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La faena de hembras es alta, pero no hay liquidación

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La faena de hembras es alta, pero no hay liquidación

Nicolás Razzetti

Los datos oficiales indican que la faena sigue siendo alta, en el caso de las hembras llega al 48%, pero a la vez cayó la oferta al mercado doméstico. Lo que sostiene los precios es justamente esa falta de ofrecimiento y los escasos stocks de carne, que empujan a la competencia.

En la semana que acaba de finalizar, la venta de ganado con destino a faena estuvo teñida por el interés de la demanda de no quedarse sin hacienda de cara a un fin de semana extra largo.

En el Mercado de Liniers hubo intentos por imponer una especie de “efecto rebote”, es decir, se trató de expresar la realidad de un consumo afectado por la crisis, pero eso no fue posible porque las lluvias del fin de semana anterior y los anuncios de nuevos episodios para el arranque de la que viene en diferentes regiones productivas condicionaron a los compradores, que trabajan con escaso margen, no cuentan con la capacidad de frío necesaria para hacer stock y además tienen que atender a un cliente que quiere seguir comiendo carne vacuna.

El clima es protagonista del mercado ganadero. Lamentablemente mientras la infraestructura sea una cuenta tan pendiente no habrá certezas respecto de la disponibilidad de la mercadería para la industria alimenticia, lo que involucra a la láctea y a los que procesan granos también.

A los temores de abastecimiento y al rol del clima se suma otro factor alcista, que es el vaciamiento de los feedlots. Según la Cámara de Feedlot, en el inicio del año la ocupación de los corrales entre los socios de esa entidad era del 51% de la capacidad instalada, 12 puntos porcentuales menos que en igual mes del año pasado. Con el agravante de que en esta ocasión los feedlots no profesionales no participan del negocio, lo que reduce aún más la oferta proveniente de los corrales con destino al consumo doméstico.

Para compensar las importantes subas de los últimos meses, en las ventas de hacienda en pie en primer lugar se intentó diferenciar a los lotes de especial terminación del resto, pero finalmente se impuso el peso de la escasez inmediata y el temor al faltante futuro y en consecuencia los valores se sostuvieron. Así, la hacienda liviana mantuvo precios por encima de los $65 y con picos que superaron los $70; mientras que el novillo osciló entre los $60 y más de $65, dependiendo del kilaje y terminación. Se trata de niveles de precios que superan en 50% los que había antes de Navidad. Hoy la vaca gorda supera incluso al precio que en aquel momento lograban los novillos y el consumo definido.

La semana que arranca es comercialmente corta. Habrá dos días menos de operaciones y eso hace presumir que quienes hayan tomado la decisión de postergar las ventas podrían colocar sus animales con más comodidad. O esperar precios al menos sostenidos, lo que fortalecería el nuevo piso de las cotizaciones e incentivaría a los invernadores y feedloteros a apostar por la reposición de hacienda en el arranque de una zafra que promete volumen, buen estado de la hacienda y también pasturas, tanto para la recría del que compra como para que el criador pueda conservar parte de su producción y no verse obligado a negociar sin más alternativas.

 

Los números del arranque del año

En 2019, pese a que la demanda suponía una menor oferta de hacienda, la faena siguió siendo alta. Los frigoríficos recibieron 1,12 millón de animales, lo que significa que procesaron la misma cantidad de hacienda que el mes anterior, que en noviembre y que en enero del año 2018. Pero su composición no fue la misma, ni tampoco el destino de la carne.

Con ese volumen de faena, la producción de carne en enero alcanzó las 254 mil toneladas, también una cantidad similar al de los meses antes señalados. Pero hubo algunas variaciones: por un lado aumentó la faena de vientres, que promedió el 47,7% contra el 45% que alcanzó a lo largo de todo 2018 y que entendemos se debió no tanto a la mayor oferta de terneras y vaquillonas, sino a la continua sangría de hembras procedentes de los rodeos de cría.

Un consignatario de la Cuenca del Salado nos decía al respecto: “Mientras no haya créditos y las tasas sigan altas, el criador le meterá mano a los vientres para hacerse de dinero. Una vaca para faena vale lo mismo que un vientre y la industria la paga mucho antes. Además los campos de la zona siguen muy bien poblados de ese tipo de animales”.

