gerónima Reina y de Martín Palacios. Su amistad se forjó hace más de 50 años, cuando ambos compartían trabajos en una de las haciendas de Naschel. Son también personas muy longevas, centenarias: Gerónima tiene 105 años y Martín 103. Prácticamente han vivido siempre en Naschel, aunque no son nativos de la localidad. Llegar a conocerlos fue una nueva experiencia para el equipo de trabajo de El Diario de la República que se trasladó hasta la localidad del Valle del Conlara. La primera parada fue la Residencia San Joaquín y Santa Ana. En este lugar vive desde hace cinco años Martín. La responsable del hogar de abuelos es Viviana Nogueira.

La contextura de Martín es pequeña, camina encorvado y con paso lento. En su cuerpo se nota el pasar de los años y de una vida sacrificada dedicada a las tareas del campo. Su cuidadora contó que el abuelo llegó a la residencia traído por los hijos de su antiguo patrón. Para conversar con él hay que levantar un poco la voz, porque con los años fue perdiendo la audición.

Ante la pregunta si siempre vivió en Naschel, respondió: “Nací en La Toma, pero cuando era chico me fui a vivir con una vieja, que era malísima, allá por El Morro”, se ríe y continúa, “cuando me puse grande, me fui para que no me pegara más y llegue a Naschel. No volví más a La Toma”.

Con el pasar del tiempo, la memoria de Martín se ha ido perdiendo y le cuesta recordar cosas. Dice con total seguridad que tiene 33 años, pero en realidad el hombre festejó los 103 años. Al contarle esto, Martín vuelve a sonreír y dice sin lamentarse: “Yo erré, me va a crecer la nariz”.

Para agasajarlo, se organizó una pequeña fiesta de la que participaron los abuelitos del hogar y una invitada especial: Gerónima. El hombre nació el 3 de marzo de 1916, en plena Primera Guerra Mundial, pero el personal de la residencia cree que podría tener más años. “Hace dos años, cuando él estaba más lúcido, nos dijo que recordaba que fue junto a sus padres a inscribirse al Registro Civil y que lo hizo en triciclo. Por eso calculamos que debe haber tenido unos 5 o 6 años, así que su edad puede andar en los 108, pero no lo podemos comprobar”, señaló Nogueira. 

La titular la residencia indicó que el encuentro entre los dos abuelos se logró porque la familia de Gerónima pudo llevarla hasta la residencia. Señaló que fue un momento emocionante, porque al momento de verse se reconocieron inmediatamente. Se abrazaron y charlaron un rato. Por cosas del destino, estos dos grandes amigos no se veían desde hace veinte años, por más que viven en la misma localidad. Por eso, tanto la familia de la abuela y los encargados de la residencia los querían juntar.

Martín recuerda que se conocieron en la estancia donde trabajan, en el campo de la familia Bertone, que está a unos 3 kilómetros del centro de Naschel. El era peón, ella se encargaba de las tareas de limpieza. “Hubo un tiempo en que sacaba piedras de cuarzo, ahí me lastimé el ojo” y se señala su globo ocular izquierdo. Su mente va y viene, pero recuerda que se encargaba de arrear las vacas y de realizar distintas tareas en el campo.

 

Otro encuentro

Al terminar la visita a Martín, Gerónima se fue a su casa, en donde estaba su nieto Claudio Pereira. La abuela esperaba sentada tranquilamente en su comedor. Al saludarla y preguntarle como estaba, no duda en decir con simplicidad: “Acá estoy, ahora no puedo hacer nada porque duermo mucho”, y en la habitación se escuchó un murmullo de risas de su nieto y de su nuera Paula Garro, que contaron que lo más tarde que abuela se levanta es a las 8:30. “Me da flojera”, dice Gerónima, pero aclara que ella todavía puede realizar algunas tareas de la casa.

Al preguntarle cuántos años tiene, dice orgullosa: “Tengo 105, pero voy a cumplir los 106 en junio”. El gran festejo será el 29 de junio. Gerónima nació en 1914, un mes antes que iniciara la Primera Guerra Mundial. La mujer en todo momento se muestra lúcida y con tranquilidad contesta. “Nací en Las Chacras, en el departamento San Martín, pero también viví en Villa Mercedes y San Pablo. Me casé, aunque mi esposo falleció hace muchos años. Tuve 12 hijos de los cuales 4 ya murieron”. Al preguntarles cuentos nietos, bisnietos y tataranietos tiene, Gerónima reconoce que perdió la cuenta. Sus parientes calculan que el número debe pasar los sesenta.

La mujer centenaria dijo que toda su vida trabajó en casas de familia. Al consultarle sobre Martín, Gerónima indica. “Lo conocí en los Bertone. La señora había tenido mellizos, así que yo amamantaba a uno de los nenes porque era muy chiquito. Ahí nos conocimos. Hace muchos años que no lo veía, así que fue lindo verlo”.

Al consultarle cómo era Naschel cuando era ella era joven, dijo: “Era muy chiquito, había pocas casas, pero la gente era muy buena. Ahora todo es mucho más fácil. Siempre lavé la ropa a mano y usaba planchas que se calentaban con brasas. Yo era feliz”.

Otra de las costumbres que disfrutaba Gerónima era asistir a los bailes de campo junto a sus amigas. “Sabía ir con una vecina a caballo. Usábamos vestidos porque en aquella época no se usaban pantalones. Trabajaba mucho, me gustaba ir a bailar. Disfrutaba mucho escuchar la vitrola”, recordó.

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