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Oportunidades de la migración latinoamericana

Por redacción
| 11 de febrero de 2020

Toda vez que el tema de la migración aparece en el escenario, la visión eurocéntrica “contamina” cualquier apreciación positiva. Desde el poder económico y cultural de Europa, la migración es un problema, no una ventaja. Para los partidos políticos y movimientos conservadores europeos, la migración constituye una oportunidad de expresar discriminación y xenofobia.

 

Esta discriminación también actúa como combustible frente a los miedos de las sociedades. Las sociedades temerosas no permiten cambios, cierran sus puertas y el resultado inmediato es que los migrantes son expuestos al rechazo, al maltrato y a la falta de esperanzas. Pero existen muchos ejemplos capaces de contar una historia diferente.

 

El panorama migratorio en América Latina y el Caribe cambió rápidamente en la última década. Entre 2010 y 2019, el número de inmigrantes en la región aumentó en 66%, mientras que el número de emigrantes aumentó 26%. Unos 42,7 millones de personas viven fuera de sus países de nacimiento. Esto se debe principalmente a la migración venezolana, la cual no va a desaparecer pronto.

 

A fines de 2019, había un estimado de 4,8 millones de migrantes venezolanos, incluyendo refugiados y solicitantes de asilo.

 

Aproximadamente, 85% de los que huyeron de los fallos económicos, sociales, de política y de desarrollo en Venezuela se mudaron a otro país de la región.

 

Colombia, país que comparte más de 2.000 kilómetros de frontera con Venezuela, recibió el número más alto de migrantes de ese país: alrededor de 1,6 millones. Pero Venezuela no es la única razón por la que cambia la migración en América Latina y el Caribe.

 

Como resultado de la pobreza y la violencia, el triángulo norte de América Central se enfrenta a un número creciente de personas en movimiento. Desde 2014, se estima que 265.000 migrantes en tránsito, provenientes de El Salvador, Guatemala y Honduras, llegaron a los Estados Unidos cada año.

 

Un número creciente de ellos son mujeres y niños no acompañados. Según las estimaciones, solo uno de cada cinco tiene éxito. El otro 80% es detenido por las autoridades mexicanas o estadounidenses. Un número creciente de migrantes varados también genera tensiones en las comunidades locales.

 

Los países de tránsito y destino tienden a ver a los migrantes como una carga. Sin embargo, la experiencia internacional muestra que los inmigrantes, incluidos los refugiados, también contribuyen al desarrollo de sus países de acogida. Pero aprovechar el potencial de desarrollo de la migración requiere que las autoridades públicas promuevan la integración socioeconómica y la cohesión social de los migrantes.

 

En un momento en que el potencial impacto adverso de la inmigración es una preocupación para muchos países, debe asegurase que la migración respalde el desarrollo. El gobierno colombiano, con el apoyo del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), diseñó una estrategia de generación de ingresos para los migrantes de Venezuela y las comunidades de acogida.

 

La estrategia fomenta la inversión en programas de capacitación y educación para ayudar a los migrantes a encontrar trabajos adecuados.

 

Las políticas de integración socioeconómica también deben venir con medidas específicas para promover la convivencia cívica.

 

Por un lado, los países de acogida deben proteger los derechos de los migrantes y deben luchar activamente contra todas las formas de discriminación y trabajo forzoso.

 

Varios países han llevado a cabo campañas de sensibilización pública sobre por qué las personas tuvieron que abandonar sus países y cómo contribuyen positivamente a las comunidades de acogida.

 

Por otro lado, para evitar el resentimiento y la xenofobia, las poblaciones nativas necesitan ver los beneficios directos de la inmigración.

 

Esto implica que los programas diseñados para apoyar a los migrantes incluyan a las comunidades de acogida vulnerables y que los programas de inversión contribuyan al desarrollo de servicios públicos e infraestructura para lidiar con el rápido aumento de la población.

 

La migración es un asunto de desarrollo y los países deben invertir en programas de generación de ingresos para permitir a los migrantes, incluidos los refugiados y solicitantes de asilo, integrarse en los mercados laborales de sus países de acogida.

 

La migración está en aumento en la región y, para los países que optan por acoger a los migrantes de manera productiva e inclusiva presenta oportunidades de desarrollo y gobernanza. No es solo la certeza de la solidaridad. Es también la posibilidad de un futuro mejor. 

 

 

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