Eso quedó de manifiesto también en un reciente comunicado de la Secretaría de Agroindustria, en el que se destacó que se había recuperado el stock de vientres previo a la última gran liquidación. El dato es cierto, en esa categoría el rodeo creció y es a esa “caja de ahorro” a la que ahora echa mano el criador.

De las 254 mil toneladas de carne producidas en enero, el consumo doméstico, según informa la estadística oficial, absorbió 198 mil, lo que indica que la exportación se habría quedado entonces con 56 mil, de las cuales más del 50% tuvieron como destino a China, el principal comprador mundial.

Teniendo en cuenta esos datos, la exportación entonces significó en el arranque de 2019 el 22% del negocio de la carne, superando por primera vez en muchos años el umbral del 20%. En 2018, con embarques que sumaron 556 mil toneladas, las ventas al extranjero representaron el 18%, lo que triplicó el escaso porcentaje que se logró cuando la intervención kirchnerista las redujo al 6% de la oferta total, dando inicio a un proceso que llevó a la irrecuparable (por ahora al menos) caída del stock de novillos, el cierre de innumerables plantas frigoríficas y el deterioro de las instalaciones, que recién el año pasado, y gracias a la ventaja competitiva del tipo de cambio, comenzó a revertirse.

La participación de las exportaciones lograda en 2018 fue festejada, saludable y beneficiosa para la industria y la producción, y en este último rubro para el criador, que encontró en la venta de carne a China una salida para las vacas y una mejora en sus castigados ingresos. El fortalecimiento de la categoría le permitió solo en parte, pero al menos algo, compensar las bajas en los precios de los terneros, que el año pasado se vendieron a $40 el kilo, el mismo valor que en 2016, cuando al inflación acumulada de solo el año pasado fue de casi el 50%

Eso significa que la mejora que tuvo la invernada en esos meses, y que esperamos se pueda sostener durante la zafra, compensa solo la inflación del año pasado, pero no la de los dos anteriores. Así se refleja la continua pérdida de rentabilidad del negocio.

Ahora bien, si la producción de enero fue la misma que en igual mes del año pasado, pero las exportaciones pasaron de 35 mil a 56 mil toneladas, lo que se redujo entonces fue el consumo interno, que se quedó como dijimos más arriba con 198 mil toneladas, lo que indica una caída del 12% y una achique de los 60 kilos promedio por habitante y por año a los actuales 53 kilos.

Esa menor oferta (especialmente de carne procedente de los encierres a corral) es la que impulsó los precios desde la Navidad pasada, suba inesperada por muchos, que calculaban el salto para febrero o marzo.

Visto de otra manera y tal como lo indicó el consultor Matías Sara, lo que sucedió es que dejó de crecer la faena como para sostener las exportaciones en los niveles de los últimos meses y el consumo en torno a los 60 kilos.

 

Seguiría alta la faena de vacas pero no habría liquidación

La faena de hembras en el inicio del año fue del 48% sobre el total. Todo hace presumir que al menos durante el primer semestre del año su participación en la faena seguirá siendo alta. En poco tiempo más, una vez destetado el ternero, arrancan los descartes y los precios en la venta para faena alientan la liberación del campo.

El criador este año podría comenzar a recomponer sus finanzas, pero la falta de créditos como los que hubo hace unos años y que llevaron a la retención (entre otras señales de aliento al sector que ya no están como la quita de retenciones y las expectativas de normalización de la macroeconomía) empujarían a una nueva limpieza de los rodeos de cría.

Recordemos lo que dijo Agroindustria: el stock de vientres se recuperó a los niveles previos a la liquidación y además si el criador repone con su producción lo que va sacando para la faena este año, podríamos tener otra vez una alta faena de vacas sin que por ello haya liquidación. En efecto, en 2018 el promedio de hembras en el total vendido a los frigoríficos sumó 45% sobre un total de 13,5 millones de animales, lo que significa que el volumen de hembras faenadas alcanzó poco más de 6 millones y eso es menos que el stock contabilizado por Senasa a marzo del año pasado. Para que haya liquidación, la faena de hembras debería superar a los nacimientos al menos durante un ciclo ganadero.

