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La persistencia de las crisis

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La persistencia de las crisis

La sublevación en la madrugada del 30 de abril de un grupo de militares venezolanos en apoyo al opositor Juan Guaidó, quien llamó al “cese definitivo de la usurpación”, generó repercusiones alrededor del mundo. Pero sobre todo, volvió a poner en la mesa de discusión, una crisis que persiste, cuyo final se ignora, y que define las últimas décadas de la vida institucional de Venezuela.

Mandatarios de América y Europa, además de líderes de organizaciones internacionales, se manifestaron a favor y en contra de Guaidó, reconocido por más de 50 países como presidente interino de Venezuela, y del gobierno de Nicolás Maduro, que denunció un “intento de golpe de Estado”.

Pero mientras el mundo opina sobre Venezuela, Maduro y Guaidó, el arribo de migrantes y refugiados venezolanos a Colombia “no para” y al menos 327.000 niños que llegaron a Colombia necesitan ayuda humanitaria, advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia Unicef, que lanzó un llamamiento para aumentar la ayuda internacional.

“El ritmo de llegadas sigue creciendo de forma estable, no para. Las necesidades están creciendo a un ritmo exponencial”, dijo Paloma Escudero, directora de Comunicaciones del Fondo de la ONU para la Infancia, que acaba de pasar varios días en la ciudad colombiana de Cúcuta, en la frontera con Venezuela.

Para enfrentar las necesidades de estos niños y de madres embarazadas, así como de la población más vulnerable en Cúcuta, Unicef precisa aumentar su presupuesto de respuesta a la crisis de 5,7 millones de dólares a 29 millones, afirmó Escudero.

La ONU estima que cada día cerca de 5.000 venezolanos abandonan su país. Desde 2015, el éxodo es de casi tres millones. Colombia, que ha recibido a 1,3 millones de migrantes, ha solicitado ayuda internacional ante la incapacidad de atender sola la ola migratoria.

En Cúcuta, donde los recursos ya están desbordados, Unicef ayuda a los migrantes con agua y saneamiento, programas de salud -sobre todo vacunación y apoyo a madres embarazadas y lactantes- y ayuda a las escuelas que han aceptado a casi 10.000 niños venezolanos, 3.000 de los cuales viajan desde su país todos los días.

Madres y niños viajan durante horas para recibir tratamiento médico de manera gratuita. Escudero conoció por ejemplo a una madre de 24 años con epilepsia, embarazada de ocho meses, que llegó a Cúcuta para someterse a exámenes prenatales.

Unicef también asiste a las organizaciones que trabajan con los llamados “caminantes”, “los cientos y cientos de familias venezolanas que emprenden el camino a pie desde la frontera hacia Bogotá o incluso hacia Ecuador”, a quienes se ofrecen kits de higiene, alimentación y protección, dijo Escudero.

“Hace tan solo 10 años eran los colombianos los que emigraban a Venezuela escapando de la violencia armada, y allí los venezolanos los acogieron con los brazos abiertos”, dijo Escudero.

“Ahora es el mundo al revés, son los venezolanos los que emigran a Colombia y son los colombianos los que abren sus casas y colegios y reciben a las familias venezolanas”, agregó, tras contar que en una escuela de Cúcuta de 1.500 alumnos, 600 son venezolanos.

La persistencia de la crisis en la otrora pujante nación bolivariana, es un llamado lacerante a que llegue una solución y que esa solución sea definitiva. Familias enteras fueron destrozadas por la falta de oportunidades y lo perdieron todo. Millones de venezolanos que quedaron sin esperanzas y con los sueños truncados por un futuro mejor. 

Es parte del mismo problema. Es parte del mismo tema sobre el que los líderes del mundo opinan. Es parte de la persistencia de una crisis sin fin.

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La persistencia de las crisis

La sublevación en la madrugada del 30 de abril de un grupo de militares venezolanos en apoyo al opositor Juan Guaidó, quien llamó al “cese definitivo de la usurpación”, generó repercusiones alrededor del mundo. Pero sobre todo, volvió a poner en la mesa de discusión, una crisis que persiste, cuyo final se ignora, y que define las últimas décadas de la vida institucional de Venezuela.

Mandatarios de América y Europa, además de líderes de organizaciones internacionales, se manifestaron a favor y en contra de Guaidó, reconocido por más de 50 países como presidente interino de Venezuela, y del gobierno de Nicolás Maduro, que denunció un “intento de golpe de Estado”.

Pero mientras el mundo opina sobre Venezuela, Maduro y Guaidó, el arribo de migrantes y refugiados venezolanos a Colombia “no para” y al menos 327.000 niños que llegaron a Colombia necesitan ayuda humanitaria, advirtió el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia Unicef, que lanzó un llamamiento para aumentar la ayuda internacional.

“El ritmo de llegadas sigue creciendo de forma estable, no para. Las necesidades están creciendo a un ritmo exponencial”, dijo Paloma Escudero, directora de Comunicaciones del Fondo de la ONU para la Infancia, que acaba de pasar varios días en la ciudad colombiana de Cúcuta, en la frontera con Venezuela.

Para enfrentar las necesidades de estos niños y de madres embarazadas, así como de la población más vulnerable en Cúcuta, Unicef precisa aumentar su presupuesto de respuesta a la crisis de 5,7 millones de dólares a 29 millones, afirmó Escudero.

La ONU estima que cada día cerca de 5.000 venezolanos abandonan su país. Desde 2015, el éxodo es de casi tres millones. Colombia, que ha recibido a 1,3 millones de migrantes, ha solicitado ayuda internacional ante la incapacidad de atender sola la ola migratoria.

En Cúcuta, donde los recursos ya están desbordados, Unicef ayuda a los migrantes con agua y saneamiento, programas de salud -sobre todo vacunación y apoyo a madres embarazadas y lactantes- y ayuda a las escuelas que han aceptado a casi 10.000 niños venezolanos, 3.000 de los cuales viajan desde su país todos los días.

Madres y niños viajan durante horas para recibir tratamiento médico de manera gratuita. Escudero conoció por ejemplo a una madre de 24 años con epilepsia, embarazada de ocho meses, que llegó a Cúcuta para someterse a exámenes prenatales.

Unicef también asiste a las organizaciones que trabajan con los llamados “caminantes”, “los cientos y cientos de familias venezolanas que emprenden el camino a pie desde la frontera hacia Bogotá o incluso hacia Ecuador”, a quienes se ofrecen kits de higiene, alimentación y protección, dijo Escudero.

“Hace tan solo 10 años eran los colombianos los que emigraban a Venezuela escapando de la violencia armada, y allí los venezolanos los acogieron con los brazos abiertos”, dijo Escudero.

“Ahora es el mundo al revés, son los venezolanos los que emigran a Colombia y son los colombianos los que abren sus casas y colegios y reciben a las familias venezolanas”, agregó, tras contar que en una escuela de Cúcuta de 1.500 alumnos, 600 son venezolanos.

La persistencia de la crisis en la otrora pujante nación bolivariana, es un llamado lacerante a que llegue una solución y que esa solución sea definitiva. Familias enteras fueron destrozadas por la falta de oportunidades y lo perdieron todo. Millones de venezolanos que quedaron sin esperanzas y con los sueños truncados por un futuro mejor. 

Es parte del mismo problema. Es parte del mismo tema sobre el que los líderes del mundo opinan. Es parte de la persistencia de una crisis sin fin.

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