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El mundo complejo

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El mundo complejo

 

La política nacional debe resumirse a un dato concreto: el gobierno de Mauricio Macri es un enorme fracaso que se inscribe entre los períodos más opacos de la historia argentina. El país de los medios muestra otra cosa, y así será (que nadie se confunda), hasta que las cosas realmente cambien.
Los globos amarillos, los festejos, el baile, la sonrisa actuada, la pose impuesta, la imagen montada; todo eso sintetiza la gestión de un gobierno, que estuvo durante cuatro años, mirando hacia otro lado. Las formas pueden discutirse decenas de veces, pero los hechos son concretos. En lo concreto, lo de Cambiemos ha sido de mediocre para abajo.
La realidad argentina no merece una página en la portada de ninguno de los diez diarios más importantes del mundo. Y no hace falta andar mucho, para ver y sentir el humor de la gente en las calles. Pero hablar de la realidad argentina es algo que se esquiva.
Mientras tanto, puede elegirse un lugar del globo y comprender de inmediato que la interpretación de la política internacional resulta compleja. Al menos para aquellos que puedan rememorar grandes hechos históricos, ocurridos no hace mucho tiempo.
Para que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se disolviese en 1991, “sin un gran baño de sangre”, fue necesario un acuerdo entre las tres “grandes” repúblicas/nuevos estados, emergentes, que llevaban entre sí, el mayor peso económico, cultural y demográfico de aquel conglomerado socialista: Rusia, Bielorrusia y Ucrania.
De hecho, a partir de ese momento Europa vio ascender al puesto uno y dos, entre los países con más grandes ejércitos de su continente, a Rusia y Ucrania. Desde entonces, las relaciones entre Rusia y Ucrania son muy importantes para Europa, y también para el resto del mundo.
En Ucrania, el hasta ahora actor, Volodimir Zelenski; anunció la disolución del Parlamento tras ser investido presidente en busca de una mayoría que le sea favorable, para un mandato cuya prioridad será calmar el conflicto con los separatistas.
“Disuelvo el Parlamento”, lanzó ante los diputados y las delegaciones internacionales reunidas en el Parlamento de Kiev para su investidura, pese a las dudas jurídicas sobre sus potestades en el proceso de convocatoria de elecciones anticipadas.
Antes, Zelenski había fijado su prioridad: “Nuestra primera tarea es conseguir un alto el fuego en Dombás”, refiriéndose a la región oriental controlada por separatistas prorrusos.
En respuesta, el primer ministro ucraniano Volodimir Groisman, en el cargo desde hace tres años, anunció su renuncia, argumentando desacuerdos con el nuevo presidente. “Considero que, por su declaración, asume toda su responsabilidad frente a las amenazas” contra el país, declaró Groisman.
Para los observadores políticos, su decisión, que aún debe ser aprobada por el Parlamento, le permitirá llevar adelante con más libertad su campaña legislativa posicionándose como adversario de Zelenski.
Zelenski ya había interpretado el papel de presidente, pero para hacer reír. En una serie de televisión “Servidor del pueblo”, encarnaba a un profesor de historia elegido inesperadamente jefe de Estado.
Esta vez, un mes después de lograr una aplastante victoria en las urnas sobre su antecesor Petro Poroshenko, Zelenski, de 41 años, se convirtió en el presidente postsoviético más joven de Ucrania.
Su discurso de investidura fue seguido muy de cerca en busca de pistas sobre los planes para su mandato, de los que se supo muy poco en una campaña que capitalizó la desilusión pública con el “establishment” político y en la que prometió “romper el sistema”.
Hace apenas unos meses, la idea de que Zelenski fuera presidente de verdad parecía imposible. Cuando el actor y comediante anunció su candidatura el 31 de diciembre, pocos la tomaron en serio, pero después de una campaña sin precedentes que se llevó a cabo en gran parte en las redes sociales, obtuvo más del 73% de los votos en la segunda vuelta del 21 de abril, derrotando a Poroshenko.
Ucrania es una incógnita. Una complejidad más del mundo.