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La faena de hembras es alta, pero no hay liquidación

Los datos oficiales indican que la faena sigue siendo alta, en el caso de las hembras llega al 48%, pero a la vez cayó la oferta al mercado doméstico. Lo que sostiene los precios es justamente esa falta de ofrecimiento y los escasos stocks de carne, que empujan a la competencia.

En la semana que acaba de finalizar, la venta de ganado con destino a faena estuvo teñida por el interés de la demanda de no quedarse sin hacienda de cara a un fin de semana extra largo.

En el Mercado de Liniers hubo intentos por imponer una especie de “efecto rebote”, es decir, se trató de expresar la realidad de un consumo afectado por la crisis, pero eso no fue posible porque las lluvias del fin de semana anterior y los anuncios de nuevos episodios para el arranque de la que viene en diferentes regiones productivas condicionaron a los compradores, que trabajan con escaso margen, no cuentan con la capacidad de frío necesaria para hacer stock y además tienen que atender a un cliente que quiere seguir comiendo carne vacuna.

El clima es protagonista del mercado ganadero. Lamentablemente mientras la infraestructura sea una cuenta tan pendiente no habrá certezas respecto de la disponibilidad de la mercadería para la industria alimenticia, lo que involucra a la láctea y a los que procesan granos también.

A los temores de abastecimiento y al rol del clima se suma otro factor alcista, que es el vaciamiento de los feedlots. Según la Cámara de Feedlot, en el inicio del año la ocupación de los corrales entre los socios de esa entidad era del 51% de la capacidad instalada, 12 puntos porcentuales menos que en igual mes del año pasado. Con el agravante de que en esta ocasión los feedlots no profesionales no participan del negocio, lo que reduce aún más la oferta proveniente de los corrales con destino al consumo doméstico.

Para compensar las importantes subas de los últimos meses, en las ventas de hacienda en pie en primer lugar se intentó diferenciar a los lotes de especial terminación del resto, pero finalmente se impuso el peso de la escasez inmediata y el temor al faltante futuro y en consecuencia los valores se sostuvieron. Así, la hacienda liviana mantuvo precios por encima de los $65 y con picos que superaron los $70; mientras que el novillo osciló entre los $60 y más de $65, dependiendo del kilaje y terminación. Se trata de niveles de precios que superan en 50% los que había antes de Navidad. Hoy la vaca gorda supera incluso al precio que en aquel momento lograban los novillos y el consumo definido.

La semana que arranca es comercialmente corta. Habrá dos días menos de operaciones y eso hace presumir que quienes hayan tomado la decisión de postergar las ventas podrían colocar sus animales con más comodidad. O esperar precios al menos sostenidos, lo que fortalecería el nuevo piso de las cotizaciones e incentivaría a los invernadores y feedloteros a apostar por la reposición de hacienda en el arranque de una zafra que promete volumen, buen estado de la hacienda y también pasturas, tanto para la recría del que compra como para que el criador pueda conservar parte de su producción y no verse obligado a negociar sin más alternativas.

 

Los números del arranque del año

En 2019, pese a que la demanda suponía una menor oferta de hacienda, la faena siguió siendo alta. Los frigoríficos recibieron 1,12 millón de animales, lo que significa que procesaron la misma cantidad de hacienda que el mes anterior, que en noviembre y que en enero del año 2018. Pero su composición no fue la misma, ni tampoco el destino de la carne.

Con ese volumen de faena, la producción de carne en enero alcanzó las 254 mil toneladas, también una cantidad similar al de los meses antes señalados. Pero hubo algunas variaciones: por un lado aumentó la faena de vientres, que promedió el 47,7% contra el 45% que alcanzó a lo largo de todo 2018 y que entendemos se debió no tanto a la mayor oferta de terneras y vaquillonas, sino a la continua sangría de hembras procedentes de los rodeos de cría.

Un consignatario de la Cuenca del Salado nos decía al respecto: “Mientras no haya créditos y las tasas sigan altas, el criador le meterá mano a los vientres para hacerse de dinero. Una vaca para faena vale lo mismo que un vientre y la industria la paga mucho antes. Además los campos de la zona siguen muy bien poblados de ese tipo de animales”.

