eldiariodelarepublica.com
La brutal realidad de una crisis profunda

Escuchá acá la 90.9
X

La brutal realidad de una crisis profunda

En general el reconocimiento de la realidad no aparece en la palabra oficial. Ni de la realidad económica, ni social, ni de ningún tipo. Ni siquiera la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación sirvió para torcer ese sombrío panorama. Lo concreto pasó por un incremento en la Asignación Universal por Hijo. El propio Presidente de la República se permitió aclarar que el Fondo Monetario Internacional autorizaba este aumento.

Vale entonces recurrir a datos objetivos y concretos de la economía. Cabe aclarar que son cifras oficiales, emanadas de los distintos ministerios y del propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). 

El trabajo en blanco cayó 1,5% en el año. Por la brutal recesión de 2018, el número de trabajadores ocupados registrados se redujo en 191.300 personas. De 12.387.200 ocupados en diciembre de 2017 bajó a 12.195.900 en diciembre del año pasado.

Las mayores caídas en enero se registraron en la construcción (6,4%), en la industria (4%) y comercio, restaurantes y hoteles (3,5%) y entre las empresas que emplean a menos de 49 empleados (2,8%). En este rubro es notable la cantidad de establecimientos dedicados a la gastronomía que han cerrado sus puertas. 

A su vez, en promedio, los salarios de los asalariados privados tuvieron un alza interanual de 34% frente a una inflación de 47,6%. En consecuencia, el poder de compra de los salarios se deterioró 9,2%. Pero la mitad de esos asalariados formales tuvieron un deterioro real mayor de 10%.

Todos estos datos incluyen los empleos registrados. Se descuenta que por la mayor precariedad, el deterioro del empleo fue superior entre los que no están registrados (en negro) que suman unos 7.000.000, entre asalariados y trabajadores por cuenta propia. 

Cabe reflexionar lo que significa perder el empleo, para tener una noción más clara de la profundidad de la crisis que afronta la sociedad. El drama del desempleo se extiende entre los distintos sectores y plantea serios problemas en el tejido social.

Por las fuertes caídas del campo, la industria, la construcción, el transporte, energía y el comercio, en 2018 la actividad económica descendió 2,6% con relación a 2017 según el estimador mensual de actividad económica que elabora el Indec. Las estimaciones, que seguramente quedarán escasas, indican que en 2019 podría caer otro 1,7%, con lo que totalizaría en 4 años un retroceso de casi 4%. La actividad sufrió la recesión más profunda desde 2009,  contracción que dejará un arrastre del 3% para este año. 

El resto de las variables económicas tiene un comportamiento absolutamente negativo. Profundizan la recesión e impiden el crecimiento. Los niveles inflacionarios resultan insostenibles, y el endeudamiento externo genera muy fuertes compromisos que condicionan todas las decisiones.

En la campaña electoral de 2015, y al momento de asumir se propuso la unidad nacional como una meta a alcanzar. Muchos gestos del gobierno de Cambiemos apuntaron exactamente en dirección contraria. El tono y la actitud del discurso presidencial en el Parlamento poco aportan en este sentido. Todo se reduce a una puja electoral inconsistente. Se actúa con demagogia y sin grandeza. Para conseguir la unidad y el consenso resulta imprescindible mostrar una actitud generosa y superadora. La única opinión que parece desvelar a los actuales gobernantes es la de los acreedores externos. Lejos de buscar acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas de la Argentina, lo que se pretende es imponer los designios del Fondo Monetario Internacional, y mostrar esta forma de proceder como el único camino posible. Hay otros y la democracia argentina deberá transitarlos en lo inmediato para torcer una realidad francamente angustiante y desesperanzadora. 

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
TAGS
COMENTARIOS

La brutal realidad de una crisis profunda

En general el reconocimiento de la realidad no aparece en la palabra oficial. Ni de la realidad económica, ni social, ni de ningún tipo. Ni siquiera la apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación sirvió para torcer ese sombrío panorama. Lo concreto pasó por un incremento en la Asignación Universal por Hijo. El propio Presidente de la República se permitió aclarar que el Fondo Monetario Internacional autorizaba este aumento.

Vale entonces recurrir a datos objetivos y concretos de la economía. Cabe aclarar que son cifras oficiales, emanadas de los distintos ministerios y del propio Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). 

El trabajo en blanco cayó 1,5% en el año. Por la brutal recesión de 2018, el número de trabajadores ocupados registrados se redujo en 191.300 personas. De 12.387.200 ocupados en diciembre de 2017 bajó a 12.195.900 en diciembre del año pasado.

Las mayores caídas en enero se registraron en la construcción (6,4%), en la industria (4%) y comercio, restaurantes y hoteles (3,5%) y entre las empresas que emplean a menos de 49 empleados (2,8%). En este rubro es notable la cantidad de establecimientos dedicados a la gastronomía que han cerrado sus puertas. 

A su vez, en promedio, los salarios de los asalariados privados tuvieron un alza interanual de 34% frente a una inflación de 47,6%. En consecuencia, el poder de compra de los salarios se deterioró 9,2%. Pero la mitad de esos asalariados formales tuvieron un deterioro real mayor de 10%.

Todos estos datos incluyen los empleos registrados. Se descuenta que por la mayor precariedad, el deterioro del empleo fue superior entre los que no están registrados (en negro) que suman unos 7.000.000, entre asalariados y trabajadores por cuenta propia. 

Cabe reflexionar lo que significa perder el empleo, para tener una noción más clara de la profundidad de la crisis que afronta la sociedad. El drama del desempleo se extiende entre los distintos sectores y plantea serios problemas en el tejido social.

Por las fuertes caídas del campo, la industria, la construcción, el transporte, energía y el comercio, en 2018 la actividad económica descendió 2,6% con relación a 2017 según el estimador mensual de actividad económica que elabora el Indec. Las estimaciones, que seguramente quedarán escasas, indican que en 2019 podría caer otro 1,7%, con lo que totalizaría en 4 años un retroceso de casi 4%. La actividad sufrió la recesión más profunda desde 2009,  contracción que dejará un arrastre del 3% para este año. 

El resto de las variables económicas tiene un comportamiento absolutamente negativo. Profundizan la recesión e impiden el crecimiento. Los niveles inflacionarios resultan insostenibles, y el endeudamiento externo genera muy fuertes compromisos que condicionan todas las decisiones.

En la campaña electoral de 2015, y al momento de asumir se propuso la unidad nacional como una meta a alcanzar. Muchos gestos del gobierno de Cambiemos apuntaron exactamente en dirección contraria. El tono y la actitud del discurso presidencial en el Parlamento poco aportan en este sentido. Todo se reduce a una puja electoral inconsistente. Se actúa con demagogia y sin grandeza. Para conseguir la unidad y el consenso resulta imprescindible mostrar una actitud generosa y superadora. La única opinión que parece desvelar a los actuales gobernantes es la de los acreedores externos. Lejos de buscar acuerdos mínimos entre las fuerzas políticas de la Argentina, lo que se pretende es imponer los designios del Fondo Monetario Internacional, y mostrar esta forma de proceder como el único camino posible. Hay otros y la democracia argentina deberá transitarlos en lo inmediato para torcer una realidad francamente angustiante y desesperanzadora. 

Logín