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La política nacional debe resumirse a un dato concreto: el gobierno de Mauricio Macri es un enorme fracaso que se inscribe entre los períodos más opacos de la historia argentina. El país de los medios muestra otra cosa, y así será (que nadie se confunda), hasta que las cosas realmente cambien.
Los globos amarillos, los festejos, el baile, la sonrisa actuada, la pose impuesta, la imagen montada; todo eso sintetiza la gestión de un gobierno, que estuvo durante cuatro años, mirando hacia otro lado. Las formas pueden discutirse decenas de veces, pero los hechos son concretos. En lo concreto, lo de Cambiemos ha sido de mediocre para abajo.
La realidad argentina no merece una página en la portada de ninguno de los diez diarios más importantes del mundo. Y no hace falta andar mucho, para ver y sentir el humor de la gente en las calles. Pero hablar de la realidad argentina es algo que se esquiva.
Mientras tanto, puede elegirse un lugar del globo y comprender de inmediato que la interpretación de la política internacional resulta compleja. Al menos para aquellos que puedan rememorar grandes hechos históricos, ocurridos no hace mucho tiempo.
Para que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), se disolviese en 1991, “sin un gran baño de sangre”, fue necesario un acuerdo entre las tres “grandes” repúblicas/nuevos estados, emergentes, que llevaban entre sí, el mayor peso económico, cultural y demográfico de aquel conglomerado socialista: Rusia, Bielorrusia y Ucrania.
De hecho, a partir de ese momento Europa vio ascender al puesto uno y dos, entre los países con más grandes ejércitos de su continente, a Rusia y Ucrania. Desde entonces, las relaciones entre Rusia y Ucrania son muy importantes para Europa, y también para el resto del mundo.
En Ucrania, el hasta ahora actor, Volodimir Zelenski; anunció la disolución del Parlamento tras ser investido presidente en busca de una mayoría que le sea favorable, para un mandato cuya prioridad será calmar el conflicto con los separatistas.
“Disuelvo el Parlamento”, lanzó ante los diputados y las delegaciones internacionales reunidas en el Parlamento de Kiev para su investidura, pese a las dudas jurídicas sobre sus potestades en el proceso de convocatoria de elecciones anticipadas.
Antes, Zelenski había fijado su prioridad: “Nuestra primera tarea es conseguir un alto el fuego en Dombás”, refiriéndose a la región oriental controlada por separatistas prorrusos.
En respuesta, el primer ministro ucraniano Volodimir Groisman, en el cargo desde hace tres años, anunció su renuncia, argumentando desacuerdos con el nuevo presidente. “Considero que, por su declaración, asume toda su responsabilidad frente a las amenazas” contra el país, declaró Groisman.
Para los observadores políticos, su decisión, que aún debe ser aprobada por el Parlamento, le permitirá llevar adelante con más libertad su campaña legislativa posicionándose como adversario de Zelenski.
Zelenski ya había interpretado el papel de presidente, pero para hacer reír. En una serie de televisión “Servidor del pueblo”, encarnaba a un profesor de historia elegido inesperadamente jefe de Estado.
Esta vez, un mes después de lograr una aplastante victoria en las urnas sobre su antecesor Petro Poroshenko, Zelenski, de 41 años, se convirtió en el presidente postsoviético más joven de Ucrania.
Su discurso de investidura fue seguido muy de cerca en busca de pistas sobre los planes para su mandato, de los que se supo muy poco en una campaña que capitalizó la desilusión pública con el “establishment” político y en la que prometió “romper el sistema”.
Hace apenas unos meses, la idea de que Zelenski fuera presidente de verdad parecía imposible. Cuando el actor y comediante anunció su candidatura el 31 de diciembre, pocos la tomaron en serio, pero después de una campaña sin precedentes que se llevó a cabo en gran parte en las redes sociales, obtuvo más del 73% de los votos en la segunda vuelta del 21 de abril, derrotando a Poroshenko.
Ucrania es una incógnita. Una complejidad más del mundo.

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