Eso quedó de manifiesto también en un reciente comunicado de la Secretaría de Agroindustria, en el que se destacó que se había recuperado el stock de vientres previo a la última gran liquidación. El dato es cierto, en esa categoría el rodeo creció y es a esa “caja de ahorro” a la que ahora echa mano el criador.

De las 254 mil toneladas de carne producidas en enero, el consumo doméstico, según informa la estadística oficial, absorbió 198 mil, lo que indica que la exportación se habría quedado entonces con 56 mil, de las cuales más del 50% tuvieron como destino a China, el principal comprador mundial.

Teniendo en cuenta esos datos, la exportación entonces significó en el arranque de 2019 el 22% del negocio de la carne, superando por primera vez en muchos años el umbral del 20%. En 2018, con embarques que sumaron 556 mil toneladas, las ventas al extranjero representaron el 18%, lo que triplicó el escaso porcentaje que se logró cuando la intervención kirchnerista las redujo al 6% de la oferta total, dando inicio a un proceso que llevó a la irrecuparable (por ahora al menos) caída del stock de novillos, el cierre de innumerables plantas frigoríficas y el deterioro de las instalaciones, que recién el año pasado, y gracias a la ventaja competitiva del tipo de cambio, comenzó a revertirse.

La participación de las exportaciones lograda en 2018 fue festejada, saludable y beneficiosa para la industria y la producción, y en este último rubro para el criador, que encontró en la venta de carne a China una salida para las vacas y una mejora en sus castigados ingresos. El fortalecimiento de la categoría le permitió solo en parte, pero al menos algo, compensar las bajas en los precios de los terneros, que el año pasado se vendieron a $40 el kilo, el mismo valor que en 2016, cuando al inflación acumulada de solo el año pasado fue de casi el 50%

Eso significa que la mejora que tuvo la invernada en esos meses, y que esperamos se pueda sostener durante la zafra, compensa solo la inflación del año pasado, pero no la de los dos anteriores. Así se refleja la continua pérdida de rentabilidad del negocio.

Ahora bien, si la producción de enero fue la misma que en igual mes del año pasado, pero las exportaciones pasaron de 35 mil a 56 mil toneladas, lo que se redujo entonces fue el consumo interno, que se quedó como dijimos más arriba con 198 mil toneladas, lo que indica una caída del 12% y una achique de los 60 kilos promedio por habitante y por año a los actuales 53 kilos.

Esa menor oferta (especialmente de carne procedente de los encierres a corral) es la que impulsó los precios desde la Navidad pasada, suba inesperada por muchos, que calculaban el salto para febrero o marzo.

Visto de otra manera y tal como lo indicó el consultor Matías Sara, lo que sucedió es que dejó de crecer la faena como para sostener las exportaciones en los niveles de los últimos meses y el consumo en torno a los 60 kilos.

 

Seguiría alta la faena de vacas pero no habría liquidación

La faena de hembras en el inicio del año fue del 48% sobre el total. Todo hace presumir que al menos durante el primer semestre del año su participación en la faena seguirá siendo alta. En poco tiempo más, una vez destetado el ternero, arrancan los descartes y los precios en la venta para faena alientan la liberación del campo.

El criador este año podría comenzar a recomponer sus finanzas, pero la falta de créditos como los que hubo hace unos años y que llevaron a la retención (entre otras señales de aliento al sector que ya no están como la quita de retenciones y las expectativas de normalización de la macroeconomía) empujarían a una nueva limpieza de los rodeos de cría.

Recordemos lo que dijo Agroindustria: el stock de vientres se recuperó a los niveles previos a la liquidación y además si el criador repone con su producción lo que va sacando para la faena este año, podríamos tener otra vez una alta faena de vacas sin que por ello haya liquidación. En efecto, en 2018 el promedio de hembras en el total vendido a los frigoríficos sumó 45% sobre un total de 13,5 millones de animales, lo que significa que el volumen de hembras faenadas alcanzó poco más de 6 millones y eso es menos que el stock contabilizado por Senasa a marzo del año pasado. Para que haya liquidación, la faena de hembras debería superar a los nacimientos al menos durante un ciclo ganadero